“Entonces le dije: si no quieres cuidar a tu lechuza, genial, pero no dejes que se muera de hambre, dala en adopción al menos” comentó llevándose otro gran bocado de comida a la boca. Esa era la comida pre-Navidad y era una tradición sagrada para Caleb comer todo lo dulce que encontrara en el comedor. “Y bueno, así fue como conseguí mi segunda lechu-... Espera... ¿Por qué este pudín sabe a vómito?”.







