By natisympa
"Lo que esconden los ojos"
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By natisympa
"Lo que esconden los ojos"
Hay una melodía.
Ya no escucho más esa melodía que me encogía el corazón y lo sacaba para llevarlo muy alto.
Aquella etapa se cerró, las páginas del libro están selladas; me sigue dando miedo abrirlas.
Hay canciones que me hacen sentir así de nuevo pero si escucho la que me acompañaba antaño no soy capaz de resurgir.
- Bethencourt.
27/04/2023.
Deseo tanto estar contigo; ser tuya.
Bethencourt.
Carta para ti.
¿Cómo estás? Ha pasado mucho tiempo.
Te escribiría directamente y sé que responderías pero las cosas están bien así. Espero que todo te vaya maravillosamente bien. Son muchas las veces en las que te recuerdo, te busco en la única red social que sé que andas y, recuerdo momentos en los que fui feliz contigo.
Sigo creyendo que fue lo correcto dejarte ir de mi vida, la misión entre nosotras había acabado. Solo quería decirte desde este diminuto espacio en internet que te recuerdo y sonrío. Darte de nuevo las gracias por aparecer en mi vida y enseñarme. Algo totalmente estúpido es que recuerdo aquella vez que jugábamos a adivinar el futuro y te dije que al acabar la universidad o en los últimos años conocerías a TU persona; estoy muy feliz de que la hayas encontrado.
Sé que te irá bien, que serás feliz y conseguirás atrapar esos demonios que te atormentaban. Igual que sé que jamás leerás esto porque quedará enterrado por las publicaciones. Aun así, si lo lees, sabrás que es para ti y sonríe tal y como llevo haciéndolo yo al escribirte esta carta.
Somos como una cerilla al lado del fuego.
Bethencourt.
04-06-2021
by natisympa.
T.G, fuiste un suspiro en mi vida, uno de los buenos. Y aunque no te hayas ido, sé que lo acabarás haciendo. Por eso te inmortalizo aquí, porque desde que te conozco me has parecido un hombre maravilloso.
Escribo esto tras llorar más de tres horas seguidas y psicoanalizar; estoy mejor.
Quisiera recordar en un futuro las ganas que tenía de que me respondieras, la ilusión con la que esperaba cada mensaje y los nervios de la primera cita (y las siguientes también)
Tomé 3 o 4 de las pastillas de la ansiedad porque parecía que me iba a dar un infarto. Me temblaban las piernas y me sudaban las manos, casi doy media vuelta pero no te iba a volver a cancelar el plan y menos a última hora.
Vi un coche apartarse de la carretera y eras tú. Me quedé atontada porque no me esperaba lo guapísimo que eras, tenías puesto tu grupo favorito y no sé si era tu voz tranquilizadora o el efecto de las pastillas pero empecé a encontrarme mejor.
Un atardecer precioso en una cafetería preciosa con una merienda riquísima, café y tarta. Y vi cómo me mirabas, cómo nadie lo había hecho nunca. Al salir quisiste cogerme de la mano y aunque la broma no te salió porque a veces soy borde, acabaste cogiéndomela. Recuerdo pensar que no quería que me soltaras a pesar de que no me gusta nada.
Bajamos a la costa a dar un paseo bajo la luna y el sonido de las olas. Noté tus intenciones al besarme y aunque lo evitaba, al final acabé haciéndolo por curiosidad.
Hacía frío así que fuimos a otro sitio. Pusiste tu Spotify en aleatorio y acabamos tumbamos en la parte de atrás del coche a hablar de temas interesantes mientras me acariciabas la pierna y mirábamos las estrellas. Llegué a casa contenta como hacía años que no estaba y confundida.
Hablábamos todos los días hasta que nos viéramos. Me dedicaste una canción improvisada con el bajo. Bailamos mientras se hacía el almuerzo. Hicimos repostería juntos. Te miraba la carita al dormir cuando yo aún estaba despierta.
Teníamos la sonrisa tonta.
Le contaste a gente importante para ti que estábamos juntos. Ibas en serio, querías un todo conmigo, un futuro lejano. Lloré porque no quería hacerte año y al día siguiente lloré porque no quería que me lo hicieran más.
Conocí quién eras con tus amigos, familia, tus compañeras de piso, la gente en general. Como eras de buen humor, borracho, cansado, triste.
Un hombre con unas cualidades físicas y mentales que siempre busqué.
Tu naturalidad, risueño, energía, tu sentido del humor, dulce, protector, pasional, confiable, sincero, la manera en la que te peinabas tu pelo afro, cómo suena tu risa y la cara que pones, los bailecitos en el coche, tus manías...
Cuando me mirabas, sonreías o tocabas, cuando me decías "te me cuidas" o el montón de motes, se notaba un cariño inmenso.
Me enseñaste tu cultura nigeriana, cultura musical, me ayudaste con mi autoestima, me dejaste ser 100% yo, me enseñaste cosas culinarias, me enseñaste cómo me debe tratar una pareja, trataste mi inseguridad contándome de tu vida.
Eres una persona que vale la pena. Aún quiero saber más de ti, no quiero perderte. Has sido lo mejor del 2020.
Y coincido, fue brutal.
30 de noviembre de 2020.
Brillo Mío.
Pasé la noche bajo el manto de estrellas maravillada por su brillo y la paleta de colores.
Había Luna Nueva, de esas noches en las que sientes que falta algo porque la Luna ha dejado de iluminar ese lado de nuestro insignificante planeta.
Se veía la Vía Láctea con todos sus colores, la nebulosa de Orión a lo lejos, y los planetas brillando con tanta intensidad que pareciera que supieran que a la Luna no le tocaba trabajar.
Hacía frío, lo suficiente como para dejarte la nariz como Rudolf y la sonrisa congelada. Pero habíamos llevado nuestro equipo de protección, el termo con café calentito no falla.
El telescopio ya apuntaba hacia la estrella polar, esperando indicaciones para hacer su molesto ruidito. Lo puse en dirección a Orión ya que una noche como esa no se podía desperdiciar.
Él se tumbó sobre una esterilla para aislar el frío. Yo busqué el termo entre los bolsos y le ofrecí tomar un poco mientras me sentaba a su lado.
Le enseñé lo poco que había aprendido ayudándome con el láser, formando figuras incoherentes para quien lo viera a lo lejos. La sonrisa congelada, pero nuestros corazones con más vida que nunca.
La felicidad contínua que creábamos juntos se intensificaba con pequeños momentos.
El telescopio dejó de hacer su molesto ruido, señal de que Orión estaba en el punto de mira. Él fue corriendo para ser el primero en verlo. Su sonrisa se congeló de nuevo y sus ojos brillaban más que nunca.
Llegado mi turno me ocurrió lo mismo como si de acto reflejo se tratase. Era como si al mirar a través del telescopio se pudiera viajar al espacio y volver a pisar tierra firme en segundos.
A esas altas horas de la noche el frío ya se apoderaba de nosotros así que dejamos todo listo para que la cámara hiciera su trabajo mientras tomábamos algo.
Y sobre esa esterilla, bajo el manto de estrellas, a su lado: se me empapó la cara de felicidad. De tal modo que al despertar, seguía teniendo restos de las lágrimas que provocaron esa felicidad en sueños.
by natisympa.
Asfixia.
Dolor tras dolor sin analgésicos, aguantando como un campeón de boxeo, contra la vida. A lo grande, nada de peleas de chiquillos.
Golpe tras golpe, cuerpo, mente y alma, ceden y como el cristal 'crack'. Algo roto no vuelve a su forma original, da igual que lo sientas y lo digas entre lágrimas. Porque el daño ya está hecho.
Días tras día vistiendo de felicidad para que nadie sepa, que nadie se preocupe, que nadie te juzgue. Porque cuando abres la boca, llueve en forma de insultos, rebatiendo y el paraguas se ha oxidado.
Estar acostumbrado no ayuda, recuerda, golpe tras golpe. Que te hayas roto no significa que no puedas seguir rompiéndote, no a menos que seas polvo.
Al final del día ahogo en pensamientos ya no en lágrimas. La ansiedad viene de visita, el corazón quiere salir del pecho pero el cuerpo se resiste; respira hondo.