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Por si alguien quiere escucharme.

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Por si alguien quiere escucharme.
5 personas entran al restaurante, con mala intención sacan armas y empiezan a gritar. Algo me invade y hago caso omiso de la advertencia de mi padre de dejar todo lo material.
Me lío a golpes y gano. Mato al primero.
Saco un cuchillo con la empuñadura de metal y cubre nudillos. Se la clavo a uno en el costado, a otro en la espalda. A una en la garganta. Mato a tiros al último y salgo del restaurante.
Hay más, parecen uniformados para pasar desapercibidos. Tomo mi puñal y lo atravieso lentamente al primero.
En vez de darme su arma, me da su celular. Corro al restaurante. No hay nada , sólo la frívola mirada de todos. Con desprecio me corren, viene la policía.
Veo a la chica degollada correr. La persigo. La tiro mientras el metrobus avanza. Sus piernas crujen al unísono de la sangre que derrama. Todos me ven. Por alguna razón me tiran de asesino y no de justiciero, nadie me cree. No tengo tu número ni puedo verte, me convertí en un famoso prófugo. Me desprecian mis amigos, no tengo casa. Ni perro, ni dinero. Vivo robando comida y motocicletas para poder ir más rápido a cualquiera que sea el destino que busque. Llego a una galería de arte, todo Mugroso y con hambre. Alguien me reconoce. Parece que han pasado un par de años, y ella ignora lo que hice o es simplemente despistada. Me invita a pasar.
Conozco al dueño de la galería, le atrae mi elocuencia y me invita a su casa. No acepto.
Me voy en una motocicleta que robé a un niño, tenía pegada una vieja foto de sus abuelos. La moto es vieja, azul, pequeña.
Llego a mi cuarto lúgubre y me han descubierto. Tengo a los policías afuera y rompo un cristal, íncito a los niños que jugaban fuera a distraerlos mientras corro, corro fuerte y descalzo.
La voz que alguna vez me llamó Viore, o que me diría que soy el dueño del universo, me dice que con cada paso que corra me aventará perros cada vez más grandes y agresivos.
Son 9.
Corro mientras me persiguen.
Veo al dueño de galeria a punto de abrir una botella dorada. Me saluda.
Me pide que cuente mi secreto. Asesinar a alguien, no.
Le pido que tome de su vino y me de un trago. Así no tendría valor su testimonio si llegara a acusarme, así diría que está ebrio.
Por alguna razón le cuento todo. Me sonríe y dice que deje de correr. Los perros paran.
Camino hacia tu casa y te veo a lo lejos, llegando en un auto con otra persona. Conozco al chico. Lo sé.
Tienes tu maleta que llevaste a Acapulco algún día, me ves y tratas de distinguirme a lo lejos. No me parezco a mi. Sé que me veo mal.
Corro hacia ti para poder explicarte lo que pasó el día en que decidí escapar. Pero tú y tu novio se meten a tu casa. Es una linda casa, te ha ido bien. Forzo la puerta y con la mirada basta para que tu amanerado novio deje de intentar defenderte.
Te explico todo, mientras siento un disparo en mi hombro. Fue tu novio.
Huye, me deja ahí explicándote todo mientras lloras. Me dices que ojalá te hubiera buscado antes, te digo que tenía que correr, me gustaba correr, pero simplemente ahora ya me había cansado de sentir los perros perseguirme.
Me escondes. Parece que vives sólo con tu mamá y una mucama.
Me cortas el cabello y llevas comida al baño que está en tu cuarto.
Me cuentas que tu novio no es tu novio, sólo es apariencia. Que siempre me quisiste a mi, pero tenías un odio desde que me perdi.
Pasan días, tal vez semanas.
Me veo diferente. Me conseguiste ropa, zapatos, estoy listo.
Tu mamá me ve y habla a la policía.
Salgo, te doy un beso y empieza a tornarse todo blanco. Estoy listo para enfrentarme a mi mismo. Aclarar que todo fue por cuidarlos a todos, que huí solo porque me dio miedo.
Y todo lo escribí en un pequeño libro, desde la cárcel, mientras espero a salir.
No supe más de ti.
No supe más de mi familia.
Ningún amigo as asomó aquí.
Pero al menos los perros dejaron de perseguirme.
Al menos esa voz ya se calló
Historias de lo cotidiano
Decadencia, paroxismo, humanidad. Son palabras que Alexbauer nos grita en la cara con trazos violentos que rompen la resaca de la rutina. Una hecatombe de simbología contemporánea, gestos que hierven, expresiones que escupen. Usted, espectador, mire. Mire bien y deje su celular. La vida es lo que pasa afuera. Alex Bauer invita a romper su burbuja de conformidad mediocre. Ria, grite, explote. El trabajo gráfico del presente nos da la oportunidad, un pretexto para dejar de ser inmundos. Expone no sólo los tiempos canallas del mundo, sino el canalla en sí. Con alegorías propias del autor, traduce la agonía y el llanto de lo que todos saben pero no dicen.
Historias de lo cotidiano exime de presunción y, tajante, acusa los horrores sociales del hombre y el alcance del mismo.
Disfrute. O no.
¿Has estado tan enamorado que quieres llorar?
Es como si te prepararas para el final, porque todo acaba ¿no?
Salen y se seducen, se besan, se miman y es una aventura. Pero quieres verle un día más.
Y se vuelve vicio, no rutina. Disfrutas cada momento y un día cualquiera sabes que pasó.
Estás enamorado de su vida y como la vive, de quien eres con esa persona y sin ella.
Y lloras. Lloras una noche después de un día maravilloso. Parece un sueño. No quieres despertar. Pero estás tan acostumbrado a que te hagan mierda que sabes que uno de estos días puede pasar.
Y no amas, te cuidas.
Estás atento, alerta, miedoso. Sigues llorando.
Sólo quieres un abrazo.
¿Has estado tan enamorado que piensas que no mereces ser tan feliz?
Perdón.
El dolor causado y los laureles marchitados, perdón por las lágrimas que escudan la bajeza del mundo. Perdona las piernas cortadas y mi hígado destrozado, los besos canallas y los corazones rotos. Pido perdón por dejarme ser. Pido perdón por elegir la triste vida y entregarme a los pecados. Perdón por el mal cuerpo que dejo y las pinturas incompletas, por esos chistes innecesarios sobre mi muerte. Perdón madre y padre, ustedes lo hicieron bien. Fui yo quien quiso hacer las cosas mal.
Nací roto y jamás pude armarme. Las personas como yo estamos condenadas al éxito pero también a la muerte en vida, somos un accidente de tránsito y la gente nos mira morbosa.
Tienen derecho. Pueden leernos, llorar un rato y postearlo en sus redes, para después levantarse y seguir. Vayan, platiquen, les daré un tema de conversación un día y al siguiente habrán de olvidarlo. Romantizan el suicidio y lo es. La cercanía con la muerte me ha enseñado la tibieza del final, pero también el día a día de desangrarse mientras fingimos sonrisa.
Caminas, saludas, gritas, ríes, cantas. Un trago, dos, tres, nueve. Embriagaos.
Llegas a casa a sentirte miserable y culpas a todo y todos, menos a ti mismo. ¿Será el suicidio el indicio de la consciencia?
La muerte es un milagro.
Perdón por ello, por la tierra que gasto y los gusanos que comerán carroña. Perdona las flores que morirán en mi tumba y los rezos que no pido. Perdón por el drama y la carta. Perdón hermanos, debí ser mejor persona, guia, ejemplo.
Amor de mi vida, morí demasiado pronto. No habrá luna de miel, te dejé sola en este mundo infértil lleno de racimos de odio y rutina.
Perdón amigos, si los hay.
Perdón por las caricias ausentes, mi risa perdida, la esperanza marchita.
Perdón por abandonarme, pero nunca dejé de sentirme solo.
Mamá, papá. Nos encontraremos mientras me recuerden.
Los quiere, quien no dejará de pedir perdón.
Hasta el final, V.
Cabello de oro
Cabello de oro, azul.
Carne, leche, ojos que brillan.
Somos uno solo en la infinidad de luces,
en el taciturno movimiento de la ciudad.
Cabellos de oro, querida.
Serpientes, manos que toman mi caricia,
ojos que hablan, besos que se rompen.
Rompen el cielo donde bebemos,
vino dulce a tu boca, higo quizá.
Virgen haber, muslos contra los míos,
dichoso el piano que se quiebra en ti.
Dichosa la copa que embulles,
el aroma que te persigue,
la sonrisa que me robo. Es mía.
Cabellos de oro, mis manos te persiguen.
Buscan, caminan, se pierden.
Cabellos de sol, luna en tus ojos.
Tierna, sabes que me tienes.
Prefieres guardar el gorrión, suave.
Darle de comer, soplar tibio en su pico,
seguro se encuentra en tu tez durazno.
Voz tenue, sonrisa como espuma de mar,
gemidos en cuarto cálido, hombros desnudos.
El crepúsculo viene a fraguarse, cabellos de oro.
Busca refugio, jade. Queso fresco,silueta.
Eres niña, somos niños. Brindamos.
Bailamos y seguimos la fiesta. Todo gira.
Cabellos de oro, en tu espalda desnuda,
en el beso ausente que reclama.
En tu mano apretando la mía.
Cabellos miel, ámbar, licor que brilla.
Azul, el cielo escribe tu nombre.
No empalidece, gira.
Giramos, en la inmensidad de sábanas,
mi cabellos de oro, te quiero cantar.
Te quiero ahora, cerca.
Quiero reír y llorar o lo que me plazca,
quiero que ries y llores o lo que te plazca.
Pintura, teatro, poesía.
Vestido negro que presenta tu carita.
Cartas al aire, besos amargos.
Etílicos, insensatos, borrosos, hirviendo.
Cabellos de oro, me voy.
Me pierdo, nos borramos. La vida es rara.
Milenka, próxima etérea, pintura nacida.
La vida espera.
Adiós, adiós, adiós.
Pensamientos
Pude quedarme pegado en tus labios, ojos luna. ¿Quién diría que ahora tu velas por mis lagrimas? Y en tu misericordia guardo mi paz. Dime quién carajo cree en mí y que mi amor estará a salvo de toda la mierda que rompe esta rutina.
Pude quedarme en tus brazos y llorar, llorar en serio. Contarte de Mónica y de cómo robó el amor tan puro que alguna vez tuve contigo. Dime que todo estará bien, anda. Bésame otra vez. Toma mis manos frívolas y vacías, donde hace falta su carita tierna.
Estos brazos que te rodean, reclaman su cuerpo y lo tibio de su corazón que retumbaba cuando estuvimos juntos. Dime que ella va a estar bien, hazme mierda. Hazme sentir que estoy vivo y ahonda en la herida, anda, déjame que me recueste sobre ti y deja que hable hasta que las palabras se acaben y empiece a balbucear.
Después de eso abrázame de nuevo, dame un beso en la frente. Llora conmigo y la historia estúpida que vivo, hierve en celos. Eso me gustaría, tal vez no. ¿Por qué me siento tan solo?
¿Por qué los cigarros parecen tan finitos y el alcohol tan comprensivo ?
Me siento solo, amargo licor, su cara, sus ojos, su mensaje vacío. Lloro por dentro y después por fuera. Quiero otro trago, otro beso, otro abrazo. Quizá no quiero nada.
Quizá quiero estar solo y provocar la entraña o amanecer con el amor de mi vida pegada a una extraña. Quizá quiero hacerle de comer, que el amor nos haga y después reír mientras el sol se funde en su piel deseada. Quizá la quiero a ella, desconocida, quizá no
Quizá escribo esto ahora por tonto.
Sobre el amor.
El amor es un vaivén de sentires, está en los amantes, en el café que se toma por la mañana, en los pies descalzos que sienten la espuma del mar romperse. El amor es verse al espejo y sonreír. El amor está en los padres y la familia, en la risa fuerte y la sonrisa tibia. El amor es despojarse del ego, sentir los dedos caminando lento sobre la tez durazno.
Es ver a los ojos y guardar ese brillo que guardan. También amor es ir en metro mientras escuchas el piano romper la rutina. El amor es andar a pie y en bicicleta, ser uno solo con el viento. La bruma del atardecer y la noche, como se fragua el sol mientras adolece y el taciturno entra a su propio ritmo.
Amor es platicar y reír, acostarse y ver el cielo. Sentir el abrazo y la vibración del sístole y diástole del corazón cercano pegado al pecho.
Amor.
Amor mío, amor propio. Este amor es dejar de luchar por mis defectos, verme solemne y tranquilo. Saber que aunque el mundo arda, siempre me tendré. Es tener confianza para sobre ponerme ante cualquier circunstancia, es desafiarme y ganar, pero no hacer alarde de ello. Este amor que me tengo es crear. Pintar y escribir, leer después de crear. Mirar después de pintar. Saberme digno de mi propia existencia. Recordar ser niño.
Amar es llorar y abrazar la almohada, sentirme vivo. Sentir que pese a todo aquí estoy y soy la colección de mis aventuras. Es sentir orgullo de lo que mis ojos han visto, mis manos tocado y mi corazón sentido.
Amor de familia.
Ese amor de desayunar mientras los pienso en bienestar. Su paz es mi amor, su calma mi equilibrio. Amor es saber que hay salud y en su risa guardo mi vida. Es tomarle por la espalda y abrazarles, es una charla con el viejo y saber que le preocupo. Que me piensan, que me extrañan. Amor es entender cuánto me aman.
Los ojos de mi madre y la risa de mis hermanos. Es jugar videojuegos en el hogar que también fue mío. Es regresar después de una semana de rutina y tenerles cerca. Su mera existencia es amor. Es llevar buenas noticias y compartir mi vida. Amar es hablar. Amar es estar, es vivir a su lado aún cuando la vida me esté llevando por otro camino.
Amor carnal, amor de pareja.
Ese amor que sentí alguna vez, cuando mire ojos cien mieles y oli rosas vírgenes en cabellos dorados. Es mirar los momentos en tonos sepia, cálidos. Tener metas y sentarme a escuchar relatos, sueños, miedos. Amor es sentirme especial. Abrazar y besar, tomarle por la nuca y besar la frente. Cobijarla, cuidar de ella. Hacer de mi maltrecho corazón un lugar seguro, sin embargo. Para mí, amor es olvidar todo lo que dolió alguna vez. Quizá contarlo a manera de moraleja y terminar riendo. Amar es sentir que uno se quema por dentro, pero sin dolor. Es como desafiar el vértigo, es derrotar a la ansiedad. Es como pintar o escribir, dedicar una canción o tomarla de la mano para regresar a casa.
Amor es dejar mi puerta abierta por si quiere entrar.
El amor es algo intangible pero que te destruye y construye según tu manera de afrontarlo. Amor es escribir ahora esto y leerlo en luces tenues. Oler el petricor de la ciudad y reír.
Amor es llegar y ver a los amigos, tomar un trago y ver cómo sus risas van creciendo. Amor amor amor.
¿Qué es amor?
Soy yo.
Si es bueno o malo, depende del humor en turno, pero lo más importante.
El amor es lo que da sentido a la vida.
Ego
Es curioso, saber que "yo" etimológicamente venga de ego y que ahora deba escribir de mí. Es como enfrentarse al espejo, como rendir cuentas a los años que ha pasado mi mente y cuerpo. Pensar, por ejemplo, ¿de dónde vengo? Y hacia donde voy. Mi vida es fuego, nunca ha sido tibia. Siempre estoy por encima del letargo y del encierro, pienso. Pienso ahora en un Viore niño, quizá no, quizá es Bernardo el nombre que me dieron por mi abuelo ya fallecido. Producto del amor entre dos personas vengo pero la interrogante sigue ¿a dónde voy? Y sin embargo sigo caminando.
Todo empieza en el amor, de ahí mi nacimiento. Hasta donde sé siempre hubieron risas y cariño en el matrimonio y yo llegué demasiado pronto. Los primeros esbozos de conciencia que tengo son primeros pasos en una azotea, de la mano de papá y con la ilusión de mamá como guía. Recuerdo la llegada de mi hermano y la caricia que buscaba en él, la curiosidad de saber que fui así de pequeño y el comienzo de una amistad etérea.
La vida es un parpadeo, pienso al tiempo en que tomo un trago para poder escribir esto. ¿será que siempre deba hacer arte con el impulso del frenesí? Jamás he escrito o pintado sin conmoverme. Me parece fútil y absurdo.
Pero no nos alejemos del tema, ahora creo que debo hablar de mí por fin. Y estoy pensando en qué vivencias son propias del lector o si voy a desangrarme aquí como es mi pasatiempo.
Tal vez convendría hablar de lo mucho que esperaron de mí desde el principio, la facilidad que tuve para poder leer o escribir, multiplicar y sumar, jugar con una pelota o aprender a andar en bicicleta. Creo que mi arrogancia es propia del cliché del niño que adulan. Mi genio está sobrevalorado, eso pensaba.
Pero pronto entré al Kinder y me di cuenta que podía prever cosas. Recuerdo mucho alguna vez que con premisas visuales logré entender que una alarma contra fuego iba a estallar, estuve ahí sentado mientras todos gritaban. Yo, callado, advertí el suceso antes de que ocurriera. El vapor de una olla pegaba directamente a un objeto en el techo que empezó a parpadear y cada vez más rápido, cada vez escuché más las risas y los gritos de los niños a mi lado, miré el rostro de las cocineras y como lo predije, explotó. Un polvo azul impregnó toda la cocina y los niños fuimos sacados del comedor. Pero yo ya sabía.
Ya sabía que esta forma de mirar me perseguiría y tendría que tener ocupados mi mente y ojos para siempre. Estudié siempre mi derredor y sus gentes, las premisas y sus consecuentes. Tenía quizá 5 años y ya sabía que podía mirar más allá que los demás.
Pronto llegaría la primaria y recuerdo sueños vividos en donde podía moldear la realidad, como si fuera un viaje astral, podía verme a mi mismo. Sé que suena a cliché pero es verdad. De pronto los sueños eran realidad y la realidad se asemejaba a viajes oníricos llenos de posibilidades. En la primaria todo era caos, pero dulce caos. Un caos que pude controlar, me puse retos y los cumplí. Ser el mejor de la clase, tener una primera novia, ser el más popular, ser líder en mi grupo de amigos.
Y aquí es cuando entró el fútbol a mi vida como disciplina, cabe destacar que mi papá fue muy estricto en cuanto a disciplina de cultura y deportiva. Nos hacía leer y nos prohibía ver cietos programas de tv. Quería que fuéramos lo que somos ahora, personas de bien. Y estoy muy agradecido por ello. Mi padre iba y venia, viajaba mucho y mi madre era el cariño que siempre cuidó de nosotros.
El fútbol fue idea de ambos pero compartíamos el gusto. Hablo de mis hermanos porque así éramos, compañeros con los mismos gustos. En el futbol sufri mucho. Quise ser el mejor del equipo y me costó años, pero lo hice. Cuando me di cuenta ya era el capitán del equipo y el mejor. A todos les ganaba a correr, a todos les gané en jugar. Disfruté mucho la rutina de ser el mejor en muchas cosas. Siento que ahora adulo mis éxitos más que mis derrotas que fueron pocas. Por ejemplo, mi primer corazón roto, el mal de amores, mi acercamiento a las primeras drogas, mi creencia en que el amor como centro de la felicidad.
Y pienso en esto del amor como derrota, ya que no debería darle tanto mérito pero lo hago.
Pienso que aquí nació Viore. El ser arrogante a sabiendas de que lo podía ser. La arrogancia se gana, pensaba. Y con mi autoestima por los cielos tuve muchas novias, círculos de amigos, éxitos. Pero también empecé a decaer en lo académico. Me volví el chico problemático, pero que atraía. Fui una versión inocente de lo que soy ahora. Reprobó viore, pero su soberbia lo sacó adelante sacando 10 en todos los exámenes. Era como si su indisciplina le hiciera reprobar pero su inteligencia lo hiciera pasar todo fácil en los exámenes sin siquiera estudiar.
Y le gustó, y me gustó. Me volví una droga, mi propia droga. Me moldeé a mi gusto y viví la mejor etapa de mi vida. Mis diferentes preparatorias.
Estuve en 4 diferentes pero de todas me expulsaron. Me volví el estereotipo de chico malo de Hollywood.
Me peleaba y disfrutaba la sangre correr de mi boca pero jamás me pusieron una paliza, siempre gané. Incluso en el futbol, en las peleas colectivas siempre fui el que golpeaba a todos. Me volví protagonista y lo disfruté. Pero pienso ahora ¿por qué entonces lloraba cuando sentía la noche llegar? Eran como dos personas, soy como dos personas.
Pronto dejé el fútbol al conocer la pintura y sentí que desafiaba aquella frase de Freud. "El niño que reta a su padre y gana, se convierte en hombre "
Y empecé a labrar por fin mi camino. Decidí dejar el fútbol y su rigurosa rutina. Estaba orgulloso por mis logros, viajar por el país y jugar en tercera división, ser el más joven del equipo y aún así el mejor. Pero debía conocer más. Mi mente quería más, se empezó a obsesionar con el conocimiento.
Leía y leía, veía documentales, películas, conocía gente. Quería comerme al mundo.
Conocí a alguien que fue quien me introdujo al mundo del arte y para entonces ya sabía que quería ser viore. Me enseñó sobre paz y equilibrio cuando yo era todo caos y ansias. Por ella entré a pintura y me enseñó mi vocación. Pronto se fue y no la vi hasta años más tarde.
Esto para mí fue el primer amor de mi vida, no en manera carnal, sino significativa.
Aprendi rápido y como era de esperarse, pronto me rebele contra la maestra y pinté lo que quise. Me hice el mejor. Expuse en galerías y seguí con mi andanza de estar con una y otra chica. Me encantaba -me encanta- sentir la jugarreta del coqueteo. Y triunfar también ahí.
Incluso tuve algo que ver con la maestra de Inglés de aquel tiempo, la recepcionista. Una señora. Todo en la vida representaba un reto para mi y decidí tomarlo y ganarlo.
Lo hice.
Seguía en mi mejor forma. Me creía Tony Montana y aceptaba alter egos que tuvieran que ver con el mejor que terminaba en tragedia.
Entré a mi última prepa y fui el más popular, todo me aburría. Conocí a Sharon, mi actual roomie (que después hablaré de ella)
Empecé a beber y fumar. Me volqué a los pequeños vicios e incluso vendí droga. Tenía dinero pero me encantaba la sensación de adrenalina. Seguí peleando a golpes y seguí siendo el mejor. Todo supone liquidos: sangre, alcohol, sudor, lágrimas.
Y llegó Sharon, una chica increíble de la cual me enamoré. Eramos novios sin serlo y por fin sentí golpeado mi orgullo. Ella representó el reto que no pude cumplir, pues jamás quiso lo que yo quise. Quise tener una relación estable por fin y ella postergó. Así se repite por un año, nuestra relación se define por una pelicula: 500 days of summer.
Estuve con otra chida para olvidarla y me salí de la prepa a medias porque me corrieron por meter a un chico a un bote de basura. Era un abusivo creo. O quizá solo quería demostrar lo que me faltaba, atención ¿pero de quién? Me sentía increíble pero al final terminaba con vaciedad.
Estuve con Andrea, mi relación más larga. No le presté atención tanto tiempo. Pero cuando me di cuenta ya teníamos 3 años y estaba enamorado o al menos eso creía.
Crecimos juntos y dejé el caos un poco. La relación era buena aunque tenía ratos tormentosos, saqué mi lado de negocios y apenas tenía 18 años. Empecé a ganar dinero y me independicé. Vivía en casa de papás pero me pagaba todo, me llevaba bien con ellos. Creo fue una época dorada. Aunque me descuide físicamente.
Pronto la rutina se volvió algo tedioso, y viore gritaba. Viore quería más. Engañe a Andrea mas de una vez y cortamos más. Éramos un caos y aún así decidimos vivir juntos.
Fue una película. La nuestra. A lo lejos sonaba jazz mientras el sol se fundía en la estancia, André lavaba platos mientras yo pintaba. Me paraba y decidía abrazarla, los perros corrían en nuestros pies. Me besaba, me quería, la amaba.
Un año fue así. Trabajo, una casa que olía a hogar, pero viore decidió no callarse y entramos a bellas artes. Quise seguir mi sueño.
Conoci gente y me alejé de Andrea. La descuide y pronto estuve sin dinero y sin ella. Me engañó y no pude perdonar lo que yo mismo hice. Se fue y me quedé en una casa sola. Sin perros, sin amor, sin luz dorada, sin ella.
Fueron meses de caos y mujeres desnudas. De alcohol barato y mi cuerpo testigo de los excesos. Pronto ya no me gusté físicamente y empecé a ver mis defectos pero seguía teniendo ese toque con todos que cautiva. No me importó, seguí adelante. Aquí sonaría Smack my bitch up como soundtrack. Esnifaba cocaína en senos de desconocidas,
La palabra como arma, pensaba. Pintaba demasiado y escribía más. Para entonces ya tenía muchas exposiciones y concursos de literatura ganados. Me creía un rey gordo del mundo.
Y digo gordo porque me empezó a calar mi físico.
Era la sombra del atleta engreído, ahora era un artista regordete capaz de dar vuelta a cualquier en una discusión. Para mi importaba siempre tener la razon, era la soberbia hablando. Era la soberbia hecha persona.
Pronto llegaron mis mejores amigos y sus fiestas. El cariño de Johnny y su empatía, la fiesta y el sentirme vivo de Jalil. Pero yo era piloto de mi propia nave condenada a estrellarse. Y así fue.
Tuve una pequeña sobredosis de lsd, un malviaje y dibujé mucho. Quedé como perro atropellado. Me había estrellado mi ego. No me importo, seguí con otras drogas y pronto llego la verdadera sobredosis. Me sentía con miedo, ansiedad, alucinaciones. Tenía desamor, sentía soledad, sentía todo lo malo del mundo. Miedo.
Y el miedo siguió. Temblores, ataques de pánico, ansiedad generalizada. Viví 4 meses con mis papás y les confesé lo que hice. Lo tomaron bien, me hicieron confianza y dejaron que todo fluyera. Los quise aún más. Sin ellos no habría podido seguir.
Pronto pasaron 4 meses y regresé al escuela. A bellas artes. Pinté demasiado y me hice poco a poco de nuevo Viore. Viore medicado, viore enfermo, viore con historia. Fui viore viejo, soy viore viejo.
Un viore que no dejó el trabajo por las drogas, pues le gustaba el dinero y el poder que representa. En el fondo pienso que todo en este mundo se rige por ello e incluso ahora el lector lee esto por dinero o que el propio, propició la lectura.
En fin.
Fui viore cansado, viore consecuencia de mis malos hábitos. Viore sin nadie, viore solitario, viore amoroso pero abandonado.
Salí, salí victorioso.
Me enfrente a mi mismo y gané. Ganó viore contra viore. Bernardo estaba expectante.
Y seguí la vida tan gris como siempre. Hasta que llegó Mónica y regresó Sharon.
Y no, no quiero hablar más pues es lo que vivo ahora. Escribi esto como salió, con un tabaco en mano y con la osadía de que nadie lo lea, más que yo y usted, lector.
Es una historia pequeña. La reduje por cuestiones de tiempo y rutina, pero espero se de una cuenta de quien soy y a donde voy. Cuales son mis temores y fracasos, pero sobre todo, quien demonios es Viore y porqué me amo / odio tanto.
Fin
Accidente de tránsito
Caricia terca pegada a la sangre que escupes,
eres el fin de la terrible cólera que aflige.
La gente mira y grita
¡hey! Aquí hay un cadáver,
y el cadáver pronto empuña una sonrisa,
se ríe como el payaso nostálgico.
Dionisio envidia, Afrodita aplaude,
Eros se rompe en tus vivencias.
Pero la gente sigue pasando,
mira lento. Acuña prejuicios y gira la atención.
Eres un accidente de tránsito,
la dulcísima tragedia que pregonan juglares.
Gimes, lloras, ríes. Haces glorioso el tedio.
En la rutina, corres.
En el compromiso, escupes.
¡Y la gente sigue mirando!
Te mira como se miran los pecados
que no se atreven a cometer.
Te miran como se mira al cielo moribundo
que estalla en noches taciturnas.
Con esperanza y placer,
con decisión y a decir verdad, un poco de inocencia.
Benditos sean tus besos, María.
Que corroen amor y veneno,
que dan esperanza y matan soñadores.
¡Bendito tu cariño!
Como accidente, pareces profecía.
Explotan los amantes, enloquecen los infames, se adormece la sobriedad.
El accidente sigue y las llamas pronto
te rodean. ¡Pero no ardes!
Como fuego, iluminas.
Como vicio, atraes.
Pero quizá el accidente no llame
como accidente en sí.
Sino la curiosidad de los ojos que miran
y la misericordia que refutas.
Eres el choque en sí, el retorcer de fierros,
la sangre que sale disparada y
la carne desprenderse,
eres el mórbido haber que rompe la tranquilidad.
La dicha y la violencia que conviven.
Quizá esté equivocado.
Quizá no seas el accidente.
Sino lo que viene después.
Agoniza
Desde el lecho de tu muerte hasta tu burbuja de calma,
desde el beso reprimido hasta los que das por hecho,
agoniza en boca de quienes te quieren muerto
y peor aún, muere en quienes te quieren para ellos.
Haz de tu corazón un músculo inerte y fétido,
no repares en la desgracia ni te detengas a sangrar,
dedícate a agonizar y sufrir, muere lento.
¡Porque lo mereces!
Porque en tus laureles ya otros sembraron flores,
porque tus amores se pudren y quienes te aman
serán gusanos,
la podredumbre y los desterrados.
Muere en el andén, grita la calma que crees segura,
rómpete en llanto mientras el fiel se aleja,
no te escondas, quédate a morir entre propios y ajenos,
agoniza la muerte que tanto anhelas.
Sufre rápido, que mediocres hay bastantes.
Córtate, ríe, gime, besa la tragedia.
Escucha crujir tu pecho y siéntate a mirar el ocaso,
deja la noche entrar a tu cuerpo. ¿lo sientes?
¿sientes la frívola caricia del despojarte?
¿sientes el oleaje de la paz en tus hombros?
Pues párate, y antes de agonizar,
comienza a vivir.
Te fuiste justo a tiempo
Y claro que dolió. ¿cómo no va a arder el pecho?
¿cómo los rosales no habrán de sangrar dedos vírgenes?
¿o las olas romperse en espuma?
Intempestiva, sigues el presagio violento de una sonrisa.
Es patética la manera en que te dejo quemar, romperte, irte.
Y los consagrados laureles se han de secar,
has de pisar las memorias y escupirle a mi demonio,
derrocar pecados y asumir la propia despedida.
Estoy seguro de que te fuiste a tiempo,
comenzabas a ser obsesión y tiempo,
noches en vela esperando tu viva imagen,
días que reclamaban tu dulce caricia.
Tu cuerpo. ¡Como un tranvía que rompe el cráneo suicida!
Yo lo sé de cierto, rompí el espíritu por tu risa,
rompí la promesa por tu mansa prisa,
ignoré el propio duelo y reí, reí.
Río como loco esperando tu olvido.
Sólo te quise
No es ningún puto poema, sólo te quise.
Beber de ti
Bebo de ti, de tu boca, de mi piel en ti.
Bebo a todas horas, en todos los rincones.
Bebo en ti, de mi ser de ti y la sed mia sin ti.
Bebo de tus labios, hogueras en tu pecho,
del vientre en donde me recuesto
y bebo de tu lágrima que quema en días de ti.
Bebo sin ti, pensando en ti.
Como lobregos sentires de saberme ajeno,
como la dulce muerte que se entrega al tiempo.
Bebo en ti, pensando en mí.
Si la dicha es fortuita o producto de la bebida,
si la caricia es real o solo pasajera.
Si la espera vale la pena
o sólo somos amantes de trinchera,
qué más da.
Si bebo de ti, mi vida es eterna.
La gente dice
No te atrevas, es peligroso, se hace tarde.
Y con misericordiosos gestos,
me despiden de mí mismo.
La gente dice no lo hagas,
y ya estoy haciéndolo.
No te enamores,
y ya estoy perdido.
La gente, tiembla, al ver mi corazón tan rojo.
Cuando el cielo se funde en luces,
cuando mis manos te piden a gritos.
La gente llora lo que calla mi intuición,
se aflige por mí, se rie de mí.
Soy un accidente de tránsito
y tienen derecho a verme despacio.
Aventarme al vacío, quizá,
solo para recibir aplausos.
Decir esto con tu nombre en la lengua,
veneno dulce de mi próxima tristeza.
Amanecer muerto de ti,
abrazando la propia carroña
Y la gente dice, te lo dije.
Pero ya es demasiado tarde
Estaré en todas partes
Estaré en el beso arrepentido,
en las noches grotescas,
en tu paso aletargado.
Estaré en tu cuello, susurrando.
En tus labios rosas y en tu pelo miel,
estaré por y para ti.
Cuando la bruma sea densa,
cuando la náusea se haga diosa.
Estaré en la soledad, en la sombra,
en tus laureles y victorias.
Cuando el nocturno se haga frío
y tus pies descalzos busquen alivio.
Estaré en la lágrima que rueda,
en los cinemas y la música rara.
Estoy presente, como el perro de la calle
que te sigue.
Pero no busca comida , sino amor.
Son estas tercas manos las que quieren tocarte,
son estos despojos de vaciedad
los que te reclaman en la carencia.
Estos hombros donde haces falta.
Porque no estás, pero yo siempre estaré.
Sentir insensato
Incongruente, peligroso, violento.
Amor en trincheras dulces y olas de humo,
eres disparo de carne y risas,
gemidos de flores en labios rosas.
La cama se hace espesura,
las sábanas aire fresco.
Respiras.
Aspiro.
Suspiro.
¿qué decirle a la luna que envidia?
En la ciudad somos un par de viejos ,
en la inmensidad del cuarto, par de niños.
Pies mojados , espalda fría.
Reclama besos , dedos torpes pero dulces.
Cabello cual cascada, sonríes.
Insensato , incongruente, irreal.
Viene la náusea, el despojo, la despedida.
Ojos trémulos y un largo tren.
Extraño ya tus muslos tibios,
mis besos tercos, la misma dicha.
Pronto la noche reclama su salida;
el mismo viejo sabor agridulce.
Feliz porque existes,
desgraciado por los errores.
Uno es un bastardo del amor
cuando asesina sus ideales.
Uno es un extraño en el amor,
cuando idealiza sus noches.