Cuando José Alfredo Jiménez dijo “Nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores” sin duda no solo fueron palabras que quedaron en una estrofa para una buena canción. Han pasado casi dos años desde que conocí a mi ilusionista. Los primeros 3 meses me mantuve presa entre su cursilería de mentiras porque si, porque sabía mentir, y porque yo le quería. Llegó en una de las etapas más duras de mi vida, en mi colapso existencial, y como rayo de luz me sacó de las tinieblas. Me salvó, me acobijó, y besó mis heridas. Yo le quise como ciega, porque jamás pregunté detalles de más acerca de su vida. Me conformaba con que me hiciera reír, con que me amara, con que me hiciera sentir llena de amor. El tema de la desilusión y de cómo lo descubrí está de más. Solo diré que entendí de manera dura que nunca me amó. Nunca fui su primera opción, porque ni siquiera fui opción. No besó mis heridas porque le dolieran, las besó solo para hacerme creer que le dolían. Y no me acobijó para protegerme, me acobijó solo para cogerme. Una vez que obtuvo una y otra vez lo que quiso, y que deje de ser novedad, solo se esfumó. Me abandonó, y me dejó con todos mis sentimientos, con mis falsas ilusiones, con la idea de un “nosotros” destruida. Lo interesante de este post es que “nada me han enseñado los años”. Con el tiempo, fue ardiendo un poco menos. O quizá solo fue cuestión de adaptación. De resignación y conformismo. Creo que nunca nadie aparte de mi padre me había decepcionado y lastimado tanto. Creo que nunca nadie se había burlado tanto de mi, pero sobre todo, creo que YO nunca me había vuelto tan pequeña para forzarme a hacerme a la medida de alguien. Ha pasado el tiempo y sigo cayendo en los mismos errores, y por error claro, me refiero a él. Que pena siento de mi una vez que nos despedimos de beso de mejilla y se aproxima la total indiferencia por días, semanas, o incluso meses. La despedida después de sólo haber compartido lujuria. Tiene sentido, ¿no?. 30 minutos de hormonas, de dopamina y adrenalina, por semanas de depresión.Siempre vuelvo queriendo engañarme con que no hay ningún lazo sentimental. Que ya no estoy enamora (aunque tengo la teoría de que eso es muy probable. De que el sujeto es muy agradable, y de que a pesar de haberme hecho mucho daño hace un año, ahora podríamos ser buenos amigos, o simplemente sólo compartir un ratito la cama. Pero diablos! No me había dado cuenta de lo estupido que suena hasta ahorita que lo estoy plasmando. ¿Es por el recuerdo?. ¿Es por el miedo?. ¿O acaso es la decepción propia y creer que no merezco nada más? Estoy segura que todo es cuestión de amor propio. Y vaya que me hace falta recordar cómo se siente quererse.







