Freud dijo que en todo amor hay un fuerte componente narcisista; que un hombre enamorado de una mujer la hace objeto de su narcisismo, y que en consecuencia se hace maravillosa y deseable porque forma parte de él. Ella puede hacer lo mismo con él, y tenemos así el caso del "gran amor" que con frecuencia es sólo folie à deux —locura de dos— y no amor. Los dos individuos conservan su narcisismo, no tienen interés verdadero y profundo el uno con el otro, siguen siendo susceptibles y desconfiados, y es muy probable que cada uno de ellos sienta la necesidad de una persona nueva que pueda darle una fresca satisfacción narcisista.