Amo la Navidad
Navidad es ese momento en el año que siempre espero y al mismo tiempo odio.
Año tras año llega diciembre y pienso “qué bonita es, al fin llegó”, con un sentimiento en mi corazón de “este año será diferente”, pero nunca es así.
Me gustaría iniciar este blog con algo distinto, que no fuera la Navidad, que a pocos días no me hubiera resignado a otro mal año, pero no es así.
Como siempre veo las cosas de los demás: sus casas, sus familias, y yo, como siempre, rodeada de gente pero en soledad en mi alma.
No siempre fue así, hace 7 años falleció mi abuelo, quien era el eje central de la familia. A partir de su fallecimiento, la familia se dividió, nunca más volvimos a su casa a celebrar las fiestas. A pesar de que mi abuela aún vive, ella nunca tuvo las ganas de evitar la fragmentación de la familia. Solo le bastó ver a sus hijos pelear por ver quien tenía la razón y poco le importó poner orden entre ellos. Antes de que mi abuelo se fuera, todos sabíamos donde íbamos a pasar las fiestas, era seguro el lugar y lo que íbamos a hacer, qué era lo que iba a pasar y hasta lo que íbamos a comer.
Este año, como desde hace 7, vuelvo a estar en incertidumbre, casi un año sin ver a mis padres y sé que este año no podré ir a su casa.
Afortunadamente siguen vivos, pero yo cada vez más me alejo del núcleo familiar, me casé y ahora debo estar donde mi esposo esté, y no es que sea malo, me apoya y me escucha, pero también dependo de sus tiempos en el trabajo y en esta ocasión no nos será posible movernos.
Volviendo a la Navidad, veo familias reunidas, papá, mamá, e hijos, todos se reúnen para convivir y celebrar. Yo tengo años de arrimada en familias que no son mías, si acaso pasé 2 navidades con mi familia en estos últimos años, han sido muchos.
Año tras año espero que esto cambie, que aunque sea este año sea distinto, pero conforme van pasando los días, en mi corazón sé que no será así, y me vuelvo cada vez más irritable y chillona y frágil (y por ende insoportable) conforme pasan los días y nos acercamos al 24, y cuando me doy cuenta de que lastimo a los demás, me aíslo más y más, para evitar que mis arrebatos causen algún daño a quienes no tienen la culpa.
Obviamente mientras más me aislo y me lo guardo, más me lastima, pero pues ya solita me lo he de tragar, al cabo es mi propia creación.











