En la tarde vi las dos rutinas del Festival de Viña y no pensé que me iba a arruinar el día de esta forma.
A modo general Bombo Fica hizo una burla hacia los inmigrantes y hacia nosotras, las mujeres, una vez más.
Pero quiero detenerme en este extracto, que espero no me bajen. Es el momento que más me dolió de toda esta rutina porque veo en ella la violencia que viví, la que vivimos todas, la que nos duele en el corazón, televisada, normalizada, humorizada. Veo a la gente de la tele reírse y cada carcajada me duele.
Me duele porque hace días me dijeron "El humor es humor", pero el humor refleja una realidad nublada de lágrimas, tapada en moretones, en gritos, garabatos, silencios, retos, mentiras, muchas horas de soledad y miedo. Principalmente miedo.
Esto, amigas, es violencia. Siempre justifiqué los arranques de ira en su personalidad. Me decía a mi misma que ella era así, que le costaba relacionarse con otras personas, que no tenía amigos, que yo era su refugio. Era lo que ella me decía. Justificaba las horas y horas de silencio por errores absurdos, horas que se convertían en días, en su miedo al futuro, su cansancio por tantas horas de trabajar, porque yo también dependía de ella económicamente.
Ya sé que me manipulaba. Sé que todavía podría hacerlo, porque a una le queda una confusión enorme cubierta de amor y odio por esas personas. Es como un monstruo que crece en el corazón y con el que no puedes combatir. Al que ni si quiera puedes enfrentarte. Sabes que vas a perder.
Ahora pienso que yo justificaba sus manipulaciones. Justificaba su violencia psicológica, la permitía, la facilitaba y ella ni si quiera se mordía la lengua para hacerlo.
La preocupación es la peor de las cosas que me hizo sentir, porque fue lo más sentí. Porque fue la forma que encontró de retenerme, de manipularme, de obligarme a estar con ella en un plano que no soy capaz de combatir porque ni si quiera lo veo. Solo me duele.
Él se está mofando de mi y de ese dolor. Se sube al "escenario más importante de Chile" a reírse de las abusadas, acosadas y violentadas. Y algunos se ríen. Y algunos no lo entienden.
Mientras ella me trataba mal yo la cuidaba. Mientras ella me disminuía, yo le lavaba la ropa. Le cocinaba, le hacía cariño, la amaba como enferma. Estaba enferma de amor. De ese amor que encuentran tan normal. Tan normal que un hombre se sube a un escenario y los hace reír porque se ven reflejados en ese amor violento y enfermo.
No está bien. No están bien unas patadas en la cama porque ahí también hay abuso sexual. Y no está bien normalizar las relaciones sexuales obligatorias en el pololeo ni en el matrimonio porque mi cuerpo es mío. Mi cuerpo no se toca si no te doy acceso a él. Pero la violencia llega incluso a esos lugares oscuros. "Ya no te gusto, ya no me amai, por eso no quieres tener sexo conmigo". Pero una está enferma de amor y cede. Cede en la familia, cede en lo personal, cede en la cama. Se violenta por amor. Porque cree que eso es el amor.
Pero el amor no duele, cabras.
No duele ni un poco.