He de admitir que los memes del mundial no están tan mal. El numero 19 esta re bueno jajaja
Y los datazos de Islandia, si son posta, están mortales. Alto ejemplo para tener en cuenta, ¿no?
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Y los datazos de Islandia, si son posta, están mortales. Alto ejemplo para tener en cuenta, ¿no?
La Mancha del final
Último número de La Mancha tal y como la hemos conocido hasta ahora. Concluye la presidencia de Mónica Macha de la Comisión de Libertad de Expresión del Senado bonerense y con este ciclo se cierra también un momento de La Mancha. En este editorial Mónica recuerda cómo nació el proyecto y nos cuenta los nuevos desafíos que nos esperan. La Mancha se transforma hacia el futuro.
Por Mónica Macha
Y un día llegó La Mancha del final. Fueron diecinueve números de comunicación popular. O mejor dicho, fueron diecinueve intentos, diecinueve encuentros, diecinueve territorios que exploramos de la mano de muchísimos compañeros/as que se animaron a pensar en acto las formas de la comunicación contra hegemónica, crítica y popular.
La Mancha nació como un proyecto cuando me tocó asumir la presidencia de la Comisión de Libertad de Expresión del Senado bonerense en diciembre de 2015. Entonces creímos que ante el blindaje mediático, ante la intensificación del discurso único y la violencia simbólica era necesario inaugurar un espacio para hacerle un lugar a todas las palabras e imágenes que no circulaban en los medios oficiales, hegemónicos y masivos. La Mancha nació para que todos y todas pudieran tomar la palabra pública y pudieran hacerse escuchar, La Mancha fue el intento por escribir la historia subterránea y sublevada de los pueblos con un trazo popular.
Hoy, diciembre de 2017, dejo la Presidencia de la Comisión de Libertad de Expresión del Senado bonaerense pero también finaliza mi mandato como senadora provincial. Hasta acá entonces llegó La Mancha tal y como la hemos conocido hasta hoy. Asumo una banca en la Cámara de Diputados de la Nación para representar los intereses populares. Nuevos desafíos legislativos y horizontes de lucha se forman en nuestro camino y hacia ahí vamos a ir con las ganas, la organización y la esperanza con la que siempre nos hemos movido. Los nuevos objetivos y las nuevas responsabilidades dictarán los nuevos proyectos.
Hasta acá fueron más de 200 notas que realizamos en La Mancha. Es decir, fueron más de 200 preguntas y 200 posibles respuestas las que hemos trabajado sobre el derecho a la comunicación y la libertad de expresión. Además de talleres y jornadas organizadas en distintos puntos de la Provincia. Nos cargaremos de futuro para seguir trabajando por la transformación social.
Tres preguntas a Eduardo Rinesi
Le hicimos tres preguntas a Eduardo Rinesi y salieron cientos de ideas sobre la gestión del macrismo, el desprecio por la libertad del actual gobierno, las políticas neoliberales y neoconservadores, y los peligros del discurso único. Un Rinesi en plena potencia intelectual y política para entender los tiempos que corren.
–Hace un tiempo te escuchamos decir que te interesaba el desafío de "construir democráticamente una idea de pueblo". ¿Cómo pensás que puede darse hoy esa construcción en el marco del avance de políticas que perjudican a las grandes mayorías?
–No recuerdo en qué contexto puedo haber usado esa expresión, que de todas maneras me parece que indica uno de los desafíos que sin duda tenemos hoy en la Argentina, precisamente en el marco del avance de esas políticas a las que te referís, fuertemente regresivas, fuertemente lesivas de los intereses populares. ¿Pero qué son los “intereses populares”?: ésa es la cuestión. ¿Cuál es, cómo está compuesto, quiénes integran ese “pueblo” cuyos intereses, decimos –y decimos con razón– están siendo tan severamente castigados por las políticas del gobierno actual de nuestro país? ¿Es uno el pueblo que sufre ese castigo, y otro el que, sin embargo, y para nuestro desconcierto y a veces hasta nuestra indignación, vota sin embargo, como viene de hacerlo no una sino dos veces, a lo largo del último par de años, al gobierno que diseña e implementa esas políticas? ¿Cómo pensar este problema? Ahí me parece que podríamos distinguir dos asuntos, dos desafíos. Uno es del orden de lo que me permitirás llamar “la extensión” del concepto, de la palabra, de la categoría de “pueblo”. Que, como se ha dicho tantas veces (Ernesto Laclau solía repetir esta idea, que estaba en la base del interés que para él tenía la famosa categoría de “populismo”, tan vapuleada), nombra a veces al “todo” de un cierto conjunto social, como cuando decimos, qué sé yo, “Al pueblo argentino le gusta el dulce de leche”, queriendo decir que a todos los argentinos nos gusta el dulce de leche, y designa en otros usos a una cierta “parte” de ese todo, como cuando decimos, ponele, “El pueblo está harto de la arrogancia de los ricos”, frase en la que evidentemente la palabra “pueblo” no nombra a todos, empezando porque no nombra, en primer lugar, a esos ricos. Quiero decir: que a veces la palabra pueblo es totalizante e inclusiva, y a veces es más restrictiva y delimitada.
Pero además, incluso cuando la usamos en ese segundo sentido, la verdad de la milanesa es que la palabra pueblo, incluso –insisto– como designación de una cierta “parte” del “todo” de la sociedad, no designa nunca un sujeto de contornos claros y precisos, perfectamente definidos y que permitieran claramente separar a ese sujeto de algún otro o de algunos otros, a los que eventualmente podría nombrarse de otro modo: anti-pueblo, oligarquía, qué sé yo… Hemos aprendido que la cosa es más complicada. Que el “pueblo” no es una categoría sociológica ni económica ni estadística que pudiera pensarse como el conjunto de los individuos que tienen tales o cuales ocupaciones en el mundo del trabajo, o que ganan menos de tanta plata todos los meses, o que tienen tales o cuales gustos estéticos o tales o cuales consumos musicales o tales o cuales creencias religiosas. Que el pueblo es una categoría política, y que exactamente por eso sus límites son siempre difusos, movedizos, problemáticos. Por eso (sea cuando sea que haya usado esa frase a la que te referías en tu pregunta) debo haber hablado de la “construcción” del pueblo. Porque el pueblo no es un sujeto colectivo autoevidente, objetivo, cerrado, seguro de sus propios límites y de su propia composición, sino el resultado de un permanente proceso de construcción o auto-construcción. Cuando, movidos por la circunstancia que sea, nos movilizamos a la plaza para acompañar o para rechazar una medida del gobierno, o para pedir por alguna cosa o para protestar por alguna otra, y allí, en la plaza, todos juntos, nos ponemos a cantar lo que hemos cantado tantas veces: “Si éste no es el pueblo, el pueblo ¿dónde está?”, estamos diciendo algo de esto que conversamos ahora aquí: que el pueblo es siempre el resultado de un proceso de construcción, de producción o auto-producción colectiva. En nuestra casa, antes de ir a la plaza para juntarnos con otros y cantar, junto con los otros, eso, no éramos “pueblo”: éramos, qué sé yo, profesores de filosofía preparando una clase, o estudiantes de gastronomía preparando la salsa pomarola, o televidentes de la novela de la tarde o talabarteros descansando después de un día bravo en el taller. Pero no "pueblo”. Pero sentimos un llamado, vamos a la plaza, ahí nos juntamos con otros y cantamos: “Si éste no es el pueblo…”.
Entonces: el pueblo como construcción, y como una construcción que nunca es universal (el pueblo en el sentido universalista del conjunto de todos los ciudadanos, o de todos los habitantes, que es el otro sentido en el que también usamos la palabra, no necesita ser construido: está ahí, es un dato): ese es un asunto. El otro asunto al que me refería no se refiere a lo que recién llamaba la “extensión” de la categoría de “pueblo” (quiénes entran dentro de ella y quiénes no), sino a algo más complejo y, si pudiéramos decirlo así, de un orden, no sé, más cualitativo. Quiero decirte: qué es, cuáles son las dimensiones, las determinaciones, del ser social o político de los sujetos a los que me interesa pensar como formando parte de ese colectivo al que llamamos “pueblo”. Cuáles son las pasiones que definen o que caracterizan al sujeto que querríamos poder nombrar y caracterizar como “popular”. Cuáles son los valores en torno a los cuales el lazo entre los sujetos de ese sujeto colectivo al que llamamos pueblo se organiza o podría organizarse. Y cuál es el lugar de la política, de nuestra acción política, de nuestra tarea política, en esa organización. Porque sabemos bien que muchas veces el “pueblo” se ha invocado (y que muchísimas personas se han reconocido en esa invocación o en esa –como se dice– “interpelación”) en relación con valores francamente conservadores, racistas, de desconocimiento o rechazo o estigmatización del otro o de los otros, sabemos bien que la palabra “pueblo” no es garantía de que los sujetos que se construyen en las luchas políticas bajo sus auspicios promuevan el tipo de valores que nosotros consideramos inseparables de una vida pública decente o buena. Sabemos bien que los pueblos han marchado demasiadas veces a demasiadas plazas en nombre de valores o principios o consignas muy poco recuperables, y no es ese el tipo de “pueblo” cuya construcción nos interesa promover. Supongo que en eso pensaba cuando dije que se trata de construir democráticamente una idea de pueblo: en la necesidad de alentar procesos altamente participativos de construcción de una idea, una forma de organización, unas formas de conversación y de expresión pública de un pueblo sostenido sobre los valores de la tolerancia, el pluralismo, la diversidad de identidades y de ideas, la crítica de las miserias del presente y la voluntad de emancipación individual y colectiva.
–Tras dos años de la gestión de Cambiemos a nivel nacional y provincial, ¿qué balance hacés? ¿Fue una gestión neoliberal/neoconservadora previsible o hubo algo del procedimiento del macrismo que te sorprendió?
–Me parece que estamos ante un gobierno neoliberal desde el punto de vista de las políticas económicas que implementa y conservador, o si querés neoconservador (aquí habría que preguntarse qué indica exactamente el prefijo “neo”), desde el punto de vista de sus representaciones culturales, de su modo de pensar la vida social, la cultura, el orden, la familia, las libertades individuales, las sexualidades, las creencias… Quizás ese “neo” de neoconservador aluda, cuando se lo usa, a cierta cosa empresarial presuntamente moderna, que se articula de un modo muy sugerente, en el imaginario de esta gente, con una cosa muy retrógrada en todas esas materias que apuntaba. Lo que llama la atención, lo que, para usar la palabra que utilizás en tu pregunta, puede sorprender, o en todo caso a mí me sorprendió, es el grado de autoritarismo que caracteriza a esta muchachada, el desprecio de la libertad en todas sus formas del que hacen gala. Digo “la libertad en todas sus formas”, y me explico: en las últimas décadas, en la Argentina, pudimos pensar, me parece, tres grandes formas de la libertad. Una es la libertad liberal, o negativa: la libertad individual de los ciudadanos frente a los atropellos de los poderes que pueden limitarla o asfixiarla, y entre ellos, en primer lugar, frente al Estado. Esa es la idea sobre la libertad que presidió la primera etapa del ciclo de la transición a la democracia, en los 80. Otra es la libertad democrática, o positiva: la libertad de esos mismos individuos pero no ahora “de” un poder externo, “frente” al poder amenazante del Estado, sino “para” participar activamente en los asuntos públicos. Esa idea sobre la libertad, que funcionó como en sordina, como en un segundo plano, durante los años del alfonsinismo, estalló de manera muy interesante con la crisis de fin del siglo pasado, y se expresó en la idea de una democracia asamblearia, participativa, popular, de comienzos de la primera década de éste. La tercera es la libertad republicana. La libertad, no como cosa individual, sino como cosa pública. Como parte de la cosa pública. De la res publica. La idea sobre la libertad que parte de entender que ningún individuo puede ser libre, que ningún ciudadano puede ser libre, en un pueblo que no es libre. Que es esclavo, verbigracia, de una potencia extranjera, de un ejército imperial, de un organismo financiero internacional o de unos poderes comunicacionales o satelitales o tecnológicos planetarios.
Esta idea fue fuerte durante los años de los gobiernos kirchneristas. Que se preocuparon más que ningún otro gobierno antes por las libertades individuales de los ciudadanos (el día que se escriba en serio la historia del gran liberalismo político argentino el kirchnerismo deberá ocupar un capítulo central en esa historia) y que se preocuparon también por generar formas ampliamente participativas de discusión democrática en distintos ámbitos (protocolo para la sanción participativa de normas, aliento a la organización política de nuestros adolescentes en las escuelas secundarias a través de la ley de centros de estudiantes, etc.), pero que sobre todo entendieron que el sujeto de la libertad que era condición para el ejercicio de esas otras dos formas, más clásicas y más individuales, de la libertad, no eran los ciudadanos, sino que era el pueblo. “A partir de hoy, los argentinos somos un poco más libres”, dijo Néstor Kirchner el día que la Argentina le pagó el último dólar que le debía al FMI, y eso quería decir que a partir de ese día los argentinos (los argentinos en plural, como sujeto colectivo, como pueblo) éramos más independientes, más autónomos, más soberanos, y exactamente la misma frase dijo también Cristina Fernández el día que la Argentina puso en órbita el Arsat-1, y eso quería decir que a partir de ese día los argentinos éramos un poco más independientes de los grandes oligopolios de las comunicaciones del planeta. Podríamos hablar un rato largo sobre esto, que es un hermoso tema de la filosofía política, pero resumo entonces diciendo que existen, en principio, esas tres grandes formas de la libertad: la liberal, que es la de los individuos frente al Estado, la democrática, que es la de los individuos para gobernar sus propias vidas, y la republicana, que es la del pueblo entendido como un sujeto colectivo, y que por lo tanto se realiza –digamos esto de pasada– no contra el Estado ni a expensas del Estado, sino gracias al Estado y a través de él.
Bueno: lo que te quería decir es que el macrismo, en los dos años que lleva de gobierno, ha mostrado un sorprendente desprecio por las tres formas de libertad que acabo de presentar. Por supuesto, y en primer lugar, por la libertad republicana: los soi-disants republicanos argentinos no tienen la más mínima preocupación por la soberanía nacional en ninguna de sus formas ni por el pueblo como sujeto de la libertad, y ahí están, para probarlo, el desmantelamiento de la política satelital, la vuelta atrás en la política de desendeudamiento del país, el rechazo de cualquier forma de protección de la producción y la industria nacionales. Por supuesto también, en segundo lugar, por la libertad democrática: no hay aliento sino desaliento a la participación popular, deliberativa y activa en la cosa pública en un país en el que incluso las formas más elementales de ejercicio del derecho a reunirse y peticionar a las autoridades suele ser atentido a los palazos y con gas pimienta. Pero también, en tercer lugar, por la más elemental libertad liberal: por las más elementales formas de ejercicio de la libertad de los individuos, de los ciudadanos frente a los poderes del Estado. Es muy grande el retroceso que hemos experimentado últimamente en la Argentina en este campo, y que ya le es señalado al gobierno del país por los organismos internacionales ocupados de la garantía y de la vigencia de los derechos humanos, que está en grave peligro, hoy, entre nosotros. Quiero decir: que la libertad, en todas sus formas, está en peligro, hoy, en la Argentina. Y que eso debe llevarnos a preguntarnos con mucha seriedad en qué preciso sentido puede sostenerse, como se ha sostenido últimamente (como una provocación que sin duda hay que valorar como una invitación a no repetir eslóganes y a pensar las cosas) que la derecha que hoy gobierna la Argentina es una derecha democrática.
Porque el significado de esta expresión es sin duda múltiple y plural, porque la propia palabra “democracia” no tiene un significado único ni que esté a salvo de todo tipo de debates. En efecto, la idea de democracia ha sido utilizada en la Argentina, a lo largo de los últimos cuarenta años, de cinco modos diferentes. Los militares golpistas de 1976 la pensaron como el nombre de un orden, de un orden deseable y bueno, que ellos oponían, en sus discursos, a tres enemigos a los que había que combatir para defenderla: el desorden, la corrupción y el populismo. Después de la dictadura, durante el ciclo de lo que se llamó la “transición”, la democracia fue pensada más bien (segunda acepción) como el nombre de una utopía que había que alcanzar, hacia la que había que caminar, que “transitar”, y que estaba presidida por el signo de la libertad, en el sentido de la libertad negativa o liberal a la que me refería recién. Más tarde, durante la última década del siglo pasado, la democracia se pensó (tercero) como el nombre de una rutina institucional, asociada a la idea de las libertades, más que de los ciudadanos, de las fuerzas del mercado. Cuando todo eso estalló por el aire, la democracia pudo ser pensada bajo la forma de un espasmo participativo, intenso pero breve, bajo el signo de la libertad positiva o, como decíamos hace un momento, de la libertad-“para”: para participar, para gobernarnos más acá, por así decir, de nuestros representantes. El kirchnerismo, finalmente, nos invitó a pensar la democratización como un proceso: como un proceso de ampliación y profundización de libertades y derechos. Cuando uno se pregunta de cuál de estos sentidos en los que se usaron últimamente las ideas de democracia y de libertad en la Argentina es tributaria la derecha actualmente gobernante en el país, está claro, por lo menos, que esa derecha que hoy gobierna la Argentina no hereda ni la idea de democracia como utopía, ni la idea de la democracia como apuesta a la participación popular ni la idea de democracia como profundización de la libertad y los derechos. Si es una derecha democrática lo es en algún otro sentido, que, si esa palabra quiere decir alguna otra cosa además de que se trata de un gobierno elegido por el voto popular, habría que poder precisar mejor.
–¿Cómo ves actualmente el ejercicio del derecho a la comunicación, el acceso a la palabra pública y la libertad de expresión?
–Lo veo severamente amenazado. Tomo, para seguir un poco en la línea de lo que veníamos conversando, las dos palabritas que usás en tu pregunta: la palabrita “libertad” y la palabrita “derecho”. La primera corresponde a los modos más clásicos (si querés decirlo así: más “liberales”) de pensarse el problema de la comunicación o de la “expresión” de los sujetos, al paradigma preocupado porque todo el mundo tuviera la posibilidad, sin tener que temer ninguna forma de censura, de expresarse libremente en el espacio de las discusiones colectivas. La otra palabra, “derecho”, que es una palabra que estuvo muy presente en la retórica política de los procesos que caracterizaron a toda la región durante los tres primeros lustros de este siglo, y que ciertamente es una palabra que no hay que abandonar, dice la necesidad de garantizar la posibilidad de realización efectiva de un conjunto de posibilidades (la posibilidad de educarse, de tener una vivienda digna, de gozar de buena salud, de comunicarse) a través del despliegue de políticas públicas activas tendientes a sostenerla. Y además dice otra cosa: dice que los sujetos de esas posibilidades que nombramos como derechos (es decir: que decimos que tienen que poder ser ciertas y efectivas para todo el mundo) son tanto los individuos, los ciudadanos, digamos, considerados individualmente, como el pueblo entendido como un sujeto colectivo. Tanto los individuos como el pueblo, en efecto, tienen, tienen que tener, la posibilidad de acceder a una información amplia, diversa, variada y de la más alta calidad, y eso sólo se garantiza si se desarrollan políticas antimonopólicas efectivas, porque, como es obvio, la diversidad y pluralidad de voces, componente fundamental del derecho a la comunicación, no se ve garantizada cuando un actor o un puñado de actores del mundo de la comunicación tiene una voz tan dominante que acalla o neutraliza al resto, ni cuando todo lo que la ciudadanía tiene para oír proviene de un mismo lugar. Es evidente que las políticas oficiales en esta materia van en el sentido exactamente opuesto a éste, y eso hace peligrar seriamente el derecho a la comunicación y la libertad de expresión en la Argentina actual.
Cada mancha popular teje la trama
Después de un camino sinuoso (como todo camino de la comunicación popular) le pedimos a una amiga y compañera como Cecilia Ceraso si nos ayudaba a mirar hacia atrás y evaluar el trabajo realizado. Acá una análisis implacable sobre de qué hablamos cuando hablamos de comunicación popular.
Por Cecilia Ceraso
Dice Eduardo Galeano “Un sistema de desvínculo: El buey solo bien se lame. El prójimo no es tu hermano, ni tu amante. El prójimo es un competidor, un enemigo, un obstáculo a saltar o una cosa para usar. El sistema que no da de comer tampoco da de amar: A muchos condena al hambre de pan y a muchos más al hambre de abrazos” (El Hambre/2)
Ya hablamos anteriormente sobre la comunicación popular como lugar fecundo para construir nuevos sentidos.
No hay duda de que la Revista La Mancha, que se define para su creación como una publicación de comunicación popular, es un cauce que en este momento de transición - entre un modelo implotado y la creación de otro modo de estar en el mundo – contribuye a visibilizar muchas acciones creativas que aparecen sobre todo en la cultura y que son los modos de resistir y recrearse que tienen los pueblos.
En un momento de avance de las corporaciones dentro de este capitalismo insaciable en manos de unos pocos, agravado por la reacción autoritaria del modelo hegemónico que está dispuesto a secuestrar palabras y hechos para encerrar en el silencio a la realidad, este cauce reafirma su importancia y se fortalece.
Durante gran parte de 2016 y entero el 2017 La Mancha, que cree que las cosas cambian primero en las prácticas sociales, nos viene acercando profundas reflexiones, experiencias, miradas y perspectivas que protagonizan las transformaciones dando especial valor a la acción colectiva.
Con una potente impronta estética en su diagramación y contenido que también construye su identidad, acompañando la expresión de diversas experiencias culturales siempre atravesadas por la dimensión política que todas las prácticas conllevan, y tomando a la estética como la sabiduría que connota como filosofía de la vida cotidiana, La Mancha se abre camino por las redes no como una acción formativa sino en una acción performativa que nos va mostrando lo que está ocurriendo en movimiento y en el presente.
En este contexto la comunicación popular tiene un rol protagónico que va más allá de la información, es la capacidad dialógica de producir sentidos y de disparar procesos de reflexión y multiplicación de otros discursos que pongan en tensión los discursos hegemónicos y la posibilidad creativa de producir nuevos valores y modos de vivir en sociedad sin repetir las viejas creencias que nos convierten en pasivos rebaños que reaccionan violentamente frente a la amenaza de cualquier transformación.
A la vez nos acerca la alegría de saber que no estamos en soledad, que hay mucha gente con pensamiento crítico que trabaja por la inclusión y la igualdad de oportunidades, porque sea justa la justicia y realmente democrática la democracia.
En este presente avasallante y crítico, donde es muy difícil ver con claridad, La Mancha sabe que no hay proyecto de comunicación popular ni de libertad de expresión separado de transformación social. Confronta porque prefigura otro ordenamiento. El eje de esta perspectiva no parte de los medios sino del territorio de la cultura donde lo comunicativo es clave.
También encuentro en los relatos que manchan la capacidad de sentipensar rompiendo con el racionalismo que reina estático, mostrando a lo real en constante movimiento, aprovechando al máximo los recursos que nos dan los diferentes lenguajes, entrando y saliendo, abriendo y cerrando, multiplicando y expandiendo.
Describir las voluntades que la identifican y que se ven plasmadas en su rica producción nos dan una idea clara de cómo La Mancha nos acompaña generando un mensaje de comunicación transformadora:
Su carácter contra-hegemónico/ su configuración de otro modelo/ su anclaje en la cultura y en las prácticas sociales.
Su lucha por defender la multiplicidad de voces y su vocación por multiplicarlas.
Su empeño por visibilizar lo que está mandado al silencio.
Su entrega al movimiento de construir una comunicación diferente, un camino de comunicación propia.
Una estética mixtura gráfica en movimiento urbana/conurbana
Un predominio de experiencias creativas, des-aprendizajes y aprendizajes nuevos.
La importancia de considerar a la estética como filosofía de la vida cotidiana y a la identidad, la memoria, la cultura y el amor como eje estructural de este proceso emancipatorio.
Estas voluntades imprimen en La Mancha el importante rol que tienen los cauces de comunicación popular, proponiendo la auto-creación social/colectiva y personal y la capacidad de visibilizar el conocimiento que surge de las prácticas sociales y que nos emancipa del conocimiento regulado, envejecido dominante y hegemónico para darnos nuevas pistas de transformación.
En este presente violento y cerrado, donde una vez más intentan imponernos el repetido modelo que nos ahoga y nos excluye de la toma de decisiones, donde predominan minorías que piensan que la tierra no es un hábitat de diversidad sino un lugar donde se hacen negocios; La Mancha nos impregna con el reflejo de la cultura, el proyecto político y el movimiento de la comunicación de muchos colectivos que resisten creativamente y buscan sin cansarse las grietas del sistema alejándonos de la brutalidad.
Cecilia Ceraso es doctoranda en Comunicación y Cultura (FPyCS-UNLP), magister y directora de la Maestría en Planificación y Gestión de Procesos Comunicacionales (UNLP), directora del Centro de Investigación en Comunicación y Políticas Públicas (UNLP), licenciada en Comunicación Social de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata. Asesora en Comunicación, territorio y políticas públicas en América Latina.
Cambiemos horas de clase por trabajo precarizado
Silvia Vázquez escribe sobre el proyecto de reforma laboral que modifica las normas que llevaron en los últimos 15 años a expandir los derechos laborales. Ante la pregunta ¿quién se beneficiaría con esta reforma?, la respuesta no alude justamente a los trabajadores/as.
Por Silvia Vázquez
El proyecto de reforma laboral ya ha entrado al Congreso de la Nación. Como expresaron algunos de los pocos periodistas de los medios masivos de comunicación que aún conservan autonomía y conciencia crítica, no está muy claro por qué habría que modificar las normas que llevaron en los últimos 15 años a expandir los derechos laborales y ante la pregunta ¿quién se beneficiaría con esta reforma?, la respuesta no alude justamente a los trabajadores.
Desde un primer momento se hizo público que el capítulo referido a la formación laboral y las pasantías (hoy devenidas por acción del lenguaje de la posverdad en “prácticas formativas”) era uno de los temas donde el gobierno y la cúpula de la CGT habían llegado a un acuerdo. Desde nuestra mirada de educadores y en virtud de un contexto que no auguraba propuestas basadas en las mejores tradiciones de la relación entre educación y trabajo, sentimos la necesidad de analizar los capítulos del proyecto que desarrollan la formación laboral y las prácticas formativas.
El Sistema de Prácticas Formativas del Proyecto de Reforma Laboral presentado por el Poder Ejecutivo, a diferencia de la Ley de Pasantías vigente, cuyo eje es educativo, traslada la responsabilidad del Ministerio de Educación al de Trabajo. Deroga dicha Ley 26.427 de Creación del Sistema de Pasantías Educativas en el marco del sistema educativo nacional, limita a un corto plazo la vigencia del Decreto que regula estas prácticas (Decreto 1374/2011 Régimen General de Pasantías para todo el ámbito del Nivel de Educación Secundaria del Sistema Educativo Nacional). Al mismo tiempo deroga también la competencia de la Ley de Educación Técnico Profesional 26.058, en lo que se refiere a Practicas Profesionalizantes (Art 31). De esta manera destruye una modalidad de inserción de estudiantes en el mundo del trabajo que con mucho esfuerzo se fue construyendo durante la última década a fin de fortalecer el carácter formativo y proteger a los estudiantes de los abusos en los que incurrían las empresas, a instancias de la ley 25.165, sancionada en 1999.
Veamos algunos de los puntos que nos preocupan:
- El enunciado del artículo 60 que deja atado el derecho laboral al cumplimiento de la escolaridad obligatoria, resulta anticonstitucional: “los derechos laborales establecidos por los artículos 14 y 14 bis de la CONSTITUCIÓN NACIONAL requieren para su plena efectividad asegurar desde el Estado Nacional, las Provincias, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y los municipios, el cumplimiento del ciclo formal de la educación, y una transición entre dicho ciclo y el trabajo”
- En el mismo artículo se promueve la “progresiva instalación de la educación dual” que se define en el Art 62. El sistema dual es un modo de concebir la educación secundaria por la cual los estudiantes pueden alternar horas de estudio con prácticas laborales. El sistema dual proviene de Alemania y en nuestro país fue Introducido a durante la última dictadura militar posibilitando que empresas privadas se hicieran cargo de tramos de la educación técnica y de la formación laboral que antes tenía al Estado por garante y responsable. Fundamentada en mejorar la articulación entre educación y trabajo, tuvo por objetivo el recorte del gasto público y por consecuencia la ruptura de la tradición igualitarista de la escuela Argentina. Cuando este tipo de reforma se aplica - como hoy se anuncia en la CABA - sólo para estudiantes de la escuela pública y no de privada, o para la educación técnica y no para los bachilleratos, tiende a reforzar la tradicional división propia de la escuela capitalista entre una secundaria para los que van a trabajar y otra para los que aspiren a seguir estudios superiores.
- La incorporación de graduados a las Prácticas da cuenta de que dicho Sistema constituye una modalidad de acceso a un trabajo precarizado ya que los graduados han concluido su trayecto formativo. Además en el Art 64 se incorpora un párrafo que visibiliza el carácter selectivo, no universal de la propuesta y contrario a la idea del derecho a la educación: “El PODER EJECUTIVO NACIONAL al reglamentar esta disposición podrá establecer un sistema en el cual la prioridad para estas prácticas las tengan los alumnos o nóveles graduados con las mejores calificaciones académicas, Capítulo II Sistema de Prácticas Formativas.”
- Las condiciones generales para el desarrollo de las prácticas formativas se establecen bajo regulación de los Convenios Colectivos de Trabajo sin ningún control ni acompañamiento de institución educativa alguna, lo que refuerza la idea de que esta práctica se trata de una experiencia de trabajo precarizada que de un trayecto formativo. Uno de los ejemplos donde se aprecia cómo queda desdibujada la condición de estudiante es en el Art 67 en el cual se avala la posibilidad de trabajar hasta 40 hs. semanales aún en los tiempos de receso educativo. La Ley vigente 26.427 establece que la duración estará determinada por el convenio que se firme entre la Institución educativa y la empresa, con un plazo límite de hasta 20 hs semanales. Hay que aclarar también que la Ley vigente excluye a los estudiantes secundarios, mientras que el Proyecto del PEN, los incluye.
- Con la creación de INSTITUTO NACIONAL DE FORMACION LABORAL (Art 72) como órgano desconcentrado del MINISTERIO DE TRABAJO, EMPLEO Y SEGURIDAD SOCIAL, conformado por un directorio (Art 74) nombrado por decreto por el PEN y con representación de sector estatal, laboral y empresarial bajo la dependencia del Ministerio de Trabajo se fractura definitivamente la educación técnica y se yuxtaponen y desvirtúan funciones y atribuciones que hasta ahora estaban bajo jurisdicción del Ministerio de Educación y se regían por la ley de Educación Técnica Nº 26058 cuya vigencia se limita expresamente (Art 76). Además, en tanto organismo desconcentrado contará con recursos propios para monitorear instituciones de acuerdo con supuestos “estándares de calidad” y estaría habilitado a promover acciones de formación profesional acordadas arbitrariamente por el directorio por fuera de toda supervisión pedagógica.
El desprecio de la gestiones educativas de Cambiemos hacia las políticas que en los últimos años han fortalecido la democratización del acceso al conocimiento y al trabajo se hace evidente en los enunciados de este proyecto de reforma. Lo que aquí se propone es el reemplazo de una experiencia de aprendizaje conducida por docentes por un tiempo de trabajo precarizado a disposición de una empresa. Sin embargo es probable que la desinformación y la ausencia de espacios para reflexionar sobre sus implicancias contribuya a presentarla como una propuesta interesante.
Quienes estamos comprometidos con una educación cuya calidad se mide por la capacidad de formar ciudadanos plenos, intelectualmente autónomos, capaces de apropiarse de los conocimientos que producen trabajando debemos abrir el diálogo con quienes pueden prestar ingenuamente consenso a los engañosos circuitos educativos que prometen garantizar empleos. O incluso con quienes creen que sólo algunos tienen por horizonte de futuro la producción científica y cultural, mientras que otros apenas pueden aspirar a un destino de explotación laboral.
La tarea no parece sencilla, pero es impostergable porque hay derechos que están en riesgo.
Una nueva mayoría contra la restauración
Martín Sabbatella fundamenta la caracterización del gobierno macrista como una restauración conservadora. El retroceso económico, social y democrático vuelve indispensable la organización de las distintas expresiones del campo nacional y popular para reconstruir una nueva mayoría.
Por Martín Sabbatella
La foto del segundo semestre de 2016 es una evidencia cabal del modelo político, económico y cultural que vino a ejecutar el Gobierno del millonario contratista del Estado Mauricio Macri. Los datos muestran un deterioro severo de la situación social, con una baja preocupante de la actividad industrial, la construcción y el consumo, la multiplicación acelerada de despidos y suspensiones, a la par del aumento de la pobreza y la indigencia, por la caída del poder adquisitivo de salarios, jubilaciones y asignaciones, o directamente por la pérdida del empleo. Es difícil encontrar antecedentes de un contraste tan drástico en la situación del país en solo 9 meses (amén de que cada etapa histórica es distinta a las anteriores). Lo que hace muy sorprendente y terrible este presente es que no hubo un desvío del rumbo que venía transitando Argentina, sino un vuelco absoluto y un retroceso franco y dramático hacia un proyecto de ajuste fiscal, enfriamiento económico, primarización de la economía, concentración de la riqueza, dependencia financiera internacional y disciplinamiento social. Un proyecto supuestamente innovador que encuentra huellas en el pasado medianamente cercano de nuestro país (sobre todo, en la dictadura cívico militar y el menemismo), pero que además se imprime con similares características en diversas naciones de la región y del mundo, donde sembró las mismas políticas y cosechó el mismo saldo de desigualdad y exclusión. Pero tal vez lo más distintivo y alarmante de este rápido proceso de restauración conservadora es que el golpe de timón de 180 grados producido por Macri en materia económica no encuentra fundamento sólido en el estado del país a fines del mandato de nuestra compañera presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Inventaron una crisis para justificar la que ellos generaron. ¿Había cuentas pendientes? Claro. Seguir mejorando el poder adquisitivo de los ingresos de trabajadores y trabajadoras formales, reducir hasta su extinción el trabajo en negro, saldar las deudas previsionales, frenar el proceso inflacionario generado sobre todo por el aumento del consumo, controlar aún más el déficit fiscal (cuyo índice no era en absoluto alarmante), aumentar la inversión privada, alcanzar la soberanía energética sin reducir el consumo hogareño y potenciando el desarrollo industrial, mejorar la federalización de los recursos públicos, entre otras. Todas las metas a alcanzar se encontraban en proceso de ejecución y eran perfectamente realizables sin salirse del rumbo de desarrollo con equidad iniciado por Néstor Kirchner y continuado por Cristina. La Argentina que soñamos estaba adelante, en el camino que transitábamos; no atrás, en la dirección asumida por la actual gestión corporativa. Es más. A principios de este año, fue el propio Gobierno de Macri el que, mientras fronteras adentro justificaba sus políticas por la supuesta pesada herencia, al norte del Río Grande buscaba inversores con cartillas en las que enumeraba la verdadera herencia. Bajo el título de “Argentina, tierra de oportunidades”, el folleto repartido en febrero por el macrismo en Estados Unidos reconocía que en el país hay un “98 por ciento de alfabetismo y 110 mil graduados de educación universitaria por año”, que “el país está primero en los índices de desarrollo humano y educación”, que tenemos “el coeficiente Gini más bajo de la región”, que existe “una economía robusta” que “es la tercera más grande de la región después de Brasil y México”, que contamos con “el mayor PBI per cápita en la región después de Chile” y que tenemos (teníamos) “menos del 6 por ciento de desocupación”. Además, en ese documento Macri le informaba a los potenciales inversores que Argentina tiene un “sólido esquema institucional”, con “más de treinta años de gobiernos democráticos estables”, que las leyes y los marcos regulatorios están “inspirados en los mercados desarrollados” y que disponemos de una “infraestructura bien desarrollada”, con “43 puertos, 54 aeropuertos y más de 35 mil kilómetros de rutas y vías de trenes”. Mientras el staff de CEOs y empresarios offshore que gobierna trataba de convencer a argentinos y argentinas de que el país era un desastre fruto de los 12 años y medio de gobiernos populistas, los macristas confesaban afuera -en documentos que se filtraron a la prensa- que en nuestro país existen “caminos y vías de tren bien desarrolladas”, que se cuenta con condiciones geográficas naturales con un “53 por ciento de tierra arable, recursos de agua ampliamente disponibles, ocho prolíficas zonas petroleras (cinco convencionales, tres no convencionales y potencial offshore)”. Hasta se llegaba a destacar en esa cartilla “la baja relación deuda/PBI, del 13 por ciento”; es decir, el desendeudamiento que tanto fustigó Macri y su elenco corporativo adentro de Argentina para justificar desembolsos millonarios a los fondos buitres. Pero esos índices y datos concretos del país heredado de parte del kirchnerismo no son fruto de ningún descuido ni error en la estrategia comunicacional: en el reciente show de negocios promovido como “Mini Davos” –previamente organizado en Ruanda, Egipto, Congo y Gabón–, el Gobierno volvió a repartir entre los potenciales inversores extranjeros un documento con las mismas variables positivas que había informado en el último invierno estadounidense. Es decir, excepto para las corporaciones que encarna Macri, el país no tenía ni tiene ninguna necesidad de esta vuelta de campana, menos aún los argentinos y argentinas que durante los últimos doce años y medio atravesaron crisis internacionales severas, con esfuerzo y dignidad, pero sin dramatismo. Mientras otros países del mundo eran arrasados por esas tormentas económicas, Argentina mantuvo el rumbo y se distinguió por su fortaleza. Hubo en estos años algunas dificultades fruto del lobby descomunal de los especuladores financieros internacionales, del boicot destituyente de los agroexportadores, de la presión de devaluacionistas que fogoneaban corridas, de la gula de los formadores de precios, de los cortes de energía (fruto de que las inversiones no alcanzaron el acelerado consumo popular e industrial), de la puja distributiva entre salarios e inflación… todos ellos problemas que fueron agigantados por Magnetto en el comando de operaciones mediáticas. Pero no hubo, en los 12 años y medio de gobierno popular, ninguna situación de zozobra ni de crisis social como las que atravesó el país durante el largo imperio del pensamiento único neoliberal, al que Macri pretende reconducirnos. Por el contrario, en nuestra gestión aumentó la producción, la construcción y el consumo popular, bajó la pobreza y el desempleo, se redujo la mortalidad infantil y mejoraron su calidad de vida todos los trabajadores y trabajadoras activos y jubilados. Las condiciones de la inmensa mayoría de argentinos y argentinas –incluidos los sectores medio y medioalto– eran, hace uno, tres o siete años, mejores que en la actualidad; y mucho mejores que lo que serán en los próximos meses si continúa el plan de redistribución regresiva de la riqueza que puso en marcha el ingeniero multimillonario. Por eso, el Gobierno de ricos para ricos desplegó una enorme maquinaria propagandística, financiada desde el propio Estado o desde las empresas beneficiarias de sus políticas, mediante pautas publicitarias formales, prebendas a periodistas y ampliación de negocios a empresarios de medios. Las corporaciones que habitan la Casa Rosada cuentan con el plan, los ejecutores y los aliados para llevar adelante una transferencia de ingresos aún más brutal que la que consiguieron en estos primeros 300 días. Les faltan excusas que les permitan seguir avanzando a campo traviesa sobre Argentina. Usaron la legitimidad inicial que otorga una elección democrática, más el repiqueteo manipulador de los medios oficialistas y el show distractivo y persecutorio del partido judicial, para imponer, entre otras, tres medidas redistributivas severas: la devaluación de la moneda, la quita de retenciones al agro y la minería y el pago a los fondos buitres bajo las condiciones impuestas por Singer. Junto a ellas, el despido de estatales, el freno a la obra pública, la reducción de programas sociales y el desaliento de las negociaciones paritarias, quitaron ingresos a los sectores trabajadores, ya castigados por la inflación y los tarifazos de gas, luz, transporte, celulares, prepagas, educación, etcétera. Les sobran intenciones y proyectos para liquidar bienes patrimoniales del Estado, privatizar empresas públicas o saquear la caja previsional; pero aún deben sortear un escollo para nada menor: la conciencia creciente de un Pueblo que fue empoderado de derechos, que reconquistó durante los gobiernos de Néstor y Cristina la dignidad que le fuera saqueada y que demuestra cada día una mayor capacidad de organización y movilización para enfrentar el ajuste. La imponente Marcha Federal que recorrió el país, la unidad en la acción del movimiento obrero, las multisectoriales contra el tarifazo, la creciente militancia social, estudiantil, política y gremial que se reproduce en lugares de trabajo, universidades, barrios y espacios públicos, así como las masivas concentraciones kirchneristas que despidieron a Cristina en Plaza de Mayo, que la recibieron en Aeroparque, que la acompañaron a Comodoro Py o que la abrazaron en Ensenada o Villa 31, son algunas de las muchas muestras de lo que Macri tiene enfrente. La campaña persecutoria desplegada por las corporaciones económicas, judiciales y mediáticas contra CFK, la dirigencia y la militancia del Proyecto Nacional y Popular, no logran hacer mella en la memoria positiva de gran parte del Pueblo argentino, en especial de los trabajadores y trabajadoras, que añoran el pasado reciente en el que tenían garantizados sus derechos y contaban con un contexto favorable para seguir creciendo con dignidad. La consecuencia de esa feroz campaña difamatoria impulsada por Macri con la complicidad del partido judicial y el partido mediático no ha sido el deterioro de la popularidad de Cristina, ni la ruptura del fuerte lazo que la une a millones de argentinos y argentinas, sino la profundización de un peligroso clima de violencia política contra kirchneristas, que ha derivado en ataque con armas de fuego a militantes o el incendio de locales partidarios, entre otras barbaridades. Por todo esto, el desafío es, junto a otros y a otras, aportar a la construcción de una nueva mayoría que no solo resista las políticas de ajuste, los tarizafos, los recortes de la inversión pública, la inflación y la pérdida de derechos políticos, sociales, económicos y culturales; sino que permita ganar en el 2017 y volver mejores en el 2019. Una nueva mayoría para recuperar el rumbo de construcción de una matriz productiva y distributiva más justa, basada en el trabajo, la producción, el consumo, como círculo virtuoso en el camino del crecimiento con inclusión. El kirchnerismo es, a nuestro entender, la identidad más gravitante del pensamiento nacional, popular y democrático en esta etapa de la historia argentina, y cuenta con el liderazgo más potente del campo popular, lo cual no nos convierte en el único espacio. Por lo tanto, sin creernos los únicos, sin mezquindad, sin sectarismos, los kirchneristas debemos abocarnos con compromiso a la construcción de esa nueva mayoría.
El FICE: un entramado audiovisual de temáticas corpóreas
El Festival Internacional Corporalidad Expandida / FICE es un espacio de encuentro bienal e itinerante, organizado y gestionado por Proyecto Corporalidad Expandida / PCE. Cuando el cuerpo es un territorio de libertad y expresión.
Quienes integramos el equipo Proyecto Corporalidad Expandida alentamos la producción de mensajes propios comprendiendo la cultura como una construcción de sentidos, el cuerpo y las corporalidades como una territorialidad que se habita en las relaciones de quietud-movimiento-bordes y la cámara en la producción audiovisual a través de lenguajes híbridos, la/el videodanza, artes liminales y performáticas.
PCE se expande mas allá de su festival, puesto que no sólo gestionamos espacios de encuentro para la difusión de expresiones audiovisuales diversas, también producimos nuestros propios contenidos. Se trata de una propuesta integral que aborda la producción, la difusión de contenidos audiovisuales, la investigación y la curaduría.
En el área de Producción, realizamos Talleres de Videodanza Social (espacios de creación y producción colectiva que proponen la exploración del cuerpo mediado por la cámara), la filmación de la Serie Web ”Relatos Video-Coreográficos” y la elaboración de textos académicos relacionados. En Difusión, producción y gestión del festival (FICE) y sus muestras itinerantes. En investigación, trabajamos junto al Instituto de Artes del Espectáculo-Área Liminales (Facultad de Filosofía y Letras - UBA), en proyectos de Videodanza Social y Curaduría Colectiva, y a través de espacios de formación y sistematización de las prácticas y experiencias en cruce con la Defensoría del Público, Mujeres Audiovisuales (MUA), Máquinas de Mirar y Tantosha. En Curaduría, reflexionamos sobre categorías que se expanden y transforman, abriendo lugar a expresiones de diversos géneros, soportes y posibilidades del representación.
Ideamos y organizamos el FICE para difundir nuevas expresiones audiovisuales en torno al cuerpo mediado por la cámara, abriendo lugar a la reflexión sobre la libertad de expresión y la democratización de contenidos artísticos, estéticas, discursos y enfoques.
La primera edición del festival / FICE 2016 tuvo como lema lo SOCIAL, y los cortometrajes se enmarcaron en cuatro categorías temáticas: Experimental, Entorno, Derechos Humanos e Identitario. Llegaron 300 producciones de 29 países. 87 producciones fueron seleccionadas.
https://www.youtube.com/watch?v=eGQYD-qUjM0
La segunda edición FICE será del 6 al 8 de Septiembre de 2018 y tendrá como lema la MEMORIA.
La programación del FICE combina instancias de proyección, formación e investigación, conversatorios de debate comunitario y fortalecimiento federal, muestras, presentación de libros, talleres, ponencias, performance, instalaciones multimedia.
Las actividades se proponen en centros culturales y espacios públicos, abiertos y gratuitos, con la intención de ampliar el acceso de las comunidades a nuevos formatos de producción de mensajes, difundir nuevas reflexiones y expresiones sobre las representaciones audiovisuales y multiplicar prácticas y experiencias en torno al cuerpo mediado por la cámara.
El FICE y PCE en su expresión integral, proponen una participación y producción inclusiva. Tienden puentes que facilitan el acceso a bienes culturales comunes. Expanden y democratizan contenidos, multiplican relatos muchas veces invisibles, tejen redes desde lo singular y colectivo, ponen a disposición espacios y experiencias para intercambios y entre-aprendizajes.
Equipo PCE / FICE
https://www.facebook.com/corporalidadexpandida/
www.proyectoce.com.ar
Avales y alianzas que acompañarán el FICE 2018: Instituto de Artes del Espectáculo/Área Liminales/Facultad de Filosofía y Letras - UBA (Arg); Fundación Kine, Cultural y Educativa (Arg); Red Festivales Argentinos (RAFMA) (Arg); Movimiento Nuevas Tendencias, Jujuy (Arg); La RED, Comunicación y Cultura (Arg); Colectivo de Comunicaciones Montes de María Línea 21 (Colombia); Centro de Investigación en Comunicación y Políticas Públicas (CICOPP) - Facultad de Periodismo y Comunicación Social/Universidad Nacional de La Plata (Arg); Red Festivales Iberoamericanos de Videodanza (REVID) (Iberoamérica); Jornadas de Reflexión sobre el cuerpo y las corporalidades (Costa Rica); Residencia Performática de Videodanza, Asociación Flor Menudita (Italia); Mujeres Audiovisuales (MUA) (Arg); Directores Argentinos Cinematográficos (DAC) (Arg); Defensoría del Público (Arg); Máquinas de Mirar - (Arg); Bardo Visual (Arg); Alver Verás (Arg); Tantosha, Centro Integral de Formación Humanística (Arg).
“Si no hay amor”, un programa de radio y la voz del Frente Popular 25 de febrero
“Si la batalla la dan en los medios, entonces tenemos que estar en los medios”, ese fue uno de los mayores convencimientos construidos por el Frente Popular 25 de Febrero, Frente surgido antes del ballotage que llevaría a Mauricio Macri a la presidencia. Por ello, lo primero que nos propusimos fue hacer en nuestra localidad, Sierra de la Ventana, un programa de radio.
Empezamos eligiendo el nombre del programa y convencidos que el amor es lo que nos mueve, lo llamamos “SI NO HAY AMOR” y El Tesoro de los Inocentes, del Indio Solari se convirtió en el tema del programa. Un tiempo después, gracias a Anabela Gilardone, tuvimos nuestro logo del programa con una foto suya. Había que elegir la radio. Existe desde los 90, una Fm en Sierra de la Ventana –FM Reflejos 103.7-, de un periodista –Arnaldo Botto-; que nació dando respuesta a la necesidad de un espacio comunicacional que pudiera contener las necesidades de interacción de la comunidad. La radio albergo programas periodísticos, de jazz, deportivos, musicales, y principalmente el programa central de interés general “Un Mate y un Café” que transcurre durante la mañana y que se destaca por su audición y por la pluralidad de voces. Fue entonces que en esa radio y en ese programa, comenzamos los lunes a las 10:00 hs con nuestro “Si no hay Amor” o “el programa del amor” como lo identifican los oyentes o participantes de la radio. Queríamos contarle a la gente las consecuencias del neoliberalismo, queríamos compartirles palabras dichas por nuestros poetas, y música latinoamericana, queríamos entrevistas en las que pudiéramos preguntar lo que la gente se pregunta, queríamos contar lo que estábamos haciendo como Frente pero también lo que estaban haciendo otros para construir una Patria más libre, justa y soberana; queríamos frases de grandes personalidades del mundo, queríamos, queríamos y no dejábamos de querer. Y todo eso, en un programa de una hora parecía una misión imposible. Así que decidimos comenzar con una poesía o escrito de algún poeta de nuestro pueblo y una música latinoamericana que la acompañe, decidimos entrevistar a muchísimos grandes y generosos amigxs. Arrancamos con Hernan Brienza, pero también estuvieron Hebe de Bonafini, Jorge Taiana, Alicia Castro, Leopoldo Moreau, Monica Macha, Emilce Moler, el Juez Luis Arias, el Dr. Cholvis, Carlos Vilas, Bruno Napoli, Roberto Feletti, Fernando Espinoza, Walter Abarca, Malvina Tosco, el cura De la Serna, Claudia Vernazza, Aracelli Bellota, Adrian Moyano, Adriana Puiggros, Roberto Salvarezza, Adrian Stoppelman, Liliana Herrero, Daniel Manoukian, y tanto compañeros de nuestra zona. Luego nos decidimos a reírnos de los que nos pasa y para eso aun nos ayudan Adrian Stoppelman, El Cadete y Pesky, Randall Lopez, Capussotto, la Murga Metele que son pasteles, la Murga Esa te la debo y muchos otros. Le contamos a la gente lo que estábamos haciendo, nuestra manifestación contra el tarifazo, contra el 2 por uno, el reclamo de aparición con vida de Santiago Maldonado, una charla sobre cooperativismo y un reconocimiento a los cooperativistas de nuestra comunidad, los reclamos de Ni una Menos, el cine debate con Anka Liwen, poetas que regalaron su arte en la Feria del Libro local, y tantas cosas; pero también los eventos de la comunidad, y los problemas de ella. Conflictos en la Papelera de Tornquist, despidos y suspensiones en la empresa Dass de Coronel Suarez, las dificultades y logros de Textiles Pigue, conflictos de los trabajadores municipales y tantas realidades que provocó y provoca el neoliberalismo en nuestra región y en nuestra Patria. Y compartimos al final nuestra editorial con música de protesta a veces, como la de Daniel Devita, para cerrar con una frase de alguien que pudiera poner luz en la oscuridad de las realidades vividas. El programa, que comenzó en Sierra de la Ventana, se empezó a transmitir en radios de Tornquist, de Bahía Blanca, de Coronel Suarez y varias localidades del sudoeste bonaerense. “Si no hay Amor” nació para ser una gota diferente en la catarata comunicacional que representa los intereses de los sectores privilegiados del poder, y con esa gota logramos lo que queríamos que era mostrar que si no hay amor mejor que no haya nada y que el slogan la Patria es el otro es una tarea cotidiana y una posición contracultural. El trabajo vale la pena y lo hemos comprobado día a día sobre todo en como vamos aumentando las radios que lo retransmiten y en el aumento constante de las reproducciones en las redes sociales. El Frente crece, crece Si no hay Amor, pero lo que queremos que crezca es un proyecto de país basado en el amor y no en el odio y la muerte. Por todo esto te invitamos a encontrarte en la APP Fm Reflejos (Su logo es un sol con auriculares), en [email protected], o en nuestra pagina de face: Si No Hay Amor 2502, todos los lunes a las 10 hs. Si no hay Amor, que no haya nada…





