♛ ( Es que extraño rolear con toi -brinda por lo que pudo y no fue(?)- < 3 ;v; )
Día de Lluvia AskMeme
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—— Oikawa;,
La lluvia golpeaba el suelo con fuerza en el exterior, y en ocasiones podía apreciarse el sonido de truenos de fondo, añadiendo más dramatismo a la escena en la que las gotas caían a una velocidad exorbitante, salpicando a diestra y siniestra. El aroma de la humedad se levantaba e invitaba a las personas a sumirse en la melancolía, en la profundidad de los recuerdos que navegaban junto a los charcos de agua que iban acumulándose en cada rincón.
Pero a Oikawa poco o nada le estaba importando la lluvia en esos instantes.
Y es que allí se encontraba él, justo encima del vicecapitán de Karasuno, ligado a un momento tan íntimo del cual no anhelaba despegarse.
Sus dedos recorrían con maestría cada trozo de aquella nívea piel expuesta, y sus labios acariciaban el cuello ajeno con húmedos besos que no desperdiciaban los minutos que ambos pasaban juntos, dejando marcas de posesión en más de un lugar. Sugawara ladeaba la cabeza, permitiendo que Oikawa se adueñara de esa zona tan sensible a gusto.
El castaño se relamió ante la imagen de un Koushi sonrojado a causa del calor y la vergüenza que esos momentos trazaban un rastro sobre sí mismo. El más bajo todavía tenía la camiseta puesta, mas ésta se hallaba completamente levantada, dejando su tórax expuesto. Oikawa creyó que aquél sería el momento oportuno para despejarse de la suya por lo cual se apartó y descubrió su torso, dejando a la vista aquella levemente bronceada y sudorosa piel.
— Eres un ángel, Suga-chan~ —mencionó él susurrando con gentileza en su oído—. Eres mi ángel, por supuesto —agregó antes de buscar los labios ajenos con los suyos, y disfrutar de aquél embriagante sabor que lo volvía completamente loco, y deseoso por más.
Una de sus manos bajó descaradamente hasta llegar a la entrepierna contraria, la cual acarició de forma obscena, percatándose -para su deleite- del modo en el que el contrario se sobresaltaba y dejaba escapar un gemido contra el beso que él mismo había impuesto. Y es que Suga era tan lindo que no podía contenerse.
El calor parecía incrementar al igual que el golpeteo de la lluvia contra el suelo. Él tan solo había pillado desprevenido a Sugawara con un beso mientras oían aquél relajante y, sin embargo, pronto acabaron en el estado en el que ambos, actualmente, se hallaban. ¿Cómo ser capaz de contenerse cuando tenía a alguien como él a su alcance?
— No te he tocado mucho, pero mira nada más lo excitado que estás, Suga-chan~ —comentó divertido— ¿Acaso éste es el tipo de cosas que Oikawa-san provoca en ti~? —apreció el sonrojo que iluminaba las mejillas ajenas, antes de ser golpeado múltiples veces por la vergüenza que esa palabrería sucia ocasionaba, pero Tooru siquiera había rayado la superficie de aquello que él mismo consideraba como "sucio".
Se encargaría de que Sugawara comprendiera el verdadero significado de dicha palabra.
Sin agregar más frases, Oikawa despojó al más bajo de las prendas inferiores, junto a la ropa interior, dejando su entrepierna expuesta. Oyó las protestas de Sugawara, pero él tan solo rió entre dientes y se deleitó con la imagen que ahora se formaba ante sus ojos. Nunca antes lo había visto desnudo, y siendo ése el momento en el que finalmente lo hacía, sentía que él mismo no podía encontrarse más excitado. Su propio miembro se hallaba atrapado en una dolorosa erección que se volvía tortuosa cada vez que se movía con brusquedad y la tela rozaba esa piel tan sensible.
Tooru bajó con sus besos, dejando detrás un húmedo camino sobre la piel tan pura de Koushi, hasta que sus dígitos apresaron el miembro ajeno antes de introducirlo en la boca. El más bajo volvió a estremecerse y a protestar, incluso trató de apartarlo desesperadamente, siendo carcomido por la vergüenza, pero ya era tarde, pues el capitán de Aobajousai ahora había comenzado un vaivén suave que generaba descargas eléctricas cargadas de placer sobre el cuerpo del Karasuno.
La boca de Oikawa realizó pequeñas succiones sobre el pene de Suga hasta llegar a la base del tronco, y retornó hasta el glande con una lamida similar a la que le daría a una paleta. Envolvió el glande con los labios, y volvió a bajar hasta cubrir toda la extensión con la boca, y tragó saliva elaborando una breve presión sobre la punta. Sus oídos eran presa de los gemidos que huían con locura de la boca de Koushi, y él no podía encontrarse más encantado.
Él se encontraba completamente loco por el más bajo. Lo amaba y, a la vez, lo deseaba como a nadie había deseado antes. Su corazón se había convertido en la presa de aquél ángel con la sonrisa más dulce que jamás había conocido. Lo adoraba.
Fue capaz de oír su propio nombre huyendo de los labios ajenos, y Oikawa aceleró la velocidad de sus movimientos. Koushi arqueó la espalda en más de una ocasión, y extendió los brazos hasta sujetar la cabeza contraria, y enterrar los dedos en esos castaños cabellos que ahora se hallaban enteramente desordenados.
— ¡Oikawa... p-pervertido!
Oikawa volvió a subir hasta llegar al glande, el cual presionó con suavidad antes de extraerlo de la boca y dejar escapar una risita entre divertida y perversa. Su lengua se encargó del miembro ajeno con maestría, lamiendo toda la circunferencia, encargándose del glande ajeno y aprovechando los puntos sensibles que había sobre éste. Entonces, volvía a introducir toda la extensión en la boca, y proseguía con el vaivén, presionándolo con la lengua para otorgarle la sensación de estrechez.
Sugawara estaba siendo presa del más delicioso placer que había experimentado antes, y es que Oikawa resultaba realmente bueno con aquello que hacía. Incluso sus caderas habían empezado a moverse inconscientemente, buscando más. Más.
Los gemidos elevaban su volumen cada vez más. El nombre del capitán de Aobajousai se hacía oír con mayor frecuencia por encima del sonido de la lluvia. El calor incrementaba a cada segundo, y ambos sabían que la chimenea no tenía la culpa.
Y entonces, la mente de Koushi se nubló a causa del intenso placer. Observó estrellas formándose ante sus ojos, y un largo gemido huyó de esos enrojecidos labios. Oikawa se lo tragó todo, y esperó hasta que su preciado Suga recobrara la compostura al menos un poco. Entonces, volvió a besarlo de forma casi desesperada.
— Te amo —mencionó por encima de los labios ajenos—. De verdad te amo, Suga-chan.
— Oikawa-kun...
Oikawa sonrió y volvió a atacar el cuello ajeno con besos, antes de apartarse y agregar lo siguiente:
— Espero que te prepares, Suga-chan, que esto recién acaba de empezar~ —y entonces, él también se despojó de sus prendas inferiores.
Todavía quedaba mucha tarde, y la lluvia tampoco parecía que fuese a acabar pronto.














