Azul en un atardecer
En el rincón de un mundo encantado, donde el sol se esconde en su manto dorado, vive una joven de ojos tan profundos, negros como la noche, pero dulces y hondos.
Su cabello, verde al nacer, se mezcla con azul en un atardecer, un mar de colores que sueña y canta, un reflejo de la luna que en su alma danza.
Ella teje sueños con hilos de seda, vistiéndolos de notas, creando la rueda de la música que en el aire flota, mientras su alma, pura, se alborota.
Con manos delicadas y suaves como el viento, baila entre telas, en un dulce momento, y crea vestidos que abrazan el alma, donde el ritmo y la moda se dan la palma.
Cada prenda es un susurro en la piel, un eco de melodías en un suave laurel, vendiendo sueños que flotan y brillan, como estrellas que en el cielo se apilan.
Oh joven de ojos negros y ternura infinita, tu arte es un canto que la vida imita, y en cada costura, tu corazón late, vistiéndole al viento la música de un combate.
Frank Emerson Quijano
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