Era ambivalente.
Tenía un don maligno
para disfrazar ofensas como cumplidos
y viceversa.
Desde su punto, el fin podía o no justificar los medios;
todo dependía de la conveniencia.
Caminaba con seguridad en la luz y en la tiniebla
porque era tanto el lobo como la oveja;
una de esas personas en cuyo cuerpo habitan ambos:
el espíritu que llama a la tregua,
pero también el que inicia las guerras.
-A.C.











