Mónica Macha analiza el doloroso contexto social y económico que sufren las mayorías populares. Los efectos de un gobierno que no tiene límites y que degrada la calidad de vida de los hombres y mujeres. Una responsabilidad histórica para cuidar los proyectos de vida.
Gobierno de Cambiemos no tiene límites. Por eso, el límite lo tenemos que poner entre todos y todas en las próximas elecciones. Unidad Ciudadana nace para defender los derechos de las grandes mayorías populares que se ven afectadas por un gobierno que ajusta y degrada la calidad de vida de los hombres y mujeres todos los días. Hombres y mujeres reales: la piba que ya no puede estudiar porque dieron de baja las becas, el laburante que fue despedido por la baja del consumo y se quedó en la calle, la maestra que lleva más de un año viviendo con el mismo sueldo comido por la inflación, los abuelos y abuelas a los que el gobierno sometió de forma humillante para que justifiquen sus pensiones.
No les importa el dolor del pueblo. No les importa la destrucción que están haciendo de la industria nacional. No les importa el endeudamiento eterno que asumieron y que va a pagar el pueblo generación tras generación. No les importa vaciar todas las políticas de inclusión social y dejar a la intemperie a miles de pibes y pibas. No les importa abandonar a las mujeres y la lucha contra la violencia de género. No les importa entrar con gases y romper todo en un comedor popular ni reprimir de forma brutal a los trabajadores/as. El gobierno de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal es un gobierno de pocos para pocos. Nunca antes estuvieron en riesgo tantos derechos reconocidos y conquistados como hoy en día.
Así no se puede seguir. Este modelo de de hambre y desempleo no da para más y tenemos que decirlo juntos y juntas. Tenemos la responsabilidad histórica de organizarnos, cuidarnos y construir una mejor forma de vida social.
Los medios para quienes ejercen el derecho a la comunicación: Red de Radios Rurales en Argentina
Recorremos un proceso comunicacional de reciente conformación: la red de radios rurales de la Argentina. Una red de organizaciones que busca garantizar el derecho comunicación desde una mirada popular.
Por Florencia Lance, Martín Segura, Jorge Cefarelli[1]
El presente artículo busca reflexionar sobre un proceso comunicacional de reciente conformación: la red de radios rurales de la Argentina. Lo haremos atentos a la histórica relación entre organizaciones y movimientos sociales con la comunicación y los medios de comunicación, la mayoría de las experien-cias que conforman la red son gestionadas por organizaciones de la agricultura familiar o la economía social y popular; al ejercicio del derecho comunicación, analizando el cuándo, dónde y por qué pequeños productores familiares se vinculan y referencian como comunica-dores populares; y a la participación de trabajadores del Estado acompañando estos procesos de comunicación rural gestionados desde una perspectiva popular, que ponen en discusión, también, la tarea del trabajador público, su relación con el territorio y en el caso de la gestión pública para el sector rural, el histórico debate freireano sobre comunicación o extensión.[2]
La red de radios rurales (http://redradiosrurales.com.ar/) nace en 2016 en Jachal, San Juan, reuniendo a una veintena de experiencias de radios comunitarias gestionadas por organizaciones de la agricultura familiar y la economía social y solidaria. Si bien, la mayoría de las experiencias que conforman la red surgen y o se fortalecen a partir de un programa de Estado implementado durante 2015 y conocido como “Sembramos Palabras, Cosechamos Derechos”[3], el proceso de articulación se termina de desencadenar en 2016, a la luz de los decretos de necesidad y urgencia (DNU) del Ejecutivo Nacional que paralizaron la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en sus articulados relacionados con la concentra-ción de medios y la participación de amplios sectores sociales en la gestión de las políticas de comunicación y el ejercicio del derecho a la comunicación.
En el manifiesto fundacional de la red, las organizaciones de la ruralidad que gestionan experiencias radiofónicas se presentan como “radios que luchan por los que menos tienen. Qué ejercen la comunicación como un derecho, que es mucho más que pasar información por un micrófono. Que permiten y promueven el encuentro de voces entre comunidades criollas, campesinas y pueblos originarios”, en donde se expresan y participan jóvenes, viejos, y vecinas y vecinos de las comunidades y en donde se visibilizan las principales problemáticas de la agricultura familiar y la economía social y solidaria como el “acceso a la tierra y al agua, las inundaciones, el uso de agrotóxicos que dañan nuestra tierra, nuestra agua y a nuestros alimentos; los desmontes; la contaminación; los desalojos; el modelo extractivista; la minería intensiva; el monocultivo; y las inversiones inmobilia-rias que atentan contra nuestro ambiente, nuestro paisaje y nuestros recursos naturales”. Y que por todo se definen como actores políticos que ejercen la comunicación para avanzar sobre sus problemáticas: “somos organizaciones sociales y populares que tienen radios. No somos solamente radios”.
“Nos preocupan el aumento del costo de los insumos para la producción local, la disminución de las posibilidades de consumo de nuestro pueblo con alto impacto para la economía social, los despidos de trabajadores y trabajadoras, la persecución política e ideológica de los trabajadores y trabajadoras y los tarifazos” y desde esa mirada del mundo, en un momento histórico y político se definen como red desde el desafío de “juntarnos para potenciar nuestras voces, para fortalecernos y disputar sentidos, para buscar alternativas de sustentabilidad de nuestros medios, para sostener los espacios de comunicación comunitaria, para aprovechar las herramientas de producción de contenidos, para hacernos eco de los reclamos de nuestro pueblo, para que nuestras articulaciones sigan vivas y se fortalezcan, para encontrar los intersticios y las grietas por donde continuar ejerciendo nuestro derecho a la comunicación, para poner en valor la dimensión cultural de nuestros territorio”
De la red también intervienen trabajadores del Estado. Su presencia incorpora algunas variables más que en este artículo queremos dejarlas expresa-das al momento de entender la complejidad de procesos comunicacio-nales como el que nos estamos refiriendo.
Estas variables no expresan:
● La existencia de esfuerzos, iniciativas, proyectos y políticas de Estado que en la última década buscaron intervenir en procesos de comunicación de organizacio-nes de la agricultura familiar y la economía social y solidaria.
● Paralelamente a lo anterior, el desarrollo de un procesos de ocupación de Estado[4] que incorpo-ra a integrantes de organizaciones sociales en la gestión pública.
● Y por último, y en lo que refiere a los organismos que acompañan a las organizaciones de la red, se experimenta un proceso que desde la perspectiva comunitaria y popular de la gestión pública, en algunos casos, como el INTA, puso en discusión un paradigma transferencista de la extensión rural, para trabajar sobre otro más territorial, en donde el trabajador público no está escindido de los procesos territoriales y su complejidad, reconoce los saberes y experiencias de las organizacio-nes de productores y la de sus comunidades y atiende no solo la demanda especifica que le compete por su área de trabajo, sino que genera sinergias con otros trabajadores públicos para abordar las demandas surgidas en los territorios.
Pero, ¿qué hace que pequeños producto-res rurales, emprendedores de la economía social, pescadores artesanales, artesanos textiles se definan no solo por sus oficios o actividades sino como comunicadores populares? Podemos empezar a responder esa pregunta afirmando que mucho tienen que ver la consolidación de un sentido, en esos sectores, de entenderse como sujetos de derechos, además de la existencia de un tiempo político para plasmar en lo cotidiano esos derechos. En otras palabras, la posibilidad de llevar a la praxis, al todos los días, el derecho a la comunicación como derecho transversal de todos los derechos humanos, que al ejercerlo los visibiliza, pone en discusión, los arranca.
“Hoy existe la intención de impulsar una ley de semillas que restringe el acceso a estos bienes esenciales para la producción agraria, implementando el pago de un canon por la tecnología que pueda ser incluida en ellas” asegura Maximiliano, joven productor de Villa Ocampo, en Santa Fe, y radialista comunitario en FM El Tero y se pregunta: “¿es necesario contar con leyes de propiedad sobre productos de la naturaleza?¿Debemos los productores pagar por el producto de nuestro trabajo? Nosotros hemos demostrado a lo largo de la historia como los productores y sus comunidades han garantizado el acceso a las semillas y su protección. Cualquier ley al respecto tiene que incluir nuestra voz y experiencia”. Este ejemplo sintetiza el párrafo anterior. Para esta red de radios rurales la radio es el instrumento de una organización de productores familiares que visibiliza un problema, lo pone en discusión e intenta incidir en el problema para transformarlo. Se hace radio detrás del micrófono y en las acciones del territorio, y es esto lo que nos permite entender de qué hablamos cuando hacemos mención a un proceso de ejercicio del derecho a la comunicación. [5]
La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, como colorario de las luchas de las organizaciones sociales y políticas en torno al derecho al comunicación; la participación de sectores sociales en la gestión estatal de la ley y de políticas públicas estatales; y la modificación de la relación de movimientos sociales y comunicación definieron el escenario ideal para la construcción de un sentido social en torno al derecho a la comunicación.
La necesidad de ejercer la comunicación
Autores como León, Burch o Tamayo aseguran que la relación entre organizaciones y movimientos sociales con la comunicación y los medios de comunicación siempre fue distante por varios motivos:
● Históricamente la comunicación, y mucho menos la gestión de medios, fueron una prioridad para las organizaciones sociales.
● Siempre estuvieron relegadas las organizaciones sociales de las legislaciones en torno a las políti-cas nacionales de comunicación.
● La inaccesibilidad al complejo tecnológico de comunicación para el sector.
¿Y cuándo cambia esa relación? José Saramago asegura que esto sucede cuando las organizaciones sociales se dan cuenta que deben cuestionar la democracia para fortalecerla. [6]
El trabajo en comunicación y medios del Foro Mundial Social, desde donde surgen los sentidos de la “patria grande” y los presidentes que “se parecen al pueblo”; la defensa de uno de esos presidentes, Hugo Chavez, desde una red de radios populares, frente al golpe de Estado de 2002; o la batalla de ideas impulsada por el zapatismo desde internet, son solo algunos ejemplos exitosos del cambio de relación y ejercicio del derecho a la comunicación.
En Argentina, la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual va en ese sentido. No sólo porque fue concebida “de abajo para arriba” y porque sumó al sector de los sin fines de lucros entre los actores autorizados para la gestión de los medios de comunicación; sino porque incorporó a las organizaciones en la gestión de las políticas públicas de fomento y porque potenció el debate entre legalidad y legitimidad, que hoy permite frenar el avance sobre los medios populares desde el ejercicio del derecho a la comunicación.
La 26522, como otras políticas mencionadas en este artículo surgidas desde el espíritu que impulsó la legislación, contribuyó a la sostenibilidad de lo tecnológico y de los recursos humanos. Muchas experiencias actualizaron sus equipamientos y empezaron a planificar el trabajo rentado comunitario y a generar los procesos de debate en torno a un nuevo paradigma sectorial de trabajo.
Por último, la ley también acompañó el fortalecimiento de las redes. Producto de un Fondo de Fomento Concursable para Medios de Comunicación Audiovisual (FOMECA) de gestión de redes, se impulsó la Red de Radios Rurales, que hoy reúne a unas treinta y seis experiencias de radios rurales de todo el país y realizó su segundo encuentro nacional en El Fuerte, Jujuy, reuniendo a más de 100 personas.
Durante dos días en el norte argentino campesinos y campesinas, agricultores familiares, artesanos, emprendedores de la economía social y solidaria, representantes de pueblos originarios y trabajadores públicos debatieron y sellaron acuerdos en torno a pensar la comunicación desde un para qué: la agricultura familiar; las producciones locales; el buen vivir; la ruralidad, su historia y cultura en tiempos de una restauración conservadora del Estado.
Desde esos debates la red se propuso seguir convocando a experiencias de comunicación de la ruralidad; generar acciones colectivas para la sostenibilidad de las radios; profundizar la producción de contenidos y acciones en distintos ejes temáticos de la ruralidad como los son las distintas problemáticas en torno a la agricultura familiar, la cuestión de género en la ruralidad[7] y la producción saludable de alimentos.
También la decisión de articular con otras redes como FARCO e Interredes para resolver las acciones en torno legalidad y la lucha por el derecho a la comunicación. O con otros organismos públicos como el INTA, la Secretaria de Agricultura Familiar, las universidades públicas desde sus carreras de comunicación, entre otras, para defender y exigir el cumplimiento de las políticas públicas arrancadas para el sector en los últimos años.
Una última pregunta busca interpelar desde lo construido y lo que hoy vivimos:
¿Es posible pensar el derecho a la comunicación con una ley de Servicios de Comunicación Audiovisual vaciada; con políticas de fomento para el sector social que el Estado entrega a cuenta gotas, mellando cualquier proceso de planificación elemental; con despidos en el sector público que dejan afuera a actores sociales de la gestión pública y eliminan o inoperativizan áreas de gestión trascendentales para el sector social?
Si bien las condiciones políticas, sociales y económicas no son las mismas de hace pocos años, hay un sentido en torno al derecho a la comunicación construido en el seno de las organizaciones sociales. Y por sobre todas las cosas, hay una apropiación de la comunicación como un bien público y esencial, como lo son el agua, la tierra o las semillas para la agricultura familiar, que al ejercerla se enciende como definición en las organizaciones de la ruralidad: el derecho a la comunicación es para el que lo ejerce, como la tierra para el que la produce.-
[1] Trabajadores/ra del Estado, comunicadores populares y docentes.
[2] Freire, Paulo. “Extensión o comunicación? La concientización en el medio rural”. Siglo XXI Editores S.A. (Vigésima primera edición). 1998.
[3] “Sembramos Palabras, Cosechamos Derechos” fue un programa financiado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y co-gestionado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Secretaria de Agricultura Familiar y el Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO) que puso en funcionamiento y fortaleció a 19 radios rurales en 12 provincias del país. Las experiencias, en manos de organizaciones sociales y de pequeños productores rurales, fueron equipadas y acompañadas por un plan de formación técnica y económica.
[4] Autores como Sebastián Abad y Mariana Cantarelli en su libro “Habitar el estado”, utilizan este concepto para hablar de las condiciones de ocupación del mismo en la Argentina, desde 1976, en un contexto caracterizado por la pérdida de centralidad y legitimidad del estado. El aporte de las organizaciones sociales a esa ocupación, del 2003 a la fecha, resulta de importancia al momento de entender no solo como ha venido redefiniéndose la ocupación del estado hoy, sino las características de procesos de construcción de sujetos de derecho como la Red de Radios Rurales.
[5] La red de radios rurales acaba de impulsar una campaña, junto a la Fundación Germán Abdala, denominada: “Semillas, plantalas, cuidalas y regalas”.
“La semilla es trabajo y conocimiento humano. La semilla es alimento, y otras cosas. La semilla no puede tener dueño ni patente. ¿A quién le interesa modificar la actual ley? ¡Esto es lo que está en juego en la discusión de una nueva ley de semillas!” asegura un texto que precede a la presentación de la campaña:
[6] “En un mundo donde estamos habituados a debatir de todo, solo persiste un tabú: la democracia.
Entonces digo: cuestionémosla en todos los debates. Si no encontramos un medio de reinventarla, no se perderá solamente la democracia, sino la esperanza de ver un día los derechos humanos respetados en este planeta” asegura Saramago en un artículo titulado “¿Qué queda de la democracia?” y publicado en agosto de 2004 en Le Monde Diplomatique.
[7] Una campaña con voces de mujeres rurales sumo a la Red de Radios Rurales a “Ni una menos”: http://redradiosrurales.com.ar/2017/06/02/campana-niunamenos/
Una lectura retrospectiva: la producción audiovisual estatal durante el kirchnerismo como una política cultural emancipatoria
Los medios de comunicación y sus producciones son bienes simbólicos y a la vez bienes económicos. Esa doble identidad trae aparejada una serie de tensiones que esta nota recorre. Cuando el Estado que corrido de las lógicas comerciales pensó en contenidos que promuevan derechos.
La de los medios de comunicación, como toda industria cultural, presenta una característica especial que enriquece, a la vez que complejiza su análisis: se trata de la doble cara de los bienes culturales. Porque son bienes simbólicos a la vez que bienes económicos, y esa doble identidad trae aparejada como consecuencia directa, la necesidad de atender características que muchas veces entran en tensión y obliga a pensar la existencia de un doble mercado. Donde algunas soluciones o políticas democratizadoras que se aplican al mercado económico no repercuten en el mercado simbólico y viceversa. En tanto el flujo de bienes simbólicos en general aparece condicionado por el factor económico, muchas veces las tendencias culturales que determinan las pautas de consumos, en el mercado de medios masivos, hacen que nuevos licenciatarios terminen por adoptar la lógica efectiva de producir “lo que la gente quiere”.
Surgieron así nuevas preguntas, y temas que se empezaron a discutir. La Ley 26.522 constituyó un punto importante, un logro, para años de discusión, para años de debate de distintos sectores (Coalición por una Radiodifusión Democrática, partidos políticos, carreras de comunicación, especialistas en la materia, sindicatos, medios comunitarios, etc.), pero no es un punto de llegada, por el contrario, constituyó un punto bisagra para continuar con el proceso de democratización del sistema de medios de comunicación, que el actual gobierno de Macri trabó de un modo antidemocrático, decretos mediante.
Durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner la diversidad de contenidos en el sistema de medios en nuestro país tuvo importantes avances desde, y como consecuencia, de la producción estatal: Canal Encuentro, Acua Mayor, Paka Paka, Acua Federal, INCAA Tv, TV Pública, Bacua. Con distintos avances y niveles de producción, se observó en estas propuestas una serie de contenidos que el mercado privado no ofrece. Podemos afirmar que desde el Estado se pusieron en circulación construcciones simbólicas que en mayor o menor medida lograban atraer audiencias con contenidos alternativos a las lógicas de producción del mercado.
Esto no implica que solo con la participación del Estado alcance para que desde su intervención como productor activo se garantice los niveles deseados de diversidad. Sin embargo, me parece importante complejizar la mirada sobre el lugar central que ocupa el estado a la hora de pensar la alternatividad en comunicación. Porque como venimos analizando el estado debe cumplir un doble rol: por un lado el de la regulación y planificación de la comunicación, y a su vez llevar adelante un papel activo en la producción y puesta en circulación de contenidos.
Entendiendo el papel fundamental que juegan los medios a la hora de definir las relaciones de poder hacia adentro de una sociedad determinada, comprendemos la necesidad de entender el comportamiento de los medios privados y la lógica de ese mercado audiovisual, que para su regulación y el establecimiento de un contrapeso necesariamente exige la acción de un Estado activo: que debe garantizar el desarrollo de lógicas no comerciales de producción, a la vez que lleva adelante una serie de políticas de producción de contenidos alternativos que deben tener como objetivo convocar a las audiencias.
Un Estado que dentro de este sistema llevo adelante una política cultural de comunicación democrática que busco promover la ampliación de aquello que el mercado por sí solo no permite. Y que a su vez, no ignoro ni desconoció el funcionamiento mercantil, porque en la actividad de radiodifusión, ese intercambio no es sólo de compra-venta de productos, sino que se reproducen y producen bienes culturales, se generan gustos y tendencias de todo tipo, se ponen en circulación cosmovisiones de vida y mundo, todo esto atravesado por la acumulación de capital y la maximización de ganancia, dimensión que complejiza doblemente la cuestión. Los nuevos discursos debieron diferenciarse a la vez que contemplarlo para no autocondenarse al rechazo del público y la marginalidad. Entonces, si en el mercado de la comunicación no hay diversidad naturalmente, el desafío de la política por parte del Estado fue buscar el fino equilibrio para no subordinarse a la lógica económica, evitando las tendencias monopólicas y a la vez garantizar niveles aceptables de diversidad de mensajes factibles de ser consumidos y circulados.
En esa tensión se dirime la cuestión, y es allí donde el ejercicio del Estado por parte del kirchnerismo tuvo la capacidad de constituirse en un productor de contenidos culturales alternativos (a los comerciales) con capacidad de alcanzar un número importante de audiencia. El Estado en manos de un gobierno que tuvo la representación de la sociedad.
Un Estado que corrido de las lógicas puramente comerciales pensó en contenidos simbólicos que promuevan otros sentidos.
Desde su asunción, el macrismo tuvo como uno de sus ejes principales la desarticulación de toda instancia democratizadora que se había construido en los últimos años en materia de medios. Un ataque que se da en un marco general de políticas del Pro, que desde una concepción neoliberal apuntan a desarmar y achicar las funciones del estado y favorecer la libertad de mercado en todos los ámbitos de la vida pública. En claras muestras de autoritarismo e intolerancia Macri intervino la ley de medios y la AFSCA y AFSTIC mediante decretos de necesidad y urgencia, avasallando instancias necesarias de instituciones democráticas, Congreso y leyes.
El tema que aquí planteo se instala en un debate muy complejo, que no intento ni podría resolver aquí. Pero me parece importante reflexionar en este sentido. En un debate que se inscribe en uno mayor que tiene que ver con la concepción misma del Estado, y eso constituye un aspecto clave: poder complejizar y debatir en términos estrictamente culturales y comunicacionales (contenidos, producción, acceso, diversidad, participación, industrias culturales), y darle a todo ese debate un anclaje político profundo que atraviesa toda la cuestión. Todo debate que se inscriba en esas dos premisas, profundizara un dialogo y una discusión profundamente democrática y emancipadora.
Trabajo en contexto de encierro: proyectos para la libertad
En esta nota Luis Mariano Gorosito, docente de la Escuela de Educación Media N° 3 y en la Unidad Penitenciaria N° 30, nos cuenta sobre cómo es trabajar en contexto de encierro. Una apuesta por la inclusión y un proyecto en favor de la libertad. Cuando la educación construye una forma de ser libre.
Por Luis Mariano Gorosito
Desde hace más de 15 años, parte de mi trayectoria como docente la he desarrollado en lo que nosotros denominamos “Contextos de Encierro”.
Es parte de esa educación pública que defendemos permanentemente, más allá de los reclamos salariales. Es, quizás, la menos conocida y que alcanza a varones, mujeres, adolescentes en conflicto con la ley y que se encuentran privados de su libertad y que como una de las particularidades principales exhibe el complejo contexto en el cual se desarrolla: la cárcel.
Nuestra institución, la escuela, funciona dentro de otra institución (Servicio Penitenciario) lo cual conlleva a una constante tensión producto de las lógicas de funcionamiento opuestas: mientras la escuela promueve la libertad y el desarrollo integral de las personas, la otra –la cárcel- privilegia el control, el castigo, el disciplinamiento.
Sabido es que las cárceles son instituciones cerradas, cuya finalidad es lograr el control de los sujetos, lo cual se consigue (por así decirlo) deconstruyendo la identidad de las personas a través de la homogeneización, la masificación y el despojo de todos los derechos, incluído el de la educación.
Según estudios sociológicos, estas condiciones también reproducen los principios que Michel Foucault refiere con respecto a los establecimientos penales en cuanto a que sus funciones son las de "corregir al delincuente", instalándose así la concepción de "tratamiento", fuertemente vinculada a un enfoque en el que el sujeto se concibe como alguien anormal, que porta una patología a tratar.
Para nosotros la escuela es entendida desde otra mirada. La escuela es una pieza clave en la resocialización porque es una posibilidad real, concreta, que los privados de su libertad tienen para poder crear su propio proyecto de vida.
Nuestros alumnos, son estudiantes que muchas veces acceden por primera vez al sistema educativo porque las condiciones de vida previas eran de total exclusión y marginalidad. Es por eso que decimos que la intervención del docente en una cárcel, es importante para la construcción de nuevas identidades, pero fundamentalmente lo es para el proceso de nueva socialización de las personas al recuperar la libertad ya que la posibilidad de ser estudiante en la cárcel les da a ellos otro lugar, otra percepción de sí mismos y sus potencialidades.
Estamos convencidos de que es la educación, no el castigo, la que brinda al sujeto la posibilidad de recuperar o proyectar una realidad diferente.
Inclusive hay estadísticas que permiten afirmar que la mayoría de las personas que han podido acceder a la escuela dentro de un lugar de encierro no vuelven a delinquir. Pero hay otra verdad que también hay que tener en cuenta al dar esta discusión: con la escuela sola no alcanza.
Por eso creo que quienes educamos entre muros terminamos siendo actores claves de una cotidianeidad que para gran parte de la sociedad (sobre todo para la que pide mano dura o endurecimiento de penas) es desconocida.
Ahora, si bien es cierto que la educación transforma y plantea otra forma de vida, también lo es el hecho de que una sociedad que se caracteriza por la exclusión, la marginación, por la pérdida de derechos, y sobre todo por la pérdida de poder social y económico de los sectores más débiles, no genera las condiciones de vida necesarias para poder pensar en que quien tiene menos posibilidades de poder realizar o alcanzar sus expectativas de vida no llegue a transgredir la ley.
No soy de los que caen en el simple razonamiento de pensar que la pobreza por sí sola genera delincuencia. Pero sí creo que en contextos de pobreza y de marginación social como el que estamos transitando hoy, con una sociedad que muchas veces te considera exitoso e incluído a partir de los bienes materiales a los que podés acceder, ésta (la pobreza) resulta determinante al momento de elegir un camino peligroso -pero rápido- como puede ser el de la delincuencia.
Pero eso no es posible si no somos capaces de reconstruir un estado que incluya, que garantice derechos y condiciones de igualdad. En definitiva, un estado que deje de ser un instrumento de las corporaciones y se convierta en la herramienta de transformación de nuestro pueblo.
Venimos de una etapa transformadora, en la que la idea de construir una educación que garantizara oportunidades para todos y todas se vio impulsada por diversas políticas inclusivas. Sin embargo, hoy estamos asistiendo a un retroceso en relación a los derechos adquiridos.
Para nosotros la educación pública es, además de un derecho, una necesidad, es herramienta, es dignidad. Es la educación la que nos iguala y es la herramienta para poder desarrollarnos en una sociedad en el marco del respeto mutuo. Por eso darle la posibilidad de aprender a quienes se encuentran privados de su libertad, hacerles conocer sus derechos y fomentar sus ideas quizás sea lo único que les permita creer, soñar y tener proyectos para un futuro en libertad.
La escuela y la construcción de la identidad ¿argentina?
¿Qué significa ser argentino? ¿Qué imagen tiene el pueblo argentino sobre sí mismo? En este artículo se realiza un sintético análisis sobre el origen de la escuela en la Argentina en nuestra identidad. Por nuestra columnista invitada Mara Espasanda.
Por Mara Espasande
En la formación del pueblo argentino y la construcción de la mirada sobre sí mismo ha tenido un lugar privilegiado la escuela. Desde niños la escuela va moldeando las formas de pensamiento de los alumnos y junto a los contenidos mínimos de enseñanza se transmite una imagen del mundo, de la realidad y de nuestro país. ¿Qué significa ser argentino? ¿Qué imagen tiene el pueblo argentino sobre sí mismo? En este artículo realizaremos un sintético análisis sobre el origen de la escuela en la Argentina como dispositivo para la formación del sentido común que colaboró a la conformación de la identidad argentina.
En Europa, la escuela como institución moderna nace en el siglo XVIII, de la mano del capitalismo industrial. La conformación de un nuevo sistema socioeconómico demandó la creación de un nuevo instrumento de disciplinamiento social para formar obreros y ciudadanos que respondan a las necesidades de los nuevos Estados modernos. El origen del sistema educativo en América Latina presentó una complejidad mayor ya que no sólo buscó instaurar y legitimar un nuevo orden social sino también se constituyó en el principal valuarte extranjerizante y denigratorio de lo nacional. El desprecio por lo propio, lo nativo, lo mestizo, de la cultura latinoamericana en su conjunto, se encuentra en el seno del nacimiento del sistema educativo argentino. Esta creencia del pueblo argentino sobre sí mismo es fundamental para la legitimación de los proyectos de dominación semicolonial impuestos en el siglo XIX.
El origen del sistema educativo argentino: modelo y contramodelo de la escuela moderna
El proceso de renovación política y cultural se venía perfilando desde momentos previos a la Revolución de Mayo bajo la influencia de las nuevas ideas de la Ilustración europea. Hombres como Manuel Belgrano, Mariano Moreno, José Gervasio Artigas y José de San Martín lucharon por construir una patria grande e independiente en América Latina, desempeñándose como políticos y militares pero también como pedagogos. La generación de Mayo luchó por el desarrollo de la educación para el progreso que formara al ciudadano y le permitiera alcanzar los beneficios de la instrucción popular. Influenciada por las ideas europeas tomaron aquellos pensadores más radicalizados como J. Rousseau, e intentaron aplicar a la realidad latinoamericana conceptos universales tales como “libertad, igualdad y fraternidad”. Mientras que para algunos de sus contemporáneos la libertad era sólo un privilegio para los comerciantes de Buenos Aires, para otros, implicaba la abolición de la esclavitud y la igualdad de los pueblos originarios; mientras que para algunos la fraternidad era entendida sólo para los hombres decentes europeos o descendientes de ellos, otros proyectaban mecanismos de integración de las diversas y numerosas etnias y culturas de nuestro continente. Así, se fueron conformando dos proyectos políticos, económicos, culturales y también pedagógicos que se enfrentaron en la etapa de la formación del Estado argentino, desde 1810 a 1880.
Manuel Belgrano fue uno de los pioneros de la transformación educativa en el Río de la Plata. Se nutrió de lecturas europeas pero sin separar su mirada de la realidad
americana. Señalaba en su autobiografía que “todo es una consecuencia precisa de la educación”, por lo cual dedicó parte de su vida a estudiar y diseñar lineamientos para la política educativa de la naciente patria. Uno de los ejes relevantes de su vida, pero no más difundidos, reside en su vocación educativa y cultural. Desde la etapa colonial. Como Secretario del Consulado, cuando descubrió que sólo 15.000 de 400.000 personas sabían leer y escribir afirmó: “¿Cómo se pretende que los hombres tengan amor al
trabajo y que los ciudadanos sean honrados si no hay enseñanza y la ignorancia pasa de generación en generación?” 1. Creó entonces, la Escuela de Náutica y Minería en 1797, la Escuela de Dibujo en 1799 y la de Pintura en 1801. Fundó también la Sociedad Patriótica, literaria y económica; promovió los cursos de medicina, química, y anatomía; propuso el establecimiento de escuelas de primeras letras en todas las parroquias de las ciudades y de la campaña donde los jueces debían obligar a los padres a enviar a sus hijos las mismas y los párrocos difundir el proyecto.
En sus memorias expuso “...en este país hay infinitas materias primas que tenemos y podemos tener con nuestras industrias, pueden proporcionar mil medios de subsistencia a estas infelices gentes e inspirarles amor al trabajo, pues en un pueblo donde no reina éste, decae el comercio y tomo su lugar la miseria. (...) Igualmente se deben poner escuelas gratuitas para las niñas donde se les enseñaría la doctrina cristiana,
a leer, a escribir, coser, bordar, y principalmente inspirarles amor al trabajo (...) criadas de esta forma serían madres de una familia útil y aplicada”2. Para Belgrano la educación era el origen de la felicidad pública y del progreso.
En medio de su fervorosa actividad se inició el proceso revolucionario en Hispanoamérica. En Buenos Aires se conformó la Primera Junta (1810) de la cual Belgrano fue vocal “sin saber cómo ni por dónde” –según sus memorias-, pero con el objetivo claro de “corresponder a la confianza del pueblo” y trabajar por el bienestar común. Su accionar desde la Primera Junta fue consecuente con su labor en el Consulado, avanzando en un diagnóstico educativo:
“No es fácil hallar la felicidad pública hallándosela educación en un estado tan miserable, que aun en las mismas capitales se resienten a su falta. Los ha habido, los hay, es a saber escuelas de primeras letras, pero sin constituciones formales, sin una inspección del gobierno y entregadas acaso a la ignorancia misma, y quien sabe si a los vicios; es preciso lastimarse de esta situación, la deben saber nuestras autoridades constituidas, y prevenir las funestas consecuencias que deben resultar de estado tan lamentable”3.
Sostuvo entonces la idea de la superación de la sociedad a partir de la educación:
“Debemos tratar de atender una necesidad tan urgente, establecimientos de enseñanza, para cooperar con la ideas de nuestro sabio gobierno a la propagación de los conocimientos, y formar al hombre moral, al menos con aquellas nociones más generales y precisas que en adelante puedan ser útiles al Estado y seguir a mayores fomentos en ramos tan precisos...”4.
A partir de esta concepción fundó en 1810, la Escuela de Matemáticas reconociendo que “uno de los principales medios que se deben adoptar son las escuelas gratuitas. Allí la gente debe mandar a sus hijos sin tener que pagar cosa alguna por la institución”5.
1 BELGRANO, Manual Autobiografía, Comisión Nacional Ejecutiva del 150º Aniversario de la Revolución de Mayo. La revolución de mayo a través de los impresos de la época. Buenos Aires, 1965.
2 SOLARI, Manuel H. Historia de la educación argentina. Paidos Educador, Buenos Aires, 15a.2000. pp. .39.
6 VALVERDI, Graciela Noemí. La Revolución de Mayo y las transformaciones de la estructura educativa. Trabajo de tesis presentado en la U.C.A. La Plata, 1996. pp. 22.
4 VALVERDI, OP CIT. pp. 23.
5 VINKER, Luis. “Belgrano, el educador”, en diario Clarín, 19 de junio de 1999. pp. 47.
Al poco tiempo, la Asamblea General Constituyente lo premió en 1813 por su victoria en la Batalla de Salta con un sable con guarnición de oro y la donación de 40000 pesos. A tan elevada distinción respondió:
“...he creído propio de mi honor y de los deseos que inflaman por la prosperidad de la patria, destinar los expresados cuarenta mil pesos para la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras, en que se enseña a leer y escribir, la aritmética, la doctrina cristiana y los primeros rudimentos de los derechos y obligaciones del hombre en sociedad así a esta y al gobierno que la rige; en las cuatro ciudades, a saber: Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero, bajo el reglamento que pasaré a V. E...”6.
La Gaceta dio a conocer es su totalidad dicho reglamento, que constó de veintidós artículos. Algunos de sus puntos más importantes determinaban destinar el monto para los materiales didácticos necesarios y para los niños pobres, en caso de sobrar dinero se realizarían premios que estimulen el aprendizaje de los jóvenes; también establecía el carácter estatal de las instituciones con administración del ayuntamiento y la elección de los maestros se establecía bajo estricto control del Estado a partir de una pública convocatoria. Se limitaba el autoritarismo pedagógico colonial y sobre la conducta del maestro se recomienda que debe inspirar el amor al orden, respeto por la religión, moderación y dulzura en el trato, amor a la virtud y a las ciencias, horror al vicio, inclinación al trabajo, desapego al lujo de comer, vestir, y un espíritu nacional que les haga “preferir el bien público al bien privado, y estimar en más calidad al americano que al extranjero”.
Sin embargo, la obra de Belgrano como pedagogo es poco conocida. La denigración de los sectores populares era requisito fundamental para la instauración de coloniaje cultural y económico. El proyecto belgraniano no logró imponerse, por el contrario, resultó imperante el proyecto de la burguesía comercial porteña –aliada luego a los terratenientes pampeanos- quien construyó un sistema educativo que, lejos de fortalecer lo nacional, lo denigraría como “bárbaro, incivilizado e inculto”.
La clase dominante creó su propio relato del nacimiento del sistema educativo. Silenció la obra de Belgrano, ubicando los antecedentes de la gestión de F. Sarmiento en el período rivadaviano. Admirador de la cultura europea, Rivadavia fundó la Universidad de Buenos Aires (1821), pero lejos de ser pensada como una herramienta de instrucción popular -como habían soñado Belgrano, San Martín o Moreno- la concibió como una institución en la cual se formase la elite.
La generación del ´37 cuestionó la concepción elitista de aquellos liberales ya que consideraban que para la instauración de una República era necesario ilustrar al pueblo. Pero no reconoció que el mismo, era portador de valores y de una cultura propia; como sostendría Juan B. Alberdi, debía ser educado en la “cultura francesa, laboriosidad inglesa y eficacia norteamericana”.
Sarmiento implementó en gran medida este proyecto. Compartía la creencia de que la población mestiza e indígena eran sinónimo de barbarie. En 1847 visitó Estados Unidos y quedó deslumbrado con el sistema de enseñanza pública sustentado en la pedagogía moderna; decidió impulsar la inmigración anglosajona convencido que, con ella, vendría el progreso cultural y educativo. En sus textos, tales como “Educación popular” (1849) sostenía que la educación racional y científica elevaría la cultura del pueblo y lograría una población industriosa. Pero, para esto, había que diferenciar previamente entre aquellos sectores “educables” de los no “educables”. Su práctica política fue coherente con estos postulados ya que participó en las represiones de las
6 VALVERDI, Graciela Noemí. La Revolución de Mayo y las transformaciones de la estructura educativa. Trabajo de tesis presentado en la U.C.A. La Plata, 1996. pp. 24.
montoneras gauchas llevadas a cabo bajo la presidencia de Mitre. En 1861 en una carta al Presidente escribió: “Se nos habla de gauchos… La lucha ha dado cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de gauchos… es lo único que tienen de humanos. Este es un abono que es preciso hacer útil para el país. La
sangre de esta chusma criolla, incivil, bárbara y ruda, es lo único que tiene de seres humanos”7.
En contraposición con esta lectura autodenigratoria, cabe rescatar los comentarios que pocas décadas después realizaría el médico español Bialet Maseé. En una conferencia llamada “Cuatro verdades sobre enseñanza secundaria” afirmaba: “Aquí recibimos sin beneficio de inventario todo libro que nos viene de Europa...no importa que sea del ultra reaccionario Donoso Cortés; es europeo y envenene o no nuestras ideas, bienvenido sea”8. Por encargo de Joaquín V. González -por entonces ministro de Julio A. Roca- este erudito realizó un informe detallado sobre las condiciones del trabajo, de la población obrera en general, de las industrias y de los sindicatos. Luego de recorrer las provincias del interior reflexionó:
“1º el error y la falta de fundamento del menosprecio con que se ha mirado al obrero criollo; 2º el error gravísimo con que se ha procedido y procede en materia de inmigración y colonización atendiendo exclusivamente al elemento extranjero dejando de lado al criollo, mucho más eficaz y valiosa; 3º la necesidad de legislar para el hijo del país, mirando su desarrollo y bienestar,..Y la primera y más grande afirmación que creo poder hacer es: que he encontrado en toda la República una ignorancia técnica asombrosa, más en los patrones que en los obreros” 9.
Pero lejos de esta mirada, Sarmiento y los hombres de su época insistían en el carácter bárbaro de nuestros paisanos. Aquellos educables debían ser incorporados a la educación básica y los insalvables eliminados. Desde el mismo marco ideológico Bartolomé Mitre priorizaba la educación secundaria para la elite, dedicando sus esfuerzos en la creación de escuelas tales como el Colegio Nacional Buenos Aires. En continuidad con la política rivadaviana, Mitre estaba convencido de la importancia de la formación de una pequeña minoría que llevara adelante los destinos del país para vencer definitivamente a la barbarie. Completó su proyecto en 1864 con la creación de Colegios Nacionales en Catamarca, Tucumán, Mendoza, San Juan y Salta.
Ya en 1880, en el contexto de la consolidación de la Argentina agroexportadora
-periférica y dependiente de Gran Bretaña- se profundizaron las políticas e ideas sarmientinas. La llegada de italianos y españoles en su mayoría, pero también de franceses, alemanes, turcos, crearon una compleja realidad donde primaba la heterogeneidad étnica y cultural. Los distintos idiomas y costumbres ponían en peligro la formación de la identidad argentina. Para la elite resultó necesario moldear la “nacionalidad argentina”, unificar creencias, vocablos, historias; a la vez que formar ciudadanos obedientes y trabajadores industriosos.
En este contexto, en 1882 se desarrolló el Primer Congreso Pedagógico Sudamericano, en el cual tuvo una participación destacada Sarmiento. Luego de un arduo enfrentamiento con la facción católica, el laicismo se impuso. En 1884 se sancionó la Ley 1420 que determinó la educación gratuita, laica y obligatoria.
7 Carta a Mitre de 20 de septiembre de 1861.
8 GALASSO, NORBERTO (Cdor) Los Malditos Hombres y Mujeres excluidos de la historia oficial de los argentinos. Buenos Aires, Ediciones Madres de Plaza de Mayo, 2005. Tomo I. pp. 70.
9 GALASSO, N. Íbidem. Tomo I. pp. 71-72.
De esta manera, la escuela –al igual que Europa- se convirtió en uno de los dispositivos de poder de la clase dominante mediante el cual se fueron forjando gran parte de los discursos de verdad que calaron muy hondo en la educación argentina: el divorcio con la realidad cotidiana, la denigración de lo nacional, de la población autóctona y mestiza y la imposición del relato de la historia oficial mitrista.
Así, la historia de los grandes héroes, de las minorías ilustradas europeizantes se impuso como discurso único. Un pasado incompresible, lleno de experiencias individuales y legitimadora de los proyectos de dominación neocolonial. Bajo la protección del dominio británico, Rivadavia y Mitre se convertirían en héroes nacionales; mientras el Chacho Peñaloza, Felipe Varela y tantos otros americanos que lucharon por la Patria Grande desaparecieron de las páginas de los libros de historia.
Por otro lado, las prácticas pedagógicas se insertaron en la corriente normalista, centradas en la educación enciclopedista, memorística, donde el docente era el dueño del saber que debía ser transmitido al alumno. El control de los cuerpos -al decir de M. Foucault- se encontraba presente en diferentes características tales como la distribución de los pupitres orientados hacia el docente, el timbre –símil de la sirena de la fábrica- indica el control de los tiempos, la formación y el silencio obligado y el guardapolvo que uniforma y homogeniza a todos los alumnos.
El poder disciplinario actúa en la escuela normal a través de la figura del maestro. Afirmaba Sarmiento que el docente lleva “a las extremidades de la vida intelectual y al medio del desierto la cultura que se agita en los centros (…) el maestro de escuela, al poner en manos del niño el silabario, lo constituye miembro integrante de los pueblos civilizados del mundo (…) separarse irrevocablemente de la masa de la creación bruta”10.
Sin embargo, durante el siglo XX surgieron diversas concepciones que cuestionaron estos postulados fundacionales y se llevaron a cabo prácticas pedagógicas basadas en propuestas tales como la escuela nueva, la educación personalizada, la psicología genética y cognitiva. Pero la tradición normalista del sistema educativo argentino siguió siendo dominante hasta mediados del siglo XX donde emergió, junto a un nuevo movimiento político que propuso una profunda reforma educativa.
Durante los gobiernos peronistas (1946-1955) las propuestas pedagógicas intentaron transformar los cimientos de aquella educación liberal. El Primer Plan Quinquenal destacaba la importancia de buscar una filosofía educacional que combinara el materialismo y el idealismo, entendiendo que era necesario democratizar la enseñanza considerada patrimonio para todos. La reforma peronista criticaba la falta del sentido nacional y la persistencia del enciclopedismo, por lo tanto, enfocó la formación para el trabajo y la participación en la vida social. En este contexto, se estableció la enseñanza práctica y profesional en el nivel medio. Nacieron así, las escuelas técnicas, escuelas de oficios y la Universidad Tecnológica Nacional. Por otro lado, para ofrecer espacios de participación a los jóvenes se le otorgó gran importancia a las actividades deportivas y recreativas.
Luego del golpe de Estado que derrocó a Perón, la reforma política educativa peronista fue anulada con la argumentación de que tenía un fuerte contenido de adoctrinamiento político. Con la desperonización impulsada en 1955 se retornó al modelo liberal tradicional.
En la década del ´60 la creciente influencia de la Escuela Nueva y de la corriente freudiana, pusieron en relieve una orientación hacia el “didactismo”. La década del ´70 se caracterizó por la polémica y el cuestionamiento al sistema educativo. Proliferaron
10 SOLARI, Manuel H. Historia de la educación argentina. Buenos Aires, Paidós Educador, 1972. pp. 150-151.
libros de autores nacionales donde primaba la reflexión sociológica sobre los problemas pedagógicos políticos que referían a la necesidad de convertir a la educación en herramienta de liberación. Pero el golpe de Estado de 1976 interrumpió de forma abrupta el debate político educativo, imponiendo la censura y represión para la instauración de los valores y principios que consideraban adecuados.
La crisis de la escuela moderna: entre el proyecto neoliberal y la construcción de una escuela popular
En 1976 se inició uno de los capítulos más dolorosos de la historia argentina. El terrorismo de Estado presentó como principal objetivo el disciplinamiento de los sectores populares y de la sociedad en su conjunto, a fin de reestablecer el orden social que garantizara el funcionamiento del sistema capitalista11 en su fase neoliberal. El sistema educativo no se encontró excluido de este proceso. La escuela fue concebida como el ámbito propicio para “la observación plena de los principios éticos y morales”,
especialmente los valores “occidentales y cristianos”. Estos discursos de verdad instaurados por las Fuerzas Armadas, pueden observarse en los documentos oficiales del Ministerio de Educación y las resoluciones dictadas para las instituciones escolares. Allí, se establecía que la bibliografía utilizada garantizaría “el respeto por la moral cristiana, instituciones del país símbolos y próceres nacionales, defensa de la seguridad soberanía nacional y seguridad interna…”12. También se advertía que “el poder de penetración en la esfera emocional del alumno, capaz de predeterminar su conducta futura”13. De esta manera la escuela pasó a tener un rol fundamental para la eliminación “de los vicios” de la sociedad, tal como declaraba la Proclama del 24 de marzo de 1976. La dictadura persiguió a docentes, maestros, estudiantes; también censuró libros, materiales de estudio y prácticas pedagógicas contrahegemónicas. Las Fuerzas Armadas aplicaban detenciones clandestinas, que junto a la vigilancia pública permanente y la propaganda política se constituyeron en dispositivos de control material de la población.
El proyecto pedagógico buscó la modernización basada en el conductismo y la tecnocratización del sistema educativo. “La libertad tiene como precio el previo establecimiento del orden”, afirmaba Bruera, Ministro de Educación. Esta retórica prolibertaria se contradecía con el autoritarismo pedagógico y político del accionar ministerial. En 1977 se aprobó el Proyecto Nacional donde se configuraron los rasgos más importantes de la política educativa bajo una fuerte influencia del catolicismo conservador. Frente al diagnóstico de crisis espiritual de la nación, la decadencia y desjerarquización social, se presentaba como necesaria la renovación de los hábitos mentales y adecuación de las conductas basada en la moral cristiana. Nada más indicado que la institución educativa para llevar adelante una tarea de tal envergadura. En este esquema, el Estado ocupaba un lugar subsidiario donde la Iglesia y la familia obtenían un lugar protagónico.
En el plano administrativo se inició el traspaso de las escuelas a las municipalidades y las provincias sin los fondos necesarios para su mantenimiento. Esto provocó la aceleración de la privatización de las instituciones. Las Universidades Nacionales también sufrieron el avance conservador: arancelamientos, cupos limitados, exámenes de ingreso, cierre de casas de estudio, fueron algunas de las medidas llevadas a cabo.
11 O´DONNEL, Guillermo. El Estado Burocrático Autoritario. Triunfos, derrotas y crisis. Editorial Belgrano, Buenos Aires, 1982.
12 Resolución Ministerial Nº 2271/76, del Ministerio de Educación, 1976.
13 Directiva Nº 639/78 de la Subsecretaría de la Educación. 1978.
Ya en democracia (1983) la herencia de la dictadura dejó una pesada herencia para el pueblo argentino. La política económica neoliberal produjo un lento pero constante achicamiento del Estado y de todas sus funciones. Dentro de este contexto, el sistema educativo fue nuevamente reformado. El “fin de la historia” profetizada por F. Fucuyama, la muerte de las ideologías, se imponía en los años ´90 como discurso hegemónico. Los medios de comunicación -desarrollados vertiginosamente desde la década del ´70- se constituyeron en dispositivos fundamentales de la creación de esta hegemonía cultural.
De esta manera, se fue configurando un “pensamiento único” que junto a las políticas neoliberales y neoconservadoras atravesaron a la sociedad en general y al sistema educativo en particular. El desmantelamiento del Estado de Bienestar fue acompañado por un proceso de exclusión educativa de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. ¿Herencia sarmientina considerar parte de la población argentina como “no educable”? Los sectores populares quedaron expuestos al fracaso escolar, la deserción o una calidad educativa paupérrima comparada a aquellos que podían acceder a la compra de la educación como una mercancía. La polarización educativa se tradujo entonces en polarización social.
En un nuevo modelo de acumulación rentístito-financiero la clase obrera fue fuertemente perjudicada. El desarrollo del capital financiero sumado a la revolución tecnológica y la robotización, disminuyó notablemente la demanda de mano de obra industrial. ¿Para qué educar entonces? ¿Para qué formar obreros industriales si no hay un modelo de país industrial? La Ley Federal de Educación (24.195, año 1991) siguió las directivas del Banco Mundial mantuvo como objetivos disminuir la responsabilidad del Estado como proveedor de la educación pública, avanzar en el establecimiento de aranceles en diferentes niveles y transferir los establecimientos nacionales a jurisdicciones menores (Ley de Transferencia 24.049).
La transformación educativa destruyó la escuela industrial mientras que el neoliberalismo desarticuló la industria nacional. Reapareció el analfabetismo –flagelo que había sido desterrado de nuestro país- mientras que aumentaron vertiginosamente los índices de delincuencia infanto-juvenil. Hacia el 2001 el analfabetismo superaba el 15 % de nuestra población entre los mayores de 14 años y el promedio nacional de la
deserción educativa alcanzaba el 35 %14. A su vez, fortaleció las ideas sarmientinas instaladas ya en el sentido común de los argentinos. Tal como afirma María Teresa Sirvent se generó no solo una pobreza material sino también una “pobreza de comprensión o de entendimiento (…) que nos dificultan el manejo reflexivo de la información y la construcción de un conocimiento crítico sobre nuestro entorno cotidiano”15. Esta manera a-crítica de ver la realidad legitimó la injusticia social y la falta de alternativas. Categorías, conceptos, formas de entender nuestro entorno que desmovilizaron e incentivaron la apatía política. Discursos de verdad arraigados como nuevas zonceras: “achicar el estado es agrandar la nación”, “no se puede dejar de pagar la deuda externa”, “el mercado lo resuelve todo”. Este análisis convirtió a las víctimas en victimario, encontró al pobre como chivo expiatorio de la pobreza.
Pero el dinamismo de la historia abre siempre un nuevo capítulo. El 2001 fue un punto de inflexión donde el neoliberalismo mostró sus límites económicos, políticos, y también ideológicos. Se comenzaron entonces, a tomar medidas tendientes a revertir el proceso de desigualdad educativa, tales como la derogación de la Ley Federal y la
14 PUIGRÓS, Adriana Qué pasó en la educación Argentina. Desde la Conquista hasta el menemismo.
Editorial Kapeluz, Buenos Aires, 2000. pp. 125.
15 SIRVENT, María Teresa. “El valor de educar en la sociedad actual y el talón de Aquiles del pensamiento único” en Revista Nueva Tierra, Buenos Aires, 2001. pp. 22.
sanción de la Ley Nacional de Educación (2006). Esta reforma abrió caminos para el cambio curricular y también generó espacios para el desarrollo de nuevas experiencias educativas. Pero las tensiones existentes entre los modelos pedagógicos populares y las propuestas elitistas surgidas en la etapa de la emancipación continúan aún vigentes; al igual que la tensión entre la defensa de la soberanía nacional y la reconstitución de nuevas formas de neocolonialismo. La educación, central en la construcción de las identidades que atraviesan al conjunto del pueblo argentino, tiene un rol fundamental en esta lucha.
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Esteban Bullrich y las paradojas de una reforma histórica
El actual Ministro de Educación, Esteban Bullrich, será candidato en las próximas elecciones. Funcionario que fue el encargado del proceso para desmantelar la escuela pública. En la siguiente nota María Luján Guasp analiza la educación de calidad e icclusiva y pone en valor la candidatura de Hugo Yasky como representante de las luchas de los docentes y trabajadores/as.
Por María Luján Guasp
El sábado 24 de junio el reloj marcó las 24 hs y al fin, después de tantas idas y vueltas y de nombres que aparecían y desaparecían de los borradores de listas, pudimos conocer quienes iban a representar a los diferentes frentes y partidos políticos en las PASO de agosto de este año. Después de la publicación de las listas encontramos precandidatos que no nos sorprendieron y otros que eran esperables que estén, entre ellos el actual Ministro de Educación y Deportes Esteban Bullrich; por otro lado tuvimos la oportunidad de leer los nombres de varones y mujeres que durante mucho tiempo esperábamos que pudieran representarnos en el congreso. El caso del compañero Hugo Yasky, que hoy está al frente del colectivo de las trabajadoras y lo trabajadores nucleados en la CTA pone sobre relieve esta idea.
Se pone de manifiesto y se clarifica entonces, ante nosotros, una disputa signada por esos dos nombres que representan dos sectores profundamente antagónicos. Entiendo que la democracia se enriquece cuando se expresan todos los espacios y con ellos sus diferencias, sin embrago la elección de Bullrich no puede entenderse sino como una provocación hacia los docentes que estamos transitando un año por demás particular en relación a una paritaria nacional que nunca se abrió, la invisibilización de los acontecimientos y el blindaje mediático que recibe nuestro ministro en medio de un conflicto que no se resuelve. Entiendo que hoy Hugo Yasky no representa únicamente al colectivo docente, pero conociendo sus orígenes y su compromiso con la lucha por la defensa inclaudiclable de la Educación Pública y el Derecho a la Educación de todos y todas, no puedo dejar de preguntarme qué ideal sostiene cada uno, a quiénes benefician sus divergentes proyectos educativos y qué esperan de la educación pública.
Hace algunos días tuve oportunidad de ver un video que se viralizó en las redes donde el presidente Mauricio Macri dejaba claro en una entrevista que nunca convocaría a una candidatura para el 2017 a Esteban Bullrich ya que estaba haciendo una "Reforma Histórica". Sumando esto a todos mis interrogantes me vi forzada a hacer memoria y repasar algunas de las expresiones y manifestaciones más polémicas de nuestro Ministro de Educación para comprender a qué se refería el presidente por "Reforma Histórica". Seguramente sus palabras y sus discursos podían develar de qué se trataba esa reforma histórica y podía yo comenzar
a caracterizarla:
“Esta es la nueva campaña del desierto, pero no con la espada, sino con la educación”, "Ella (refiriéndose a Ana Frank) tenía sueños, sabía lo que quería, escribía sobre lo que quería y esos sueños quedaron truncos, en gran parte por una dirigencia que no fue capaz de unir y llevar paz a un mundo que promovía la intolerancia", “Debemos crear argentinos capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla", “En las escuelas públicas vendría muy bien que todas las religiones tengan su espacio” ,"Primero, lanzar muchas iniciativas al mismo tiempo porque el gremio focaliza. Entonces cuando el gremio focaliza y se dieron cuenta que alguna ya se implementó, van atrás de esa y avanzás con la que no habías avanzado". Y remató: "Un partido de ajedrez o de damas medio complejo, pero que funciona".
Como si fuera poco, en el año 2005 expresó su disconformidad con la inhabilitación del represor Patti, brindando apoyo a su candidatura. Recuerdo también que en la Ciudad de Buenos Aires, siendo funcionario de la gestión de Cambiemos, implementó la polémica Inscripción On Line, dejando a miles de pibes y pibas sin vacantes, sólo en el 2016 quedaron afuera 6.000.
Puede resultar impactante si se repasan todas sus expresiones juntas, en última instancia lo que sorprende bastante es el desconocimiento sobre Educación que tiene nuestro ministro. No quisiera justificarlo pero es entendible ese desconocimiento, sobre todo si tenemos en cuenta que él proviene del sector empresarial y no es docente. En ese sentido lo que preocupa es que es él el que lleva adelante la gran Reforma Educativa que expresa Macri. Paradójicamente, el precandidato a Senador por Cambiemos insiste en pensar a la educación pública como una organización privada, hasta se nombra a él mismo como un "gerente de recursos humanos" y no como ministro, funcionario o conductor de las políticas educativas de la Argentina.
Sintetizando en pocas palabras y definiendo la "Reforma Histórica" de Bullrich logramos encontrar los siguientes conceptos: negacionismo, mercantilización de la educación, meritocracia, reproducción de las desigualdades sociales, valoración del desconocimiento, enseñanza de religiones y negación de la laicicidad de la educación pública, entre tantos otros que subyacen en su discurso. Esta reforma intenta continuar su implementación a través del proyecto presentado por Macri en el congreso denominado Plan Maestro, que elimina la Paritaria Nacional docente, desconoce la Ley Nacional de Educación, pulveriza la Ley de Financiamiento educativo, genera desigualdad salarial, vulnera el Derecho social a la educación,
desresponsabiliza al Estado Nacional generando la provincialización del sistema educativo, cambia la evaluación por control y medición, habilita al gobierno de turno a modificar unilateralmente la carrera docente y flexibiliza y precariza el trabajo docente.
Como nada es casual y "todo tiene que ver con todo", no puedo dejar de traer a la memoria una frase de la Gobernadora María Eugenia Vidal: "Cambiamos futuro por pasado", lamentablemente volvemos a escuchar discursos que creíamos olvidados y proyectos que habíamos pensado que estaban desterrados, pero no es así.
Ante esta embestida del neoliberalismo y esta derecha que no hace otra cosa que excluir, descartando a diario varones, mujeres y niños del sistema, en estas elecciones a los docentes se nos abre una esperanza, con la posibilidad de que un maestro, un compañero nuestro, que fue trabajador de la educación, que conoce, que resiste, que lucha y representa las convicciones de muchos y muchas de nosotros esté sentado en el congreso defendiendo los derechos de todos los trabajadores.
Confío en que las educadoras y los educadores estemos a la altura de las circusntancias, entendamos el gran compromiso que tenemos en estas elecciones, esta supuesta "Reforma Histórica" ya la vivimos y dejó hambre, desocupación y mucho dolor en nuestro pueblo. No cometamos los mismos errores. El 13 de junio vayamos a votar con el dni y con memoria.
“Después de treinta y cinco años de la Guerra de Malvinas aún me pregunto cómo narrar a las generaciones venideras ese acontecimiento que marcó a fuego la historia de nuestro país”, escribe como disparador de esta nota Edgardo Esteban. Periodista y Ex Combatiente de Malvinas. Un artículo para pensar la independencia y la historia reciente.
“La vida no es lo que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”. Gabriel García Márquez
Después de treinta y cinco años de la Guerra de Malvinas aún me pregunto cómo narrar a las generaciones venideras ese acontecimiento que marcó a fuego la historia de nuestro país. Es un desafío proponerme relatar esos momentos vividos a los y las jóvenes que tengan la inquietud de entender esa etapa de la Argentina llena de sentimientos encontrados. Siempre intenté contar la experticia de Malvinas sabiendo que no es la única. Hay tantos relatos como protagonistas de la guerra de 1982. Éstos, nos ayudan a ir reconstruyendo, a pensar sobre las razones que dieron lugar al conflicto bélico y reflexionar acerca de los errores y los aciertos de nuestra propia historia, la que nos conforma como argentinos. Malvinas es parte de nuestras contradicciones, porque simboliza un justo reclamo de soberanía y, al mismo tiempo, una guerra absurda llevada a cabo por una dictadura militar que utilizó un legítimo reclamo dándole un nuevo y controvertido significado a la “Causa Malvinas”.
Cómo no recordar el fervor patriótico que generó el 2 de abril de 1982, el anuncio de la recuperación del territorio usurpado por los ingleses en 1833. Una Plaza de Mayo colmada con los colores celeste y blanco, en la que participaron, junto a miles de ciudadanos, reconocidos dirigentes políticos y sindicales. Se aclamó al general Leopoldo Fortunato Galtieri, que decía “si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”. Este apoyo casi generalizado que tuvo la decisión de recuperar las Islas Malvinas, impidió asumir la derrota y debatir la utilización política de la causa Malvinas por parte de un gobierno de facto que venía desarrollando desde 1976 una política sistemática de terrorismo de Estado. Luego vendría el 14 de junio, el final de la guerra y la derrota, esa misma sociedad que apoyó el intento de recuperación de las islas, quiso prender fuego la casa Gobierno, echó a Galtieri y no volvió a hablar más del tema. Malvinas cerró el capítulo de la dictadura y fue un factor decisivo para la re instauración de la democracia.
Los recuerdos de la guerra son imborrables, están siempre. Aquellas postales de abril a junio de 1982 quedaron grabadas a fuego en la mente de los soldados que contábamos con tan solo dieciocho años. Para los que estuvimos en Malvinas, la guerra fue una experiencia crucial que nos hizo crecer de golpe, al conocer la muerte que nos acechó durante los setenta y tres días que duró el conflicto bélico. Las heridas siguen abiertas y los recuerdos intactos, y cada mañana laten profundo en la consciencia. Es por eso que intento alejarlos, aferrándome a la vida.
A lo largo de estos años, traté de rescatar la parte humana de la experiencia vivida en aquellos días en las islas, a pesar de que muchos intentan aún hoy silenciarla, callarla o esconderla. Pensar en la guerra no es sólo profundizar lo vivido en combate, sino lo que vino después, al regreso. La posguerra fue llegar escondidos por nuestros superiores e implicó un desafío constante por reinsertarnos en una sociedad que nos daba la espalda. Era ajena, distante y parecía ignorarnos. Fue el comienzo de un doloroso camino de reinserción acompañado de sentimientos destrozados por el horror vivido. El regreso fue cruel, en silencio y a escondidas. La bienvenida quedó para el hogar. Durante varios años, en los inicios de la democracia, hubo un acuerdo tácito para olvidar la guerra, era una carga demasiado pesada. Emulando sus prácticas con los desaparecidos, los militares intentaron esconder a los que habíamos regresado, y nos prohibieron hablar sobre lo ocurrido durante el conflicto bélico. Querían que calláramos, y en consecuencia olvidar. Pero expresar lo que habíamos vivido era el primer paso, necesario para exorcizar nuestro infierno interior y empezar a curar las heridas. Así el dolor, las cicatrices, las humillaciones, la frustración, el desengaño y la furia, quedaron dentro de cada uno de nosotros hasta tornarse, en varias ocasiones, insoportables.
Nuestra sociedad aceptó el hecho de la guerra pero le costó mucho tiempo poder preguntarse los por qué de esa guerra. Fue ajena, distante y parecía ignorar a los ex combatientes. El silencio nos empujó hasta el límite y, en muchos casos, hasta el suicidio. Es por eso que ya son más de 500 los veteranos que se quitaron la vida superando a los muertos en combate. Además de ser los grandes derrotados, parecíamos los responsables de ese fracaso al que llegamos por decisión militar (en este último año se produjeron 22 casos más de suicidios de ex combatientes). La posguerra fue un volver a empezar con la carga de una experiencia que nos partió en dos, de alguna forma se combatió a los propios soldados, dándonos en buena parte la espalda, obligándonos a la marginación, al olvido, a la indiferencia.
A nuestros 18 años en plena dictadura cívico-militar, en medio del horror y de la muerte de la guerra, pensar era lo que se pretendía prohibir, el silencio y la no libertad eran impuestos y nos vedaban la posibilidad de expresarnos y debatir. El silencio se convirtió en parte de nuestra rutina, vivíamos en un constante clima de omisión, todo se tapaba, todo se ocultaba.
Por suerte la democracia que vamos consolidando permite a las nuevas generaciones expresarse en libertad, pensar, participar, militar (cuántas palabras que para nosotros eras prohibidas), construir un camino sin muerte, sin sangre, sin guerras.
Siento una sana envidia cuando observo a la generaciones venideras, debaten, fundamentan sus pensamientos y disidencias o te marcan su natural rebeldía en absoluta libertad.
Quisiera que mis hijos puedan crecer sin mis cruces, sin mis fantasmas, sin mi angustia, sin mis silencios, sin el temor a las bombas, sin el recuerdo de la turba mojada, del frío austral, del hambre, de la mirada de muerte. ¿Quién piensa en morir a los 18 años?. Tener presente ese pasado ojalá sirva para evitar cometer los mismos errores. Para los que estuvimos como soldados en Malvinas transmitir a los jóvenes ese pasado es también darnos la oportunidad de resistir e intentar dejar ser sobreviviente de la guerra. Escribir es la forma de sanar, liberar, y en mi caso, fue el mejor remedio para calmar el pesar, sostenerme en la vida y edificar este camino que a lo largo de los años he construido. Conocer nuestra propia historia, pensarla, revisarla, interpretarla, es tarea de los que vienen. Indagar, meterse en el pasado para salir adelante, para crecer y hacer un futuro es parte de la juventud. El futuro se construye con las utopías, los sueños y la rebeldía que tienen los jóvenes, como el espejo retrovisor, transmitir el pasado para invitar a pensar la historia reciente y ejercer a pleno nuestra ciudadanía de manera responsable y activa.
Lo que no nos puede pasar como argentinos es olvidar. Una sociedad jamás será justa si no tiene memoria y ésa es una batalla que exige una tarea cotidiana.
Por Memoria, Verdad y Soberanía de nuestras islas Malvinas.
Hernán Sabbatella nos trae la propuesta de Unidad Ciudadana en Morón, un espacio plural y diverso que es la expresión de miles de moronenses que quieren tener un presente y un futuro mejor. En esta nota cuenta en primera persona los desafíos cotidianos para recuperar la calidad de vida de todos y todas.
Presentamos la lista de Unidad Ciudadana en Morón, un espacio plural y diverso que es la expresión de miles de moronenses que queremos tener un presente y un futuro mejor.
Vivimos cada día peor, los vecinos y vecinas viven en una ciudad cada vez más insegura, cada vez cuesta más llegar a fin de mes, hay más desocupados, menos trabajo, más inflación y tarifazos. Eliminan las pensiones por discapacidad y les sacan los medicamentos gratuitos a nuestros adultos mayores. El Hospital Municipal carece de insumos básicos. Se eliminaron las políticas de transparencia institucional que habían caracterizado a Morón. Se invierte menos de la mitad de lo presupuestado en seguridad. Están destruyendo la industria nacional y las pymes moronenses están sufriendo este modelo económico que también se siente en el comercio de barrio y en cada uno de nuestros hogares.
En un año y medio sufrimos un enorme retroceso en nuestros derechos y el desafío es que juntos y juntas pongamos un freno a Tagliaferro y a su insensibilidad.
Estamos muy orgullosos de esta lista de unidad y con el liderazgo de Cristina queremos asumir esta responsabilidad histórica. Por eso somos muchos y muchas, quienes desde distintas tradiciones y pertenencias políticas, nos sumamos a esta propuesta, como Rodolfo García Silva y Mariano Albistur Villegas, quienes desde el radicalismo y el peronismo tambien quieren hacer su aporte a esta propuesta amplia. Es posible y urgente la construcción de un Morón, una provincia y un país más justo y democrático.
Queremos volver a vivir mejor. Para eso es importante en Morón tener mayor representación legislativa en el Concejo Deliberante y en el Consejo Escolar, instituciones fundamentales para sumar mayor control a la gestión de Cambiemos y equilibar las fuerzas, para evitar el ejercicio abusivo y discrecional de las competencias municipales por parte de Tagliaferro.
Esta no es la Argentina que queremos. Este no es el Morón que soñamos. Merecemos un presente y un futuro mejor.