Y empiezo a escribir sin ganas, con el cerebro entre las piernas de alguna puta de ensueños nocturnos, como sonata, como cantata, como te encanta, a ti, el gran Mi. Y empiezo a sollozar en sonrisas de auto-hipocresía infringida, y el último pensamiento de la noche son 5 dedos, los de la delgada muerte, los del deleite sin aceites...















