Outreau, agglomération de Boulogne-sur-Mer.
L’hôtel de ville.
seen from Albania
seen from Yemen
seen from Japan

seen from Sweden
seen from United States

seen from Sweden

seen from Canada

seen from Sweden
seen from Japan

seen from Sweden
seen from Russia
seen from China

seen from Malaysia

seen from Japan
seen from Türkiye
seen from Indonesia

seen from Sweden

seen from Germany
seen from Türkiye

seen from United States
Outreau, agglomération de Boulogne-sur-Mer.
L’hôtel de ville.
Outreau - soiree d'ete
Outreau : un cauchemar français
"Ce documentaire se penche sur l'un des plus grands scandales de France : l'affaire d'Outreau, une histoire tragique d'abus à l'égard d'enfants et de désastre judiciaire, ayant eu lieu entre 1997 et 2000."
👍 Aimé
#57 El Caso Outreau: una pesadilla francesa.
En 2001 una canguro está cuidando de unos hermanos cuando se da cuenta de que, sobre todo, uno de ellos tiene una conducta sexual bastante representativa, se trata de un crío de 8 años que, cuando le preguntan, admite no solo que ha visto muchos videos de contenido adulto, ya que están todo el día reproduciéndolo en un reproductor de video que hay en su casa, pero más que eso, sus padres abusan de él sexualmente. Venden su cuerpo a algunas personas, el suyo, el de sus hermanos y el de otros niños del barrio. La canguro va directamente a la policía y allí empieza la investigación que implicó 18 niños y 17 adultos.
Varios años después, el mismo niño se planta delante de una cámara en un documental sobre los hechos donde vuelve a contar su historia. Cuando la policía entró en su casa, encontró toda la cantidad de películas para adultos que contó el chico, así como otras confesiones que cuadraron con su discurso.
Sus padres fueron detenidos y estos confesaron que otras personas participaron en los abusos, y dan nombres. Esas personas eran de diferentes clases sociales, con diferentes trabajos, con posibilidades económicas otros no la tenían. Pero todos estaban dentro del mismo saco.
Durante los 30 meses que duró la investigación, pasaron muchas personas por el tribunal, y no es para menos, esos 18 niños contaron sus experiencias y en ella no solo se hablaba de abusos fiscos y sexuales, con herramientas, juguetes sexuales, miembros... también incluía el abuso de animales, en una granja del terror en Bélgica.
Abogados, jueces, psicólogos, personal del tribunal, de servicios sociales, familias de acogida y toda la sociedad francesa se quedaron con la boca abierta al escuchar los relatos de los niños y de los padres. Pero había una idea peor, ¿y si era todo mentira?
Conforme avanzó el proceso judicial y los informes se pusieron encima de la mesa, algunas cosas no cuadraron y otras cuadraron demasiado. Algunas personas fueron condenadas, otras exoneradas, pero la mentira siempre estuvo presente.
Una de las historias a destacar de este documental es la de una niña de 8 años que fue llevada para que un hombre mayor abusara de ella, y como grito mucho, un hombre que estaba allí la mató a golpes y la enterraron en un descampado que se encontraba detrás de la casa.
¿A qué nos suena esto?
Bar España, Banicarló España (1992)
Esta historia se remonta después de las violaciones, torturas y asesinatos de las tres niñas de Alcácer en 1992, donde se condenó a Miquel Ricart y a Antonio Anglés de lo ocurrido con las niñas, pese a que lo único que los inculpaba eran sus propias declaraciones. Ninguna de las pruebas recogidas en la fosa donde fueron encontradas, ni en la caseta donde, supuestamente, ocurrieron los hechos, no les señalaban.
Ese caso implicó muchas cagadas por parte de la guardia civil y la policía, tanto a la hora de recuperar los cadáveres de las fosas, como en las autopsias que fueron sesgadas e incompletas. Eso hizo que las familias pidieran una segunda tanda de autopsias que llevó a cabo el Dr. Frontela, y que determinó que la anterior autopsia estaba sesgada. Lo que resultó en un revuelo descomunal, ya que se daba por sentado que existía un sumario B mucho más completo y complejo que describía otro relato.
Se trataba de los hijos del poder, personas con altos cargos y con poder económico hicieron todas esas canalladas a las niñas y la justicia estaba haciéndose la ciega ante una serie de pruebas que no respaldaban la historia oficial.
Varios niños que formaban parte de un orfanato y un centro de reclusión para menores salieron a la palestra diciendo que los hijos del poder (dando nombres) alquilaban autobuses donde se llevaban a varios niños de ese lugar de edades comprendidas entre 5 a 13 años, los llevaban al Bar España y allí los torturaban y abusaban por hordas de personas que llevaban años haciendo esto.
En el Bar España se relataron historias por parte de algunos de estos niños que incluían rituales satánicos, sacrificios de animales, túnicas negras, velas, círculos de asesinatos, donde ellos eran solo marionetas donde su vida carecía de valor y podrían hacer con ellos todo lo que quisieran. Hasta relataron una historia horrible sobre una niña gitana:
Una niña de unos 7 años de etnia gitana fue llevada a una de esas sesiones en el Bar España, venía de una familia disfuncional y los jueces determinaron que ese era el mejor lugar para ella. En el Bar España abusaron de ella varios hombres, la torturaron y la asesinaron con una bala en la nuca. Después cavaron un agujero en el descampado de al lado del Bar y la enterraron. Consiguiendo que los niños que re revolvían o se negaban a los abusos, llegaran a un grado más de terror.
Este caso llegó a los tribunales y no se esclareció nada, fue dado como cerrado como si fuera un bulo que se fue de las manos y nadie fue llevado a la cárcel, los niños crecieron o desaparecieron y la gente quiso olvidarse. Pero es imposible dar por bueno el dosier B del Caso Alcácer y no pensar en el Bar España. Pero, ¿quién destapó los abusos y le dio veracidad al caso Bar España?
L'affaire d' Outreau "racontée" par France Télévision : à dégueuler
Pédocriminalité : le faux débat
Il n’y a pas si longtemps encore, je me montrais d’autant plus réceptif aux dires d’une personne que les faits rapportés me paraissaient intelligibles. Il fallait que je puisse “reconstituer” le raisonnement sous-jacent de l’acteur. Ce critère de rationalité me paraît de moins en moins suffisant à mesure que je m’informe sur les affaires de pédocriminalité, et notamment de réseaux pédocriminels.
Les limites du bon sens Si l’existence de tels réseaux fait débat en France, à l’étranger les vagues d’arrestations se multiplient : opération Cathedral en 1998 (107 arrestations), opération Rescue en 2011 (184 arrestations), opération Dark Room en 2016 (51 arrestations), opération Pacifier en 2017 (870 arrestations), opération Reclaim and Rebuild en 2018 (510 arrestations) – pour n’en citer que quelques unes. Mais le déni persiste, rejetant la question du “réseau” dans le caniveau du conspirationnisme. Au mépris des faits, mais pas du critère de rationalité que j’évoquais plus haut. Parce que nous sommes enclins à regarder les actes d’autrui comme une extrapolation des nôtres, il nous est difficile d’envisager des choix rationnels qui ne seraient pas les nôtres dans les mêmes circonstances. Bien qu’aujourd’hui plus que jamais nous soyons entourés de réseaux (informatiques, sociaux, commerciaux…), nous doutons que les pédocriminels aient aussi le leur, estimant que si nous avions de tels penchants, nous en aurions trop honte pour l’assumer devant d’autres personnes. Ce raisonnement tient la route, mais ce n’est pas celui des pédocriminels, qui justement seraient moins nombreux à passer à l’acte si la honte les retenait. Une réflexion consistant à se demander comment nous nous y prendrions pour continuer de faire ce que nous ne ferions jamais de la vie est donc vouée à l’échec. Le critère de rationalité est nécessaire, mais pas suffisant : il ne suffit pas de savoir ce dont les individus sont capables, mais ce que permet le monde où nous vivons et dont chacun ne voit qu’une facette. Leur monde est le nôtre ! C’est cette approche qui a manqué dans l’affaire Dutroux, tant du côté des “croyants” que des “non-croyants”. En se focalisant sur la possible implication de “notables” et de “personnalités”, le débat public a livré aux médias un feuilleton clé en main. Les procès verbaux décrivent pourtant une réalité bien plus banale dont le caractère préoccupant a toujours été souligné par la critique matérialiste (notamment féministe et marxiste). Le dressage des femmes, la domination masculine, les hypocrisies et complicités de la vie de famille, l’exploitation des carences affectives et l’emprise qui en découle, l’utilisation de la maternité comme moyen de pression, le rôle omniprésent de l’argent, le circuit du capital et le développement pyramidal des réseaux (car il s’agit de réseaux), les effets pervers d’une certaine vision consensuelle de l’enfance, les moyens employés pour discréditer les paroles de femmes, la forte porosité des frontières entre le convenable et l’inacceptable, l’utilisation de drogues (tant légales qu’illégales) par les victimes pour supporter l’insupportable, le rôle aléatoire des autorités (bien connu des prostituées et généralement des femmes maltraitées) et de la justice, et bien sûr l’alibi du consentement, véritable blanchisserie de l’abomination, le tout à une époque pétrie de culture new age allant du développement personnel à la sorcellerie pure et simple – autant de facteurs qui, à eux seuls, indépendamment de tout témoignage spectaculaire, justifieraient les hypothèses les plus pessimistes, du réseau pédophile transfrontalier à l’internationale pédosataniste. Au lieu de quoi, l’opinion se complait dans le soupçon d’un trafic certes étendu mais en marge des normes sociales, une amicale des monstres dont on répète qu’ils n’ont jamais fait partie du même monde que nous. C’est l’inverse qui est vrai. Il n’y a rien, dans “l’affaire” Dutroux, dans “le scandale” d’Outreau, dans le “dossier” Zandvoort, qui contredise les régularités statistiques observées par quiconque s’intéresse à l’économie, au droit, à la sociologie, à la philosophie politique, à l’histoire, ou même à la psychologie – laquelle éclaire la souffrance des victimes mais n’est vraiment pas indispensable à la compréhension des phénomènes qui en sont la cause. C’est POLITIQUE Ce qui donne à ces affaires leur portée politique, c’est moins le rôle des notables que la solidarité de fait entre le fonctionnement de cette criminalité et le fonctionnement de notre société. Les travaux de Richard Poulin sur la “pédophilisation” de l’imaginaire pornographique et la “culture d’agression” ont déjà fait une bonne partie du chemin, mais ces questions lancent à la société un défi qu’elle ne semble pas prête à relever. Le peuple en colère s’indigne à juste titre de la commercialisation de photos pédophiles, mais continue de faire poser ses enfants pour des photos de famille; il ne conçoit pas qu’on contraigne les enfants à faire ce dont ils n’ont pas envie, mais il insiste pour qu’il participe à la fête de fin d’année, malgré ses pleurs; il condamne la sexualisation des préadolescents, mais s’emploie à les genrer dès avant leur naissance. Quant à la marchandisation, elle est critiquée non dans son principe, mais dans ses “excès” : les viols, les disparitions et les morts continuent d’engraisser l’industrie politico-médiatique longtemps après les faits, sans que personne ne montre du doigt ce marché secondaire de la barbarie. Le marasme social que décrit Richard Olivier dans son documentaire de 1997 sur Dutroux, ce n’est pas seulement celui de Charleroi ou celui des classes populaires, c’est celui de l’occident dans sa globalité. Et pourtant l’analyse rationnelle, impitoyable, antispectaculaire des normes ayant rendu le “drame” possible est systématiquement écartée au profit de lamentations complaisantes sur les victimes parties trop tôt, les coupables jugés trop tard, et leurs soutiens trop bien placés. Au déblocage massif des budgets nécessaires aux enquêtes (sérieuses) et à la protection des personnes les plus vulnérables (en raison de leur sexe, de leur âge ou de leur origine), nous semblons préférer l’action marginale de poignées de militants séchant bénévolement les larmes des victimes et de leurs familles.
Aussi longtemps qu’il en sera ainsi, les pédocriminels n’auront de meilleurs appuis que la société elle-même et le récit mélodramatique auquel elle se shoote. Au dépens des enfants, des femmes, des migrants et des pauvres.
«Je vous le confie comme je vous confierais mon frère ou le meilleur de mes amis. Ce qu'il a fait est moche, mais je sais que vous ne le condamnerez pas sans savoir qui il est.»
Me Fabienne Roy-Nansion, défense de David Delplanque, procès d’Outreau à la Cour d’Assises de St-Omer