Lo de ayer fue heroico. Se logró dar vuelta un resultado que al principio se veía como imposible. Incluso a lo largo del día se vio como un imposible el evitar que salga la baja. A lo largo de la tarde se fueron largando proyecciones a boca de urna que daban ganador al Sí con un 52% de votos. Llegué al lugar donde está la Comisión No a la Baja (era la primera vez que iba) cerca de las 19:30, con cara de tristeza y abrumado por las noticias que se fueron dando.
A las 20:15, minutos antes de que finalizara la veda, ya era noticia: La Comisión Para vivir en paz festejaba la victoria de la reforma, todo Twitter se llenó de porcentajes favorables al Sí.
Pero de repente, hubo un silencio en la calle. Bottinelli estaba al aire y cuando todos nos preparábamos para escuchar lo que se nos dijo toda la tarde que iba a pasar, dijo otra cosa. Los uruguayos que votaron al sí fueron el 48%. No llegaban. Ese silencio en la calle duró un segundo, fue como que todos los que estábamos presentes nos detuvimos a procesar lo que acabábamos de escuchar. Entonces, el silencio se convirtió en gritos, y después en abrazos. Las caras de desazón se transformaron en sonrisas y los llantos de angustia se convirtieron en lágrimas de felicidad.
Ayer no se decidió que está todo bien. Los uruguayos no se subieron al carro de la "sensación térmica". Ayer no se dijo que somos un país seguro. Todo lo contrario: Ayer se pidió seguridad, pero seguridad en serio, no simplismos.
Ninguno de los que nos negamos a poner la papeleta del Sí consideramos que todo está bien. Ni los que integran la comisión No a la Baja, ni los que apoyamos desde fuera de la militancia, ni los frenteamplistas que decidieron no poner la papeleta, ni los Blancos No a la Baja, ni los Batllistas Por No a La Baja, ni el Partido Independiente, ni Unidad Popular, ni el PERI, ni el PT, ni los sindicatos, ni monseñor Daniel Sturla, ni el "Maestro" Tabárez, ni la gran mayoría de los jueces de menores, ni las organizaciones sociales.
Un millón de personas pusieron la papeleta porque quieren más seguridad y más de un millón no lo hicimos porque queremos seguridad real. Queremos un sistema que mejore los procesos de rehabilitación de los menores, que discuta lo que está pasando en las cárceles de mayores, que implante políticas sociales para que el delincuente no reincida, que PREVENGA DE FORMA REAL la delincuencia, no que esté ausente todos esos años en los que se forma el delincuente y que solo actúe a la hora de castigar. Queremos un sistema que realmente ayude a las VÍCTIMAS del crimen, y que trabaje en pos de la rehabilitación del VICTIMARIO. No sirve de nada meter preso por 10 años a un delincuente si al salir vuelve a delinquir de forma más brutal. Todo eso se debe solucionar.
Definitivamente, los que le dijimos NO A LA BAJA no tenemos ninguna intención de "salvar chorros", queremos seguridad para un país entero.