Traducción de traducción, pero se trata de que la traducción compone lo que traduce. Ahí, la identidad es fascinante espejismo de la duplicidad de los posibles y el mundo es pervertido en la suma infinita de sus posibles. La letra y la iteración como tachadura (rature) del origen, implica la traducción como una demanda necesaria e imposible. En El libro por venir, Blanchot plantea que el error «troca lo finito en infinito» (2005, p. 123), y se figura que Borges recibió el infinito de la literatura, no para hacer creer que tiene del infinito un conocimiento apacible y extraído de las obras literarias, «sino para afirmar que la experiencia de la literatura está quizás fundamentalmente próxima a las paradojas y a los sofismas de lo que Hegel, para apartarlo, llamaba el mal infinito» (2005, p. 122).
—Javier Pavez, «Jorge Luis Borges. De la traducción – o la inscripción de las letras» en Otrosiglo. Revista de filosofía, vol. 9, n. 1, 2025, p. 79. Disponible aquí.












