HAHA, esto lo hice hace como un mes, en medio de mi frustracion xD Pero bueno uvu No se porque lo escribí, solo se me ocurre, habla sobre ambos psicopatas, el que vive en la mente de Crazy!Yuuki (paciente de un manicomio) y el que vive en Professor!Yuuki ( Profesor de Musica y Fisica) Y bueno xD No se eve Originalmente se titula "No creo estar deprimida pero BAM" pero ese no es un buen titulo e.e .v. Se que nadie lee esto -rie- pero naa, que se quede por aca.
Sonríe una vez mas mientras mira su reflejo… No sabe si es otra ilusión pero allí esta. Es un niño… si, definitivamente tendrá alrededor de 6 años menor que el… tiene una apariencia mucho mas aniñada, y su gesto de curiosidad ante su mirada por el reflejo que ve es precioso. Es como ver la misma inocencia que el perdió hacia mucho tiempo retratada en aquel lugar…
Del otro lado del espejo, el chico mira también su reflejo. Esta seguro de que es el, su propio yo. El es un príncipe, su reflejo tal vez lo sea también… Pero ese príncipe es diferente. Ese príncipe tiene una mirada muy triste y no viste solo de blanco como el… Sus ojos tienen menos ojeras, pero definitivamente tienen menos sonrisas. En el se ve un reflejo que hace mucho tiempo no veía… era la decadencia, pero a la vez la esperanza de no tener un traje blanco para siempre… pero ¿Por qué? ¿Por qué le debería el temer a su traje blanco? Era lindo, aunque lo usaran para sujetarlo…
Ambos acercan lentamente su mano al reflejo, temiendo pase algo mas si rompen la prisión del otro. Es extraño. Cuando sus manos se rozan pueden ver que hay algunos centímetros de diferencia, pero esa mano pertenece a la misma persona. Se ven aun a los ojos, quieren saber que oculta uno detrás del otro. ¿Quién es? ¿Su yo de un futuro o pasado? ¿O algo mas?
El mas pequeño suspira y sonríe tímidamente. El mayor al verlo, le corresponde la sonrisa, pero con mas sencillez y calma. La sonrisa contraria era bella para cada uno. El profesor lo planteaba de esta forma… Ese chico que estaba allí, ese que se veía había perdido la razón, debía ser realmente feliz… No tenia de que preocuparse, todos lo cuidaban, y ya no había mas maltratos a su persona. El paciente, a diferencia, admiraba y deseaba el puesto del otro. El no estaba allí encerrado, viendo todo lo que veía cada hora del día… Podía hacer sus propias decisiones sin tener que arrastrar el nombre de “caprichoso” tras de si.
Acercándose un poco mas al espejo, inspeccionaron el rostro de cada uno. Tan diferentes y tan iguales al mismo tiempo. Era extraño… Si eran la misma persona, ¿Por que podrían verse de una manera tan directa? Sin quererlo, sintieron las palmas del otro, la calidez que emanaba cada corporalidad. La del músico era cálida, pues su casa siempre fue pequeña y cercana a la costa. La del niño no era mas que frialdad, por las decadentes condiciones del manicomio.
Se sonríen aun mas al sentirse. Es como si algo les dijera que están allí… que existen y no es otra mentira producto de sus mentes… Pero en el fondo aun desconfían, se parecía mucho a el… Si a el. A “Psycho”. La manga del menor se baja hasta el codo, pues para eso fue diseñada, para siempre mostrar sus brazos. Esta inundada de cicatrices, de rasguños, cortadas, mordidas, sangre seca convertida en una capa que aun detenía a sus venas de desbordarse. La del mayor apenas y lo hace, pues su ropa es apretada para que no se revele… pero se logra apreciar las heridas mas recientes, aun en un rojo vivo, frescas, capaces de romperse en cualquier momento de ser apretadas.
-¿Eres feliz?-preguntaron al mismo tiempo, con una ansiedad desesperante por saber que era del otro… No dijeron ni una palabra después de ello. De nuevo quedaron en un silencio, y una leve mueca pensativa.
Tachimukai Yuuki, profesor con una rara combinación de materias: Música y Física. Comprometido con uno de sus alumnos mas grandes, uno que finalmente había tomado un poco de atención a su persona. Pero perseguido por un padre que se niega a dejarlo en paz. Golpes, gritos, desprecios a su persona y a sus sentimientos, creador de esa costumbre de maltratarse a si mismo.
Tachimukai Yuuki, paciente diagnosticado con Esquizofrenia Catatónica, Esquizofrenia Paranoide y comienzo de Melomanía. Encerrado en un manicomio apenas rescatado de las ruinas, comprometido con un paciente Bipolar, uno que sabe bien que es el mundo real, el mundo que el no puede entender. Perseguido aun por el pasado que lo llevo a terminar así. Un padre que siempre despreciaba su persona y exigía la perfección, sin que hubiera alguien que se preocupara de si.
Y lo mas importante. Los dos. La misma enfermedad que los lleva a cortar sus brazos… La voz… esa voz que vive dentro de sus pensamientos. Siempre les recuerda que son, quienes son y porque. Lo despreciable que es la existencia de cada uno. Dentro de su mente siempre hay gritos que los maltratan, que los sacan del mundo en que todos los demás están. Nadie puede oír a esa voz. Nadie puede ver lo que ellos ven cuando ella los ahorca con sus manos. ¿Por qué? Ellos tenían un amigo, imaginario tal vez, pero un amigo que aun les animaba a alzar el rostro en contra de la presión de su padre. Los llevaba a ser fuertes… pero ahora parecía solo querer hundirlos. Era triste que alguien igual a ti, alguien que dijo ser tu amigo ahora mismo te sonría con maldad, matando tus pocas esperanzas.
-¡Soy muy feliz!- dicen ambos con una gran sonrisa, incluso riendo un poco. Ellos eran felices, tenían que ser felices, no les quedaba otra opción… Al menos, querían mentirse a si mismos. No hay nada mas fácil que mentirse a uno mismo, aunque las palabras quemen tu garganta, ardan tus ojos y quiebren aun mas su agrietado corazón.
-Tcht…- mascullo un adulto. Era muy parecido al profesor, aunque se recargaba a un lado del espejo desde la visión del menor con correas en sus ropas.
-Que estúpido…- mascullo un segundo. Con una apariencia mas juvenil, se recargaba al lado contrario, siendo solo visible para el chico de arropadoras prendas ocultando su cuerpo.
-Solo mira...- le recordó al otro. Su mirada era seria, triste de cierto modo, pero también tenia odio hacia cualquiera que lo retara.
-Todas esas…- le acompleto casi acallando su regaño. Su rostro es infantil, bastante burlón y cruel, con una evidente marca permanente de heridas en sus iris, heridas que representan la existencia de las dos locuras.
Miran con desprecio a los chicos que se sonríen tratando de engañarse entre si… en que su vida es perfecta, en que su vida vale la pena… Pero ellos siguen allí, ellos están allí con esa apariencia oscura y venenosa. Se acercan al oído de cada chico, con malicia… Se miran mientras lo dicen, pero claro, el mensaje no es para ellos… es para ese par de “idiotas”