Cada jugador es un mundo de posibilidades, por ello, encasillar a cada volante defensivo bajo la denominación de ser un "5" limita el análisis y el entendimiento de esas variables que ofrece cada futbolista. No es lo mismo pensar el equipo a partir de Tomás Rincón que hacerlo con Edgar Jiménez en la misma posición. Esas diferencias -sólo a partir de nombres propios podremos encontrarlas- son las que hacen la propuesta, no al revés.
Expuesto lo anterior, se hace imperativo entender que no hay táctica ni estrategia que supere en importancia las cualidades de sus intérpretes y el convencimiento grupal que el entrenador, principal valedor de la idea de juego, debe lograr.
Dominar la posesión de la pelota; jugar con extremos que desborden y centren; hacerse fuerte a partir de los interiores; darle peso a la subida de los laterales y todas las variantes que usted se imagine sólo serán válidas a partir del reconocimiento que haga el DT de las características de los jugadores.
El debate de moda -jugar con un 9 o con falso 9- tiene sus raíces a partir de los nombres propios (jugadores encargados de hacerlo válido) y del entendimiento que sus compañeros tengan de ese sistema. Debatir estrategias sin incorporar el concepto de equipo tiene la misma validez que señalar a la táctica como responsable de una derrota: ninguna.
El juego es de los jugadores, no de los números, y menos aún, de la fotografía que muestra el parado inicial en el campo.