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SI HUBIERA OTRO GOCE…
Los traspiés del otro goce
Traducción del seminario XX
Gisèle Ringuelet
En mayo de 1984, Miquel Bassols escribe un artículo sobre el Seminario Aun, que encabezó: De “lo que haría falta que no” a “lo que no haría falta”. De ce qu´il ne faudrait pas… (1)
En esta publicación Bassols se interroga ¿Qué es lo que cambia de la versión francesa a la traducción en castellano?
El autor se centra en un párrafo del capítulo V titulado “Aristóteles y Freud la otra satisfacción”. Su crítica no examina si una palabra es mejor que otra, planteo que quedaría en una discusión sin mayores consecuencias. Lo que muestra es que la versión en castellano transforma la lógica argumentativa de Lacan que se asemeja a las vueltas que un analizante efectúa en el transcurso de un análisis. Es decir, desconoce la frase vertida por Freud cuando aconseja no comprender demasiado rápido. Recordemos que Encore se traduce como todavía, aun y conlleva la traducción homofónica de en-corps, en el cuerpo.
Para Bassols el traspié empieza cuando Lacan cita al utilitarismo de Jeremy Bentham e interroga para qué sirven las viejas palabras. Y la confusión continúa en los párrafos siguientes
Transcribiré el párrafo con el que -para Bassols- comienza el enredo, con el fin de visualizar más rápido las diferencias entre la versión francesa y la traducción en castellano.
…” On sait à quoi ils servent (les vieux mots), à ce qu´il y ait la jouissance qu´il faut. A ceci près que – équivoque entre faillir et falloir – la jouissance qu´il faut est à traduire la jouissance qu´il ne faut pas” (pág. 55).
…” Se sabe para qué sirven: para que haya el goce que falta. Sólo que – y aquí se juega el equívoco – el goce que falta debe traducirse el goce que hace falta que no haya” (pág. 74).
El equívoco mencionado por Lacan entre los verbos faillir y falloir es eliminado en la versión castellana.
Bassols destaca que faillir “indica que una acción estaba a punto de producirse, pero no se ha producido; algo falta, algo que cede erra, quiebra; un momento más y…”; mientras que falloir, significa: “ser necesario que y hacer falta que…, se produzca”.
Retomando el párrafo mencionado, Bassols indica además que el no (ne pas) de la gramática francesa aparece en un lugar muy distinto. Para el autor es un modo de concluir frente a la imposibilidad de conservar el (mismo) equivoco.
“¿Por qué no aprovechar el equivoco gramatical que proporciona el lugar del ne y usar el homofónico “hacer falta”?”, -se interroga Bassols-, vieja palabra ambigua del castellano que sirve…Y propone: “…para que haya el goce que hace falta. Solo que –y aquí juega el equivoco con hacer falta- el goce que hace falta debe traducirse con el goce que no hace falta”.
El autor aclara, “el goce que hace falta: el que estaba a punto, el que hace falta que haya para que finalmente hubiera Uno solo (el goce fálico que está fuera del cuerpo); ese goce hace la falta en el sujeto de otro goce (goce del Otro, del cuerpo por el que pasa) y que de existir…no haría falta”.
Si se tiene en cuenta el desarrollo que realiza Lacan en los párrafos siguientes -considera Bassols-, la versión publicada no es precisamente errónea, sino que anticipa una implicación cuando Lacan concluye que al fin y al cabo ese goce Otro no hay. De ahí que no es “el goce que hace falta que no haya”, es que finalmente no hay. Pero al concluir demasiado rápido en la versión en castellano a un punto que Lacan todavía no ha llegado da un sentido distinto a los párrafos que siguen.
Ahí donde Lacan conjuga las dos categorías modales de lo necesario y lo imposible ¿Qué ocurre? “Ce qui se produit, c´est la jouissance qu´il ne faudrait pas” (pág. 55). Mientras que en la traducción en castellano reza: “Se produce el goce que haría falta que no fuese” (pág. 74).
Pasaje que al cambiar el lugar de la negación obliga a concluir. Y no permite -como menciona Bassols- mantener el suspenso en el que se mantiene el discurso que opera de lo necesario a lo imposible, en algo que no cesa de no escribirse y donde, ¿lo que se produce es el goce que no haría falta? Versión esta última que no borra el condicional y mantiene en vilo el deseo. (Parafraseando a Bassols: pide una segunda parte…aun).
Para aclarar (me), destaco que Lacan menciona dos de las cuatro categorías modales aristotélicas, la necesaria e imposible.
Lo necesario es, para Lacan, lo que no cesa de escribirse, eso que hubiera sido lo contingente pero que en la experiencia de alguien se transforma en significantes necesarios (amos). Por su parte Germán García (2), indica que la necesidad implica “deber ser”. Si es necesario, es el deber ser, estamos en el campo de la necesidad que implica una prescripción. Por el contrario, la imposibilidad quiere decir “deber no ser” y conlleva una prohibición.
Lacan, entonces, define lo necesario en términos de estructura significante como lo que no cesa de escribirse, porque “si es necesario que” eso no cesa de escribirse. Dicho en otros términos “el deber ser” quiere decir para el psicoanálisis que “no es”. Ahora, bien ¿qué es eso que no cesa de escribirse?
García lo ejemplifica cuando considera tautologías como: “una mujer es una mujer” o “un padre es un padre”, para afirmar que ahí estamos diciendo que una mujer no es una mujer o que un padre no es un padre. Por eso no cesa nunca de escribirse, es decir, lo necesario nos arroja inevitablemente a lo imposible que es lo que no cesa de no inscribirse. Y lo imposible que es lo real, lo que no cesa de no escribirse, en su intersección con lo imaginario, sitúa ese goce Otro que es, y pasa por el cuerpo fuera del lenguaje.
Lacan en el Seminario XX conjuga la necesidad, lo que no cesa de escribirse con lo imposible ese no cesa de no inscribirse y lo articula con los verbos falloir y faillir, que (como indicamos precedentemente) el primero indica “ser necesario que…. (No cesa de escribirse); mientras que el segundo indica algo que está a punto de producirse, pero no se produce… (No cesa de no inscribirse).
Lacan hace uso de la lógica modal en este Seminario, lógica que no afirma si una proposición es verdadera o falsa, sino que expresa la modalidad de la proposición. Lo necesario conduce, en la experiencia clínica, al síntoma como insistencia de goce, conjugado a lo imposible de la relación sexual, del complemento, de la referencia univoca.
La aguda crítica realizada por Miquel Bassols en el año 84, me condujo a leer el capítulo mencionado y el siguiente “Dios y el goce de La (tachado) mujer”, comparando la versión en francés con la traducción en castellano. Y si bien hay otros traspiés mencionaré tres en el capítulo V y uno en el capítulo VI, todos ellos referidos al goce.
I) En el capítulo V las omisiones y confusiones comienzan en el primer párrafo.
“Tous les besoins de l´être parlant sont contaminés par le fait d´être impliqués dans une autre satisfaction – soulignez ces trois mots – à quoi ils peuvent faire dé faut”. (pág. 49).
Mientras que en la versión en castellano reza:
“Todas las necesidades del ser que habla están contaminadas por el hecho de estar implicadas en otra satisfacción – subráyese estas palabras- a la cual pueden faltar”. (pág. 65).
En la traducción en castellano se omitió el término tres que alude a las palabras mencionadas precedentemente con el efecto de subrayarlas. Ahora bien ¿Cuáles son esas tres palabras que Lacan considera necesario subrayar?
En el establecimiento en francés tenemos: una, otra y satisfacción, mientras que en la versión en castellano se elimina una.
Si consideramos, además, que la palabra défaut significa ausencia de lo que sería necesario o deseable (carencia, falta, privación, escasez). Podríamos considerar, entonces, que la frase: “à quoi ils peuvent faire dé faut” podría traducirse teniendo en cuenta las diferentes significaciones a las que nos remite: para qué (ellas) pueden hacer falta (carencia/defecto/privación).
Entonces, la frase con la que inicia la clase y constituye, a mi entender, el nudo que intentará desembrollar, sería: “todas las necesidades del ser hablante están contaminadas por el hecho de estar implicadas en (une: una) otra satisfacción – subráyese estas tres palabras – para qué (ellas) pueden hacer falta/carencia/defecto/privación”.
Párrafo que finaliza con una pregunta para no concluir rápidamente y dejar abierta a otras consideraciones. Pero, Lacan nos orienta, es imposible colmar la necesidad de un ser hablante, porque otra satisfacción se inmiscuye indicando la falta, la carencia, de manera singular en cada ser hablante, siendo, esa otra satisfacción, única en cada caso: dime cómo hablas…y sabré algo sobre cómo te satisfaces.
II) Se sustituye un verbo reflexivo por un sustantivo.
Pasando al cuarto párrafo, encontramos en la traducción al castellano, un sustantivo que sustituye a un verbo reflexivo.
El texto establecido en francés es: “…cette autre satisfaction, celle qui se supporte du langage” (pág. 49); y la traducción en castellano “…esa otra satisfacción, cuyo soporte es el lenguaje” (pág. 65). ¿Por qué no podemos mantener el verbo en reflexivo; ya que éste nos remite, justamente, a la otra satisfacción y escribir: esta otra satisfacción, la que se soporta en el lenguaje? Variante que como mencionamos, permite desentrañar, en el lenguaje de cada sujeto, su manera singular de satisfacerse. El reflexivo es lo que permite afirmara que la pulsión es activa y que “tanto para Freud como para Lacan, construye un trazado que se convierte en la firma del sujeto” (3).
III) La realidad se aborda con los aparatos de goce… pero con grandes dificultades!
En el segundo párrafo del apartado 2 (cap. V), la oración subordinada es la que a nuestro entender yerra en la versión en castellano.
Mientras en francés dice: “Voilà encore une formule que je vous propose, si tant est que nous centrions bien sur ceci que d´appareil, il n´y en a pas d´autre que le langage. C´est comme ca que, chez l´être parlant, la jouissance est appareillée” (pág. 52).
La traducción en castellano reza: “Otra fórmula más que les propongo, pero a condición de que se la centre bien sobre aquello de que aparato no hay otro que el del lenguaje. Así se apareja el goce en el ser que habla.” (pág. 69)
Si Lacan indica que el goce se apareja (dispone) en el ser hablante, en el sujeto que habla (acto), y no necesariamente en el aparato del lenguaje. [Diferencia que establece el mismo Lacan en la primera clase del seminario, cuando aclara: “… que el lenguaje no es el ser que habla…” (pág. 10)] ¿Cuál es la razón de modificar el orden de los términos, si es en el ser hablante y no el aparato del lenguaje que el goce se apareja? Por qué no traducir: Es así, que en el ser hablante, el goce se apareja (dispone).
Afirmación que nos permite precisar, la remanida frase “el estilo es el hombre”, y considerar que el estilo con que cada uno habla, conlleva su singular forma de gozar.
IV) El yerro continúa con las mujeres
Lacan al hablar de la mujer, contrasta el goce fálico con el de ella, cuando calla, e indica que este silencio conlleva un goce diferente que quizás ella no lo conozca, pero la hace no toda. Mientras que, en la clase siguiente, titulada por Miller, “Dios y el goce L/a mujer”, Lacan plantea:
“Il n´y a de femme qu´exclue par la nature des choses qui est la nature des mots, et il faut bien dire que s´il y a quelque chose dont elles-mêmes se plaignent assez pour l´instant, c´est bien de ca – simplement, elles ne savent pas ce qu´elles disent, c´est toute la différence entre elles et moi.
Il n´en reste pas moins que si elle est exclue par la nature des choses, c´est justement de ceci que, d´être pas toute, elle a, par rapport à ce que désigne de jouissance la fonction phallique, une jouissance supplémentaire.” (pág. 68).
Vemos, entonces cual es la traducción al castellano:
“Sólo hay mujer excluida de la naturaleza de las cosas que es la de las palabras, y hay que decirlo: si de algo se quejan actualmente las mujeres es justamente de eso, sólo que no saben lo que dicen, y allí reside la diferencia entre ellas y yo.
No deja de ser cierto, sin embargo, que si la naturaleza de las cosas la excluye, por eso justamente que la hace no toda, la mujer tiene un goce adicional, suplementario respecto a lo que designa como goce de la función fálica” (pág. 89)
A nuestro entender la confusión comienza cuando en la traducción se utiliza el de y no por; la mujer excluida por la naturaleza de…Ya que se transforma en activa una oración pasiva. Pero en el segundo párrafo continua el enredo al ubicar a la naturaleza de las cosas (lenguaje) agente activo que excluye a la mujer y la hace no toda, sentido que modifica la implicación necesaria introducida por Lacan.
¿Cuál es la dificultad de mantener lo dicho en la versión francesa? y decir: si ella está excluida por la naturaleza de las cosas, es por eso justamente que es no toda, ella tiene con relación a lo que designa como el goce de la función fálica, un goce suplementario. Es en el acto, cuando habla que está excluida por la naturaleza de las palabras y en su discurrir es no toda, (no se mide por el falo). Si por el contrario consideramos que la naturaleza de las cosas la excluye (a la mujer), rápidamente se puede concluir que esta determinada por el destino de su naturaleza y por ende fácilmente podríamos concluir, como algunas corrientes feministas, que es una perjudicada, que es el lenguaje el que la excluye y no la posición con la que cada uno se inscribe en el lenguaje y hace uso de él.
Como indica Bárbara Cassin (4), el ser no toda, es lo que define la relación de la mujer al lenguaje. Y justamente lo que sabe Lacan es eso: que La mujer no puede escribirse más que tachando La, el articulo que la puede definir como universal.
Esta confusión suscitada al traducir, no es sólo un matiz en la manera de traducir, sino que puede acarrear confusiones con efectos adversos en la experiencia clínica. Al desoír, no solo la singularidad de cada sujeto en su repetición de goce, sino también los tiempos lógicos que toda cura conlleva. Tiempos que el mismo Lacan despliega en su enseñanza y que implican rodeos necesarios para aprehender las nociones del psicoanálisis en su lógica intrínseca. De lo contrario, si nos adelantamos a concluir podemos caer en una pedagogía del psicoanálisis; sesgo conocido por nosotros y propiciado, principalmente, por analistas mujeres que atendían niños.
Es creando un suspenso, algo que todavía no está totalmente pulido que Lacan complejiza e inventa en el transcurrir de su enseñanza, neologismos, paradojas, descomposición de palabras. Recursos lingüísticos que precipitan a la manera de un rebus un esfuerzo de lectura para poder aprehender algo de lo que el maestro está elaborando e intenta transmitir.
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Notas
1. Bassols, Miquel: “Aún. De “lo que haría falta que no” a “lo que no haría falta”. De ce qu´il ne faudrait pas…”, Otium Diagonal Nº7, revista periódica de psicoanálisis, España, julio de 1984, págs. 26 y 27. Artículo facilitado por Graciela Musachi para su lectura.
2. García, Germán: En torno de las identificaciones. Claves para la clínica, Otium Ediciones, Tucumán, 2009, págs. 98 y 99.
3. Musachi, Graciela: Mujeres en movimiento. Eróticas de un siglo a otro, Editorial Fondo de cultura económica, Argentina, 2001, pág. 72.
4. Cassin, Bárbara: Voir Hélène en toute femme. H´Homère à Lacan, Collection, les empêcheurs de penser en rond, Francia, 2000, pág. 195.
Bibliografía:
Lacan, Jacques: Le Seminaire, Livre XX, Encore, Éditions du Seuil, Paris, 1975.
Lacan, Jacques: El Seminario, libro 20, Aún, Ediciones Paidós, Buenos Aires, 1989. La primera edición castellana es de 1981.
Texto escrito por Gisèle Ringuelet, con el asesoramiento de Inés Perroud en la traducción, 2012.










