La paradoja del artista y la piedra
Dos mil quinientos años se han agotado desde que Zenón de Elea negó el movimiento y, en efecto, Aquiles no ha alcanzado a la tortuga todavía. La persistente paradoja del filósofo hace al caso cuando queremos relatar esa especie de carrera que el proyecto The Artist and the Stone impuso entre un artista palestino y un bloque de piedra de más de veinte toneladas: el periplo de ambos objetos se inició en Arroub (Cisjordania) y su meta era Barcelona. Pero mientras la carga de piedra llegó a tiempo para ocupar su espacio en el Nivell Zero de la Fundació Suñol, no sucedió lo mismo con Ibrahim Jawabreh, el artista, que como el propio Aquiles quedó rezagado por causas mayores. La aporía se cumplió, y no por la imposibilidad del movimiento sospechada por Zenón, sino que fueron condicionantes legales los que trabaron la autonomía de Jawabreh. En su comprometida condición de habitante del West Bank, el artista quedó atrapado en una serie geométrica de papeleo y controles varios, que ni el atlético Pelida habría podido sortear.
Veamos los arranques de The Artist and the Stone, un proyecto de largo recorrido que (pendiente del deseo y la libertad de movimientos, así como de la circulación de bienes y personas) se ha pormenorizado en múltiples y excelentes piezas, donde política y poética, así como tierra y territorio, se turnan y confunden.
Hacia 2012, Matteo Guidi y Giuliana Racco decidieron emprender una colaboración artística en los territorios palestinos. Para el trabajo de campo optaron por una exploración, a pie, que siguiera el rastro de un antiguo acueducto romano que canalizaba las aguas de un estanque, en Hebrón, hasta conducirlas a la ciudad de Jerusalén (cabe suponer una obra controvertida, de los tiempos de Herodes, con sus correspondientes expropiaciones, absorción de recursos por parte de la urbe, destrucción de cañadas y pasos tradicionales, etc.). A su modo, la investigación de estas ruinas intermitentes y la orografía circundante dibujó un mapa donde se superponía la vivencia humana al caudal histórico y político: las piedras abandonadas, que indicaban la existencia de una monumental obra pública, también referían órdenes coloniales previos, en una área que en la actualidad sabemos muy disputada (y no solo por los intereses enfrentados de sus habitantes, también por las estrategias geopolíticas —igualmente interesadas— de distintos poderes extranjeros). La caminata de Guidi y Racco se dilató un par de días. Curiosamente, les permitió dar con una cantera activa, crucial en la economía del lugar: una gigantesca excavación (casi un cráter) donde las intimidades geológicas eran aireadas. Ni Guidi ni Racco, ante la panorámica de aquellos trabajos perforadores, pudo evitar pensar que estaba accediendo, privilegiadamente, a los registros que los siglos han ido estratificando a la vez que los ocultaban.
Fue también durante esta toma de contacto con el paisaje y su vida local, que Guidi y Racco trabaron amistad con el performer Ibrahim Jawabreh, que no tardó en expresar el deseo de abandonar el país: desplazarse a Europa para proseguir su actividad artística allí y asumir nuevas perspectivas de futuro.
Ambas situaciones (la voluntad de emigrar de un ser humano y la capacidad móvil de un monolito, en principio, muy poco manejable) convergen para poner en marcha The Artist & The Stone, y revelar así las categorías administrativas que afectan a unas (personas) y otras (piedras), por lo menos en la virtual zona de contacto (el espacio de negociaciones políticas y mercantiles) entre la Unión Europea y Oriente Próximo.
Un video, cuya proyección ocupa el ancho de la pared principal de la sala de exposiciones, sigue de cerca el trajín del enorme bloque de piedra, desde el yacimiento cisjordano hasta la aduana portuaria barcelonesa; de paso, se intercalan imágenes de la vida en los campos de refugiad·s y notas paisajísticas que, por color, insisten en la visión de este armatoste de piedra como una extracción de aquella realidad física, un recorte de Palestina que ha podido ser transportado hasta Barcelona. De Jawabreh, al contrario, solo contamos con una referencia en una pequeña pantalla arrinconada en la sala: una grabación en la que el artista va y viene, se acerca y aleja de la cámara, en un sinfín que no parece conducir a ninguna parte y que, a su manera, anticipa el bucle legal en el que, a principios de 2016, aun se encuentra.
El proyecto acarrea una constelación de piezas más o menos tangenciales: [i] correspondencia entre Guidi y Racco (donde las tarjetas de memoria enviadas a Barcelona, han sido astutamente ocultadas mediante cinta adhesiva y papel de aluminio), [ii] un mapa para situar el antiguo acueducto romano, [iii] otro mapa con la actual carretera 443 que durante años ha sido vetada a l·s palestin·s y ha supuesto el cuarteo de los territorios ocupados, [iv] los permisos solicitados por la Union of Stone and Marble Workers al gerente del Directorate of Hebron Chamber of Commerce, a fin de eludir la ley de exportación que impide el comercio de bloques de piedra en bruto (la respuesta de la dirección autoriza dicho trámite, alegando «propósitos artísticos»), [iv] dibujos de constelaciones, luego de que una revelación etimológica («deseo» proviene del latín «de siderium») acabe por desentrañar una antigua configuración estelar en la que Hércules se muestra como un lanzador de piedras, [v] fotografías en las que el lanzamiento de piedras como pasatiempo podría recordarnos la intifada, [vi] documentación del uso de piedras a modo de dados (no me queda claro si se trata un juego de azar o algún tipo de técnica adivinatoria; quizás ambas cosas).
Hay piezas accesorias, pues, pero el centro de gravedad lo ocupan los bloques de piedra: su volumen y su carga simbólica son bien presentes desde el principio (hay que esquivar un muro de bloques para acceder a la sala y, luego, dos bloques más se nos ofrecen como asiento, macizo, para disfrutar las proyecciones), lo que contrasta con la ausencia y pequeñez de Jawabreh de quien sabemos de oídas, hemos leído sobre él en la hoja de sala, pero nos falta... Así que es de suponer que The Artist and the Stone siga abierto, a la espera de los futuros movimientos de Jawabreh a quien, por lo demás, la tortuga ya ha derrotado.













