A veces, una sombra se apodera de mi mente y me nubla los pensamientos.
De pronto, una vocecita empieza a susurrarme que no estoy haciendo nada con mi vida. Que no me estoy esforzando lo suficiente, que ni siquiera estoy segura de saber lo que quiero. Pienso en lo que hago, y concluyo “no es suficiente”, “no vale la pena”, “ lo que hago es nada”.
Pienso en mi vida y quienes me rodean, y me siento como una carga.
Pienso en que no aporto nada económico en mi casa. Pienso en todo lo que me como, en todo lo que vale, y que Tito no tendría por qué estarlo pagando.
Pienso en mi novio, y en que estoy lejos de hacer todo lo que él hace. Pienso, en que soy nada a un lado de él, pienso en que él me mira, y ve a alguien que no se esfuerza lo suficiente, a alguien sin futuro. Y entonces, pienso, en que eso lo limita a querer desear formar una vida conmigo.
Y entonces me cuestiono qué sentido tiene vivir….
Pienso en que usualmente en mi día a día soy feliz, pero que aún así, de felicidad no se vive, ni se viste, ni se come.
Y concluyo que ser feliz no es suficiente, que debo hacer algo que genere, y que no estoy haciendo nada para llegar a ello.
Y entonces, de la nada, pienso en cómo dejar de sentirme así, en cómo hacer suficiente, en cómo ser suficiente.
Y entonces, la voz de esa sobra oscura me pregunta: ¿y si nunca lo logras? ¿Y si mejor te mueres para dejar de ser una carga?
Y entonces, mi Dios siempre me salva en ese momento…
Y me hace recordar que solo es un pensamiento intrusivo, que no es la realidad, y que no debo pensar así.










