Yo c'est N&Y-Y, N&Y-Y
seen from Pakistan
seen from China
seen from Panama
seen from India

seen from Malaysia
seen from India

seen from India
seen from United States
seen from Germany

seen from Brazil
seen from United States

seen from Türkiye
seen from India
seen from China
seen from Brazil

seen from Türkiye

seen from United Kingdom
seen from United Kingdom
seen from Bangladesh
seen from United States
Yo c'est N&Y-Y, N&Y-Y
Le Ciel est Couleur Cocktail
https://www.youtube.com/watch?v=B9Z06yas1dg
Solía estar enamorada de mí, recuerdo bien como acostumbraba decirme que quería estar conmigo, o cuidarme cuando yo amaba a otra chica. Era dulce y creo que hasta la fecha ha sido la única persona que se ha quedado a mi lado a pesar de mis problemas. No sé qué se pasa dentro de mí con respecto a ella, a veces solía decir que salía con varias otras chicas para hacerme el interesante y cuando "le contaba" siempre tenía que decirle que la supuesta chica le tenía celos, no sé por qué. Yo tenía la necesidad de estar con alguien, creo que... Simplemente no sabía estar solo. Buscaba chicas en todos lados y todas y cada una de ellas me "decepcionaban" de alguna manera. Creo que solo a Natalia podía contarle mis problemas. Teníamos algo así como una "amistad con derechos", yo la deseaba, realmente la deseaba, pero ella era virgen y jamás se me iba a "entregar" como decía ella, en lo único que pensaba era en su cuerpo, hasta ese día. — No quiero. — Vale, si cambias de opinión, ven y cuéntame, ¿vale? Este era uno de esos días en los que los problemas reinan. Pensé que estaba bien quedarme solo, pero no lo estaba. Así que fui sintiéndome un cobarde que no puede enfrentar sus propios problemas solo. Cuando abrió la puerta la abracé lo más fuerte que pude sin darme cuenta de que la había levantado del suelo, ella me correspondió el abrazo. Y me sentí bien en ese momento. Nos separamos y la puse en el suelo, pasé y ella cerró la puerta. Se sentó en el sofá y me hizo una señal para que me sentara a su lado, pero no quise, entonces me dijo que me echara, apoyé mi cabeza en sus piernas. — Vamos, cuéntame todo. Y así lo hice, mientras ella jugaba con mi cabello, lloré y ella me secó las lágrimas delicadamente. Nunca nadie me había secado las lágrimas. — Todo va a estar bien, Alex. Dijo mientras su mirada seguía fija en la mía. Levante mi cabeza de sus piernas sin quitar mi mirada de la suya y me perdí en sus hermosos ojos, en esos ojos que me miraban a lo lejos cuando estaba distraído, en esos hermosos ojos marrones. Entonces la besé, pero estaba vez fue diferente; no fue un beso apasionado, ni lleno de deseo, fue un beso suave, dulce, de esos que te hacen pensar. Cuando abrí mis ojos, los suyos aún estaban cerrados, los abrió instantes después, y me perdí nuevamente en sus ojos. Es hermosa.
— No me gusta ese chico. — No tiene que gustarte. — Además creo que está enamorado de ti. — ¿De verdad quieres tener esta conversación? — ¿De qué hablas? — De Natalia, papá. — ¿Qué tiene que ver mi mejor amiga en todo esto? — Papá, no inventes. — ¿El qué? Mariana. Ella es como mi hermana. — Dudo que ella se sienta así. Es enserio papá, ¿nunca te diste cuenta de lo increíble que es ella? — ¿Y tú por qué la defiendes tanto? — Porque nunca tuve una madre, y ella es lo más cercano que tengo a una. — ¿Qué? — Adiós papá, dijo para salir, cerrar la puerta y enseguida subir a la moto de ese chico para alejarse a toda velocidad. ¿Cómo había logrado ella poner a mi hija en contra mío? Esto era el colmo. Tenía que hablar con ella y saber que le había dicho a Mariana, yo estaba hecho una furia. — ¿Qué le dijiste a mi hija? — ¿Qué? —Le dijiste que se fuera con ese idiota ¿verdad? — Alex, ¿De qué rayos estás hablando? — De Mariana, se fue con ese idiota porque seguramente le diste uno de esos estúpidos libros de amor que leíste cuando éramos adolescente y ella piensa que él se enamorará de ella y huirán juntos. — Alex, tu sabes que Mariana es lo suficientemente madura para saber que esas cosas no existen. — Me largué con un portazo, y regresé a casa ¿Qué le había metido en la cabeza a mi hija? ¿Y qué le había pasado a la Natalia que yo conocía que creía en el amor verdadero? Entonces Mariana regresó sana y salva. — Amén. — Dije al verla entrar por la puerta. — No creíste que fuera lo suficientemente estúpida como para fugarme con él ¿verdad? —Yo... —Papá... —Es que lo que me dijiste antes... — ¿Sobre ella? — Yo solamente asentí con la cabeza. —Papá, ella te quiere. Y es increíble. Como cuidaba de mí cuando era chica... Y también cuidaba de ti, y a veces aun lo hace, como me ayudó la primera vez que... me vino la regla... mi humor estaba de los mil demonios igual que el dolor y tú no sabías que hacer, como sabe siempre que decir. A veces quisiera ser tan fuerte como ella...— Dijo mi hija fantaseando, y aquella palabra "FUERTE" me hizo pensar en lo que le había dicho antes, ella siempre se aguantaba lo que yo le decía cuando actuaba como un imbécil al no pensar en las consecuencias, y probablemente lo aguantaba de otras personas también porque ser psicóloga no es fácil. Mariana subió a su habitación mientras yo iba a casa de mi mejor amiga a ofrecerle una disculpa. Cuando llegué y toqué, me abrió la empleada. —Oh, hola señor. — ¿Está Nat en casa? — Sí, pero no se siente bien, ha estado encerrada en su habitación desde después del almuerzo. — ¿Puedo pasar? —Claro. — Dijo terminando de abrir la puerta y dejándome pasar para luego cerrarla y regresar a la cocina. En la mesita del Hall había un enorme ramo de rosas. Tomé la tarjeta. "Te quiero — G.L." Aquello me molestó más. Subí y toqué la puerta — Charlotte, ya te dije que no... —Perdóname. — Dije en apenas un susurro, ella abrió la puerta inmediatamente, sus ojos estaban un poco hinchados, seguramente había llorado por mis palabras. —Lo siento.— Dije en un suave susurro acercándome lentamente para abrazarla, entonces ella se lanzó a mis brazos y yo la sujeté fuertemente porque era lo más preciado que tenía después de Mariana, me dio un suave beso en la mejilla y susurró — Siempre. — Dándome a entender que siempre iba a perdonarme. Puede decirse que llegué a tiempo, antes que "G.L." me la quitara, pero no todos tienen esa suerte.
Estábamos en el sexto piso del estacionamiento, romántico lugar ¿He? No realmente, pero no estamos hablando de un romance en sí, somos solamente amigos con derechos. No tan cerca de nosotros, de repente estacionó una moto de manera brusca, la llanta sonó fuerte contra el asfalto, nos sobresaltamos. La moto era negra con roja, la persona que bajó de ella era una chica, llevaba una ropa entera de carreras, beige con roja, se quitó el casco igualmente beige con rojo y negro, su castaño y liso cabello se deslizó suavemente como en un comercial de shampoo antes de mostrar su rostro y se acercó lentamente hacia nosotros. ¿Mariana? Mi ex novia psicópata ¿Qué hacía ella aquí? Y... ¿Desde cuándo sabía conducir motos y tenía una propia? ¿Qué quería? Natalia apretó mi mano fuertemente, tenía miedo, la oculté detrás de mí. — Tranquilo, que no vine a hacerle daño a tu amiguita. — ¿Entonces qué quieres? — Hacerte daño a ti. — Estás loca. Sacó una pistola y me apuntó con ella, cerca de mi estómago. Natalia apretó mi mano con más fuerza, ahora estaba temblando. Mariana reía histéricamente, parecía una loca. Cerré mis ojos sabiendo que no podría evitar esa bala. Natalia soltó mi mano. Oí a Mariana apretar el gatillo de la pistola, pasaron diversos segundos pero el dolor no llegó. No pude evitar sonreír, había fallado, abrí mis ojos y vi la peor imagen posible. Natalia se había puesto delante mío para evitar que me hiciera daño, como era de baja estatura, la bala llegó cerca de su corazón, sus ojos se estaban cerrando y había sangre en el suelo. Mariana tenía la boca abierta y no reaccionaba. — ¡Mira lo que hiciste! — ¡No se suponía que esto pasara! — Gritó y se fue en su moto a toda velocidad. Cobarde. No supe que hacer, tomé su rostro en mis manos. — Háblame. — Alex...— Dijo en apenas un susurro. Lágrimas empezaron a caer por mis mejillas. — ¿Por qué lo hiciste? — No podía permitir que te hiciera daño. — Sus ojos empezaron a cerrarse, no podía seguir gastando las pocas energías que le quedaban, entré en pánico, no sabía qué hacer, llamé a una ambulancia. La subieron a una camilla y luego dentro de la ambulancia. — ¿Familiar? — Preguntó el enfermero. — Novio. — Mentí. — Súbete. — Dijo. Tomé su mano, las lágrimas no paraban de salir mis ojos como una lluvia de pequeñas gotas que me inundaban la vista, me cubrían la cara y se rompían en mi barbilla. En el hospital se la llevaron lejos durante 2 horas, cirugía para retirar la bala, cuando llegó su familia y estuvo bien y despertó, finalmente pude pasar a verla. — Hola. —Hola... — ¿Por qué lo hiciste? — No podía permitir que te hiciera daño, Alex. —A mí no ¿pero a ti sí? — Antes a mí que a ti. — Natalia... —No me perdonaría si algo te hubiera pasado. — Me diste el susto más feo de mi vida. — Lo siento. — ¿Por qué lo hiciste? — Ya te dije, quería protegerte. — Levanté una ceja. — Vale Alex, te quiero, ¿sí? El simple hecho de imaginar que fueras tú el que estaría en esta cama me hace querer llorar. — ¿Por qué? — Porque te amo, y daría mi vida por ti si fuera necesario. Y al oír esas palabras, me di cuenta de que el amor está en las acciones, no en las palabras.
Estábamos en su lugar secreto, el sexto piso. Pero no estábamos besándonos, estábamos sentados en el suelo uno al lado del otro mirando la ciudad esa hermosa noche de julio. Suspiré. — Ya no sé qué hacer. — Ella retiró su cabeza de mi hombro. ¿Qué pasa? — Preguntó preocupada. — Suspiré nuevamente. — Problemas con mis padres. — Dije. Entonces me desahogué con ella y lloré, la abracé y ella secó mis lágrimas con delicadeza, creo que no me había sentido tan bien en mucho tiempo, me había sacado un gran peso de la espalda al desahogarme con ella. — Hace frío ¿No? — Mencionó. Me quité la camisa a cuadros que llevaba por cima de la otra y se la coloque sobre los hombros, por un segundo me olvidé de mis cicatrices, ella sonrió. — Gracias. — Dijo y volvió a apoyar su cabeza en mi hombro y tomo mi brazo, pero sintió una de mis cicatrices, alejé mi brazo de inmediato; me sentí desnudo o descubierto, nunca le había contado a nadie sobre ello, tampoco pretendía hacerlo, no supe que hacer y algunas lágrimas se formaron en mis ojos, ella tomó mi brazo nuevamente mientras yo me preparaba para que las lágrimas bajaran por mis ojos nuevamente y besó todas y cada una de mis cicatrices, como si quisiera borrarme el dolor, después me abrazó fuertemente y la que comenzó a llorar fue ella, tomó mi rostro entre sus manos, secó la única lagrima que bajaba por mi mejilla derecha y luego plantó un beso en esta. — Lo siento. — Susurró. — Está bien. — Contesté, tampoco sabía que más decir. Entonces ella sacó una pequeña caja transparente en forma de pirámide con chocolates de dentro de su bolso y me miró, yo la mire de vuelta; colocó la caja en mi mano. — Para endulzarte la vida. — Dijo y me dio un beso tierno, diferente de todos aquellos besos apasionados que yo le había dado antes y por primera vez en mucho tiempo fui capaz de sentir algo.