Tú, en brazos de otro. (Carta de adiós I)
No sé cómo explicarte qué siento. Esta historia se repite a lo largo de mi luto, de mis dolores matutinos y a la madrugada. Cuando te extraño en el silencio de todas las cosas, cuando te necesito al verme roto en la imagen del espejo.
Te imagino, a veces, con la mirada que se enamoró de mí pero viendo a otra persona. Te imagino con las caricias que me regalabas ahora, en brazos de otro. Sé que es cierto, sé que intentas alejarnos. Romper el hilo rojo del destino y tener razones suficientes para seguir adelante. Fingir valentía, cuando en realidad es de cobardes dejar que un amor se pudra.
El tiempo es rutina y la rutina es un suicidio cotidiano. Me flagelo sin querer cuando te recuerdo y veo tu imagen en todos esos lugares donde íbamos tomados de la mano o corriendo, riendo de la vida. ¿Quién lo diría? No resta más que las terceras personas, el orgullo por delante. Luchamos por la causa incorrecta, pero no depende de mí.
Te fuiste, me fui después. Volteé a ver si me veías, no lo hiciste. Yo sólo soy un mendigo del amor, del sexo que sacia el olvido. De las mujeres que van y vienen en formas distintas, en cuerpos que se asemejan al tuyo, en almas distintas. Pero, ¿qué hago? Si tú ya no eres ni tú misma y yo soy el más yo de todos los tiempos.
Tú en brazos de otro, cantando y queriendo querer. Prendes fuego poco a poco a los recuerdos que sobraban, a las cartas que te dejé por si un día se terminaba... Y se terminó.
Ahora sólo somos sombras y arena, que nos lleve el tiempo. Que te lleve él...















