Dones de Selene
Quizás la luna, en su vigilia plateada, derramó luz sobre esta madrugada profunda
y abrió en mí un cauce de poesías antiguas.
Al despertar, mis lágrimas cayeron sobre la tierra perfumada de jazmín,
y en ese gesto la noche respondió con destellos:
las luciérnagas danzaban alrededor de la luna, como pequeñas sacerdotisas del aire.
Comprendí entonces el llamado.
Acepté en silencio los dones que Selene había tejido para mí
en aquel diciembre insomne,
donde toda inspiración se condensa como un hechizo que regresa a su origen.

















