Dijo, que era lindo, que soy muy bueno, pero que deberíamos encontrar a alguien que nos haga feliz.
Yo hace unas cuantas noches perdí mi encanto, lo dejé en otra campera que no volví a encontrar. Hace unas semanas que sí puedo dormir de noche, y levantarme a la mañana. Como todos. Perdí mil cuentos entre sueños, perdí muchos sueños mientras leo, cuentos.
Me fui sin pedir perdón por tantos dolores de cabeza en noches de vino y arroz, en mi cuarto a oscuras con tu foto perdida en algún mueble viejo, ¿cómo saberlo? si lleva en el mismo lugar, en la misma posición y con todo en su interior intacto desde que te fuiste, vos; si corriste por el pasillo que une el baño y la sala, y no pude alcanzarte, si corrí las cortinas para verte y no estabas ahí. Me perdí.
Y desde ese momento puedo dormir, me levanto a la mañana y soy un hombre normal, tranquilo, inteligente y perdidamente perturbado por tu recuerdo, es verdad que duermo pero es mentira que sueño. Es mentira que puedo tener noches alegres, y amaneceres furtivos si en realidad, me pierdo en un whisky para conciliar el sueño y en la cama paso horas buscando una pose, que haga que se vaya tu rostro de mi mente y cuando duermo yo no sueño.
Perdí el asombro en otro pantalón y lo lavé, se rompió el asombro y la delicadeza en el centrifugado. A tantos nos pasó lo mismo, perdidos y perdiendo las ganas de soñar, las cosas que sabemos que no van a pasar, si soñar es tener ideas fantásticas yo no quiero.
Ella quería encontrar a su amor y yo convencerla de que eso no existe, que el amor no existe, es solo un nombre, es solo una maquina que nos convence de que eso que sentimos está bien, para después olvidar. Solo eso digo, hasta el amor se olvida con el paso del tiempo.
Quería encontrar a alguien que la hiciera feliz, yo convencerla de que era yo. Quería huir y yo perderme.