Sucesos personales III: Gran parte de mi niñez lo viví en el campo y todos los días tenía que ir a ayudar a familiares en las siembras, cosechas o ganados (llevando agua, fundas de abono, comida, etc…) y siempre tenía que pasar por una granja que había puros patos y pollos. Sucede que había un pato específico que si lo comparamos al tamaño mío (de niño) y el de él parecía que teníamos un pterodáctilo gigante. El punto es que ese pato era muy odioso y perseguía a los demás cuando pasaban cerca de él o lo molestaban, pero yo no lo molestaba ni le hacía nada pero me perseguía, y como era niño no corría rápido y me picoteaba (dos veces me sacó sangre). Era aterrador porque cuando ya lo veía que venía él aleteaba sus alas para darse más impulso y eso asustaba, porque por perspectiva con sus alas extendidas daba la impresión de que era un maldito pterodáctilo gigante! y uno enano montubio sin saber qué hacer :c. Y así una pequeña parte de mi vida daba comienzo a una bonita historia de mis miedos irracionales por las aves.













