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Movierecord de Josep Llobell
En toda la abadía resonaban las voces de los monjes. Cantaban algo nuevo que me desconcertó. Nunca antes había oído algo similar. Atravesé los corredores, extrañado, pero determinado a acabar todo el trabajo que tenía por delante cuando me encontré con el abad, que llevaba una sonrisa de oreja a oreja.
—Padre, ¿qué es eso que se oye? —le pregunté.
—Ah, eso, hijo mío. Eso son los designios del Señor —respondió con un tono vigoroso que todo el mundo en la abadía sabía que había perdido años atrás.
—¿Del Señor?
—He tenido un sueño esta noche —dijo muy sonriente. Nunca le había visto tan radiante—. Por favor, acompáñame. Caminemos.
Seguí al abad por las inmediaciones de la iglesia. Las voces iban in crescendo y subía su volumen. Podía distinguirlas. «Movierecord», clamaban.
—Siempre he sido un fiel siervo de Dios y siempre he tomado su palabra como ley. Nunca he cuestionado los evangelios, pero... —el viejo sopesó sus palabras. A pesar de su gesto tosco y orejas llenas de pelo negro, parecía diez años más joven—. Pero el sueño de anoche sin duda ha sido una revelación.
»Soñé con una amplia sala negra, mucho más grande que cualquier otra que puedas imaginar. En aquella sala había cientos de sillones de terciopelo rojo, cómodos y suaves. No se oía nada en la sala. El silencio era sepulcral. Sólo alcanzaba a oír mi propia respiración quejumbrosa. Pero en aquel silencio había algo aún más silencioso, hijo mío. Frente a mi había un pergamino de proporciones gigantescas, liso y perfecto, y en ese momento pensé que aquella sala ideal debía ser obra de dios.
«Mooooovierecord». Las voces eran definidas y limpias y llenaban el aire del invierno en la abadía. Una rápida sucesión de notas pegadizas, y de nuevo comenzaba.
—Entonces —prosiguió el abad—, la sala entera oscureció, como si la vela se hubiera consumido súbitamente. Una oscuridad que nunca había sentido, y entonces, se hizo la luz. Tuve unas visiones terribles, unas visiones proféticas. Había construcciones extrañas y brillantes, y luces que surcaban entre medias. Se transformaron entonces en una larga y extraña cinta, serpenteante y sinuosa, y sobre el pergamino vi escrita la palabra, en fuego azul. «Movierecord». Y las voces clamaban «Movierecord» en una cadencia inimaginable por el hombre, como una danza macabra de la que se puede apartar la mirada.
El abad se detuvo y yo con él. El pobre hombre se había desviado de la palabra de Cristo... ¿o tal vez tuviera razón? Pero el abad, por muy importante y fiel servidor del señor que fuese también era un hombre, y un hombre viejo. La carne es débil. En su expresión podía verse la duda y el temor, pero también la esperanza. Y sus ojos brillaban como los de quien ha estado ciego muchos años y por fin ve.
—Lo vi, hijo mío —dijo, apretándome el brazo—. Vi al verdadero Dios y no es del que las escrituras hablan. Su nombre es Movierecord y su poder, infinito. Él es el alfa y el omega, el principio y el fin.
—Padre, creo que... ¿se encuentra bien? Tal vez...
—¿Bien? ¿Bien? No he estado mejor jamás, más cuerdo, más... vivo —cada vez me agarraba más fuerte. En su mirada había fuego, había demencia, pero verdad—. Movierecord me ha hablado, me ha elegido. Y me ha transmitido su voluntad. Construiremos una enorme sala oscura, como la que Él me enseñó en mi sueño, y en ella colocaremos un pergamino, el más grande que se haya hecho jamás. Y en él nos mostrará el significado de todo. Nos enseñará la verdad, hijo mío.
MOOOOOOOOOOOOOOOOOOOVIERECORD!!!
Cuuuuulo carpet! Entradilla dedicada a todas las chicas que teneis el culo carpet, no es nada malo, nos gusta.
Cabecera Movierecord Años 90 (HQ) (by videoFM5115)
30 años después el compositor de Movierecord canta la sintonía con su público
Hace un mes sacamos del anonimato en CINEMANÍA a un mito de la cultura pop española: nada menos que el compositor de la música de Movierecord, la sintonía que desde hasta 1998 precedió a la película en los cines de toda España. A partir de la publicación de la entrevista con Josep Llobell leímos en un comentario de Menéame que “1.700 personas nos reunimos en un cine de Barcelona y cantamos Movierecord”.
Aquello era demasiado bueno para ser verdad, así que ni cortos ni perezosos le pedimos a los organizadores de Phenomena Experience si podíamos reunir a Josep con su público. “Por supuesto –nos dijo Nacho Cerdá, la mente pensante-. El próximo 2 de junio proyectamos en el Cine Urgell Robocop yCamino al infierno. Tal vez sea una buena ocasión”. Y vaya que si la fue: más de 1.200 personas cantaron a coro la que es, por derecho propio, la melodía más tarareada, reconocible y pegadiza desde que se disolvieron Azul y Negro.
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