Bitacora del capitán, 1924 es un año en donde todavía se sentía los estragos de la revolucíón y en un par de años mas entraria la guerra Cristera, el padre José Villicaña lo vio nacer justo ese año, ese que en Puragua, Michoacan lo recibien dentro de un seno de 6 hermanos; Lo conocí hace casi 20 años, amigo de mis suegros y después del resto de la familia, era un hombre cabal, sincero, bueno y con un saco lleno de sorpresas, siempre había un espacio por el cual se colaba una historia diferente, se volvio una novela viviente, las mil anecdotas que escuchabamos nos atrapaba a todos por igual no importando la edad, no se si sería la autoridad eclesiástica que emanaba en todo momento y nos envolvía aún en territorio netral pero todos guardabamos silencio en cuanto empezaba a hablar. El lugar era lo de menos, un restaurante que tanto le gustaba visitar ya que era de muy buen comer como todas las personas de esa época o la sobre mesa eterna de alguna tarde de sabado en la casa de mis suegros o la mía, la voz pausada, lenta, aletargada, con un tono fuerte pero suave era como el hechizo de la boa del libro de la selva, en serio que hasta la piel chinita se me hacía al escucharlo supongo que mucho era la práctica en los sermones diarios de tantos años de sacerdote.
El padre José era un hombre de los cuales un libro seria poco para tratar de recordar tanto, anecdotas de esas que la gente de hoy ya no cuenta o ya no vive, que hablaba de un México que se perdió para siempre. nos dejo la semana pasada a las 94 años , pero se despidio lúcido, claro, diáfano como lo fue siempre , hasta luego y hasta siempre y gracias Padre José por tantas historias y por todas esas tardes que tampoco regresarán.