(...) Enrojecidos por el sol los párpados, mis pasos eran cada vez más lentos; polvorientas las cejas y la barba; pesadas, las espaldas, y ardiente la nariz.
Nabí | Josep Carner

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(...) Enrojecidos por el sol los párpados, mis pasos eran cada vez más lentos; polvorientas las cejas y la barba; pesadas, las espaldas, y ardiente la nariz.
Nabí | Josep Carner
Todo era en el mundo comienzo y juventud. La mar espejaba para un laúd tan sólo. Un torrente de oro se vertía en la mar. En una cala, junto a un pino, negra garganta me había arrojado a la playa. Olí a sal y a retama. Brillaba al sol un hombre, en la colina, e iba a tumbarse debajo de una higuera.
Nabí | Josep Carner
El mar azul perdía su embeleso; una nube volvióse, dándome la espalda; sentía al aire impacientarse y la mota de polvo, —Ve— me decía. Y en aquel punto fui como picado por escorpión divino
"Nabí", Josep Carner.
En una cala, junto a un pino, negra garganta me había arrojado a la playa. Olí a sal y a retama. Brillaba al sol un hombre, en la colina, e iba a tumbarse debajo de una higuera. De una choza ascendía un hilillo de humo. —Aquí —dije— me quedaría, como la piedra y el árbol. —Pero se oyó la Voz: —Ve a la resplandeciente Nínive, Jonás, parte en seguida; juntos, tu llegarás y Yo hablaré.
Nabí | Josep Carner
(...) Hasta las cosas próximas parecían lejanas, y el tino se perdía con el ardor de la cabeza
Josep Carner
(...) Levanté apenado la cabeza. Unas casas de campo blanqueaban por la otra orilla, en la vuelta del río
“Nabí”, Josep Carner.