Demons in our minds
— Sabes que vamos a entrenar, no a comer, ¿verdad? —protestó.
Llevaba una mochila con cosas que podían servirles, pero lo que más cargaba era comida. Era lo que pasaba por dejar a Sousuke solo en la cocina con permiso para hacer lo que creyera necesario. Ojo, su comida era siempre deliciosa, pero la cantidad estaba hecha a medida de su voraz estómago. Lo que el más alto podía llegar a ingerir en una sola comida podía seguramente alimentar a tres Rin.
No estaba muy seguro de qué esperar de ese día. Solían entrenar de formas muy diversas, cualquier forma que se les fuera ocurriendo para estimular sus poderes. Pero, ¿cómo podrían hacerlo si estos ni siquiera estaban? Una parte de él tenía la esperanza de que después de hacer el subnormal un rato, de pronto regresaran como si nunca se hubieran ido. Que ir con Sousuke marcaría una diferencia respecto a las primeras veces que lo había intentado. De lo contrario, acabarían abrazando árboles y corriendo detrás de un frisbee, respectivamente. Que no era muy distinto a lo que solían, tampoco, pero la gracia era que él pudiera canalizar su energía, y el otro llegar antes de que el juguete cayera al suelo. Solía reírse mucho de él, pero era una alegría cuando mejoraba sus marcas.
Olajá... olajá funcionara.
— ¿Y bien? —encontraron un claro agradable, y detuvo ahí el paso.
Intentó sentir a su alrededor, pero no había nada, y soltó un suspiro. Si lograban algo, no iba a pasar tan rápido, suponía.












