Entre mi inconsciencia te abrace a mi cuerpo, fuiste navegante de carne y espíritu, naufrague contigo mar adentro y encallamos en los arrecifes del amor; dónde tú y yo fuimos afluentes de un río locamente apasionado. Fue así que nos entregamos a un océano de placer, a un mar de pasión, donde las olas del deseo nos llevaron a un vaivén de amor, ternura y ardiente locura.
Leregi Renga













