Nací en 1977. Mi infancia no contó con los avanzados medios que dominan nuestra existencia actual. En esa etapa la curiosidad era alimentada por aquello que se enseñaba en la escuela, por los hermanos mayores de los amigos y las cosas que se debatían en la escuela. Por ello, el rock’n’roll se convirtió en una vía hacia otros hechos que no eran comunes en los ámbitos naturales de un chico de aquella época.
La primera mención al conflicto nicaragüense la encontré en el disco “Sandinista” de The Clash. El nombre sonaba extraño, pero con preguntar un poco se podía conocer qué era el sandinismo, quienes eran sus oponentes, cuáles eran sus objetivos y sis acciones. Éramos libres de posicionarnos en el bando con el que nos sintiésemos identificados. Lo discutíamos porque éramos niños y porque la maldita cultura de cancelación no existía.
Viví lo mismo con el conflicto norirlandés, mejor conocido como “The Troubles”.
U2 hizo muy sencillo comprender que había algo muy fuerte detrás de su tema “Sunday Bloody Sunday”. La canción invitaba a escudriñar un poco y descubrir una realidad lejana al día a día con el que me enfrentaba. ¿Qué carajo podía aprender sobre Unionistas y Republicanos a esa etapa escolar? No obstante, una canción despertó mi curiosidad.
Puedo decir lo mismo sobre los Sex Pistols y su “God Save the Queen” y otras bandas, pero sería redundar en ejemplos y alejarme de aquello que motivó estas letras: la música que me cautiva y cautivaba no se conformaba con la creación de melodías sino que alimentaba la cultura rock, algo mucho más amplio que el género musical.
Estoy en una etapa en mi vida en la que, como dice el Indio Solari, no me siento capaz de juzgar manifestaciones populares que conmueven a gran cantidad de personas. Sin embargo, reconozco que cuando las escucho e identifico la ausencia de algo más que la promoción de lo efímero, me alejo de ellas. Aún más, lamento profundamente que estas juventudes no cuenten con la abundancia cultural en las melodías y letras que llenan sus días.
Hoy abundan los rockeros de redes sociales y escasean los representantes de la cultura rock. Porque la cultura rock siempre fue necesaria para inspirarse, educarse y promover los valores de igualdad, tolerancia y respeto que hoy, aunque nos quieran hacer lo contrario, son manipulados por los más rancios colectivos. En la cultura rock no existía el lavado cerebral, como tampoco la veneración a la estupidez que estos rockeros de redes sociales promueven.
Sin embargo, lo que más diferenciaba a la cultura rock de nuestra actualidad social era que podías formar parte de un colectivo sin comprometer tu individualidad.
Es falso que todo tiempo anterior siempre fue mejor que el actual. Eso es nostalgia y negación del progreso. Lo que es indiscutible es que la sociedad actual camina como rebaño por vías autoritarias e intolerantes, por lo que hoy, más que nunca, se necesitan respuestas amparadas en el rock. No en las melodías sino en la cultura…