«De un esclavo de la naturaleza, mientras se limita a sentir, el hombre se convierte en su legislador tan pronto como piensa. La que antes lo dominaba con su poder está ahora ante su mirada rectora como objeto. Lo que es objeto para el hombre ya no tiene fuerza sobre él, pues para ser objeto tiene que experimentar la suya. En tanto le da forma a la materia, y mientras la da, es invulnerable a sus efectos, pues a un espíritu no puede herirlo nada más que lo que le robe su libertad, y él demuestra la suya dando forma a lo amorfo. Solo donde la masa reina, pesadamente y sin forma, y los turbios contornos vacilan entre límites inciertos tiene cabida el temor; el hombre es superior a todo horror de la naturaleza tan pronto como sabe darle forma y convertirlo en su objeto.»
J. C. F. Schiller: Cartas sobre la educación estética del hombre. Editorial Aguilar, pág. 140. Madrid, 1963.