Stealing had become as easy as breathing in Norah's eyes. There were always loopholes in even the most seemingly difficult of tasks. After her first couple of adventures into the world of shoplifting, she invested in a sturdy pair of pliers and learned via youtube tutorials how to pry off a security tag. It really wasn't the hardest thing in the word, which still puzzled Norah, although she was thankful for it.
On this day, she found herself at one of her favorite little shops in downtown Seattle. She made sure not to go into the same store more than once a week, not wanting to raise suspicions of the sales associates. When one would come up to ask her if she needed help, she'd simply reply with a simple "Oh, I'm just waiting for my ride. I hope you don't mind me browsing a bit?" Of course, they wouldn't mind. After all, Norah was a pro at lying through her teeth.
She was just about finished her little task - the purple corduroy jacket under her large, black blazer. Norah had made sure to take all security tags off of the gorgeous piece of clothing (or at least, she thought she did), and was on her way out the door. However, something stopped her. Was - was there a drug deal going on in her favorite store? She watched in disgust as two seemingly honest looking men traded some sort of small bag for money. After the buyer had walked away, Norah marched right up to the much taller man, and as usual, inserted herself into his business.
"You know, I don't think that the manager over there would be very pleased to know that some dirty scumbag has been dealing god-knows-what in her store." she gave him a knowing look, crossing her arms.
There was no way that she was staying at home on a night like this. Even after the police questioned them, she knew this thing wasn't over. There was no way. And she was already driving herself crazy by staying at home worrying about getting a call from them out of the blue. She had cooked and baked for far too long. Tonight, she would do something so out of the ordinary that nobody would even expect to see her there.
Tonight she was going out to the bar.
Sure, she may have gone once or twice, but never by herself and never to get wasted. She was taking a big risk by not going with Nate, or even Mel of all people. She was taking an even bigger risk by drinking alone too, but nothing would stop her. She wanted to get the image of Julia out of her head, get the sounds of her screams out of her dreams. She just wanted to forget it all, no matter the cost.
When she arrived, she walked straight to the bar and ordered a shot of tequila.
Comentarios: -suspira y niega con la cabeza, mirando con desaprobación a su personaje-
Robert McLain
Era una tarde, monótona tarde como lo eran todas las de la vida del cuarentón. Su oficina pulcra, el cielo parcialmente nublado y el ambiente tenso. Algo andaba mal y podía olerlo. Presionó el botón de llamada rápida a su asistente -- Imbécil, actualízame, ahora -- La voz débil del interlocutor tartamudeo antes de avisar las noticias. "Mensaje de Georgetow sobre una inasistencia de Bryanna. Mensaje de Entertainment weekly, desean entrevistarlo por el casamiento de Bryanna y Junior. Y el último informe estadístico de las industrias en el mundo". Pensó unos segundos mientras cortaba la comunicación ¿Acaso Junior era una buena idea? Era un idiota pero parecía mantener su papel, pero esa empresa Anderson era tan...efímera que estaría dependiendo de su propio apellido. Teniendo en cuenta que el contrato no estaba firmado aún, recapacito en busca de más opciones, Bennington había sido siempre la primer elección pero el jodido hombre había elegido a otra y se había adelantado a sus planes. Pero ahora el jodido viejo ya no se encontraba para decidir por su hijo. Se acomodó en la silla y volvió a presionar el botón -- Imbécil, comunicame con Bennington, Haaken, ahora o estas afuera-- y cortó. Le dio tres minutos para lograr lo pedido y al minuto y medio el uno se iluminaba tintineante con la llamada en curso. Esperando paciente y pensando en su estrategia.
Haaken
Angustia y soledad eran las palabras que describían la situación en la que Bennington se encontraba. Los días en el continente americano, habían transcurrido de manera parsimoniosa, rozando la tortura y picoteando el estrés justo en la nuca del joven inglés. Podía hacerlo solo, pensaba él, pero estaba muy lejos de lograrlo. La responsabilidad era más de la que se demostraba en aquella sonrisa quebrada, memorizada por sus masculinas y fuertes facciones. Entre un mar de papeles, notas, calculadoras, lápices y basura, entró su secretaria para informarle sobre un inesperado llamado: ¿Reunión con McLain? ¿Qué demonios había hecho su padre con el progenitor de su antigua compañera? Haaken, realmente, no soportaría otra sorpresa, no por hoy.
Salió de la oficina (situada en su casa, por supuesto), con una ropa más bien casual, aún no acostumbraba a las corbatas y porquerías formales que todos los empresarios solían portar. Una camisa blanca con pantalones oscuros era, según él, suficiente para impresionar. Llegó al despacho indicado, saludando con una educada curvatura en sus labios a todos los empleados del lugar, con la incertidumbre a flor de piel, reflejad en su mirada color turquesa que con tanta curiosidad miraba su entorno, escrutándolo en silencio, hasta que su nombre fue anunciado.
––McLain, señor. ––saludó con la misma prudencia que siempre lo caracterizó. Adoptó una actitud diferente, tal vez, diplomática, con una ceja levantada en desconcierto–– Mi... Secretaria dijo que era importante, urgente más bien. ––se corrigió, con un contacto visual inevitable–– Espero que no tenga relación con mi padre, porque aún estoy intentando arreglar el desastre que dejó con los turcos. ––humedeció sus labios, discreto, mientras cruzaba los brazos sobre su pecho.
Robert McLain
La firme y penetrante mirada de los oscuros ojos del inglés mayor se fijaron en los claros del menor. Buen aspecto físico, buena estructura ósea y apellido reconocido, era perfecto. -- No ha mentido-- Comenzó a decir e hizo sonar la silla mientras se acomodaba con ambos antebrazos sobre el escritorio de una madera oscura barnizada con sumo cuidado. -- Podríamos discutir de tu padre pero ya te he prestado mi pésame en su momento. ¿Sabes, Haaken? Eres un hombre ahora, desde la triste partida de tu padre que te has vuelto un hombre, y en consecuencia, hombre de negocios. Ya no tienes que vivir a su sombra y es tu momento de tomar las decisiones que recaerán bajo tu empresa. -- Sus palabras eran directas y firmes, sin siquiera dudar de las afirmaciones trasmitidas hacia el otro -- Y yo te puedo ayudar en eso. Como sabrás, tu padre y yo teníamos nuestros propios convenios de beneficio mutuo y que encajábamos para no competir con el otro porque estaríamos en una pseudo Guerra Fría en Inglaterra y todo el mundo a donde nuestro poder se expande en el consumismo ¿Me entiendes, Haaken?-- Cuestionó acomodando una de las lapiceras de su escritorio que estaba torcida, y levantó la vista hacia el rostro ajeno para buscar la confirmación que no hablaba por hablar.
Haaken
No iba a mentir: Las sensaciones que ahora recorrían su cuerpo, eran llamadas intimidación. Estaba frente a un hombre tan poderoso como su padre, y sus palabras no lograron causarle más que un escalofrío. Su mandíbula se tensó de una manera inevitable cuando su obvia realidad le cayó en forma de agua fría. Tragó saliva contra su voluntad, sosteniendo la mirada por tanto tiempo como pudo. Asintió con lentitud, más confundido que antes, tal vez. ¿A dónde quería llegar? ¿Era una charla de motivación? Las interrogantes que no se atrevía a pronunciar, no tendrían una respuesta certera por el momento, sin embargo, algo tenía que decir, algo que mantuviera la conversación meramente equilibrada.
––¿Ayudar? Bueno... ––comenzó, relajando los brazos en sus costados, enganchando sus pulgares en los bolsillos delanteros del pantalón que traía puesto. ––No sé. Supongo que usted tiene responsabilidades suficientes como para, ya sabe, encargarse también de que haga bien mi trabajo. Tengo personal suficiente, y... ¿Cuál es el punto de esta junta tan espontánea, si me permite preguntar? ––se atrevió a decir por fin, orgulloso de que su mentón no hubiera temblado en el intento. Mordisqueó el interior de su mejilla, expectante, inquieto como un infante. Su ceño cordialmente fruncido no se laxó en ningún minuto, levantó la barbilla, seguro de sus palabras. O eso quería aparentar, pues su cabecita ya había comenzado a fabricar descabelladas conclusiones de aquel extraño imprevisto, y ninguna teoría era más probable que la otra, eso lo desesperaba en cierto punto.
Robert McLain
En un segundo pudo notar el reflejo paterno del difunto en el joven heredero, si estuviese vivo sabía que estaría orgulloso de su hijo, no como él que debía lidiar con una joven adulta que actuaba como adolescente. -- A eso estoy yendo-- Dijo con cierto entusiasmo y se puso de pie. Su silla vacía parecía tan inerte sin el poder propio de su presencia, como si faltase algo allí. Pronto su hija debería ocuparla y estaba seguro que ella no podría completar la imagen que él dejaba en su retiro. -- Como sabes, mi familia mantiene un régimen estricto de matrimonio entre pares y compañías con un fin absolutamente monetario. -- Caminaba con pasos lentos y largos, haciéndo sonar el suelo con el choque del material y su zapato. Buscaba sintetizar su idea de una forma persuasiva-- Y siendo honesto, entre...colegas, Anderson Junior es un fracaso para el legado que busco de mi empresa, ni del futuro de mi hija-- Bien sabía que ellos no tenían una relación de simpatía, siquiera una relación pero suponía que podían haber comenzado a llevarse antes del cierre de la universidad esa que no recordaba el nombre. -- Así que, para ser conciso en lo que te tiene aquí, quiero que nuestras empresas sean invencibles, fusionarnos como debe ser-- Se paró delante del escritorio y miró al joven con un brillo avaricioso en la mirada oscura. -- ¿Qué dices? Si nosotros nos unimos, seremos invencibles, miles de millones para ti y para mi en una semana ¿Puedes verlo? Tendrás tanto poder como la reina misma y nunca más estarás a la sombra de nadie, sino que todos tendrán que acomodarse a la tuya. -- Volvió a caminar y su voz se volvió más densa y baja-- ¿Por qué no pruebas la silla? Anda, ve y siéntate.-- Animó a decir mientras se acercaba a la ventana pero pasaba de largo observando el alrededor de la oficina que tanto conocía.
Haaken
Sus párpados se entrecerraron, incrédulo, o quizás aquella descripción era demasiado pequeña para sus verdaderos sentimientos. ¿Qué demonios había ocurrido en treinta segundos? ¿Acaso había escuchado la palabra matrimonio? ¿Otra vez? No. Definitivamente algo debía estar mal. Abrió la boca para protestar, o al menos opinar, sin embargo, fue callada en una fracción indefinida de segundos. Las palabras predicadas eran ciertas, tan ciertas que hasta dolían. Era un discurso similar, y como un fugaz recuerdo apareció la voz de su progenitor haciendo eco dentro de su cabeza. Las mismas palabras, el mismo tono, era como ver a su padre dirigiéndose a él, con un cinismo característico reflejado en la mirada color chocolate.
––Podemos hacer eso por un contrato. ––adivinó, cruzando de nuevo sus bien trabajos brazos, en tanto su mirada se clavaba en la silla indicada por el mayor de los presentes. Frunció sus labios, y es que realmente la oferta era tentadora. Unir dos empresas, sería como unir dos reinos, y él estaría a cargo. ¿Podría hacerlo? Su experiencia no era mucha, y debía expresarlo–– No creo poder hacerme cargo de dos empresas como esta, a duras penas estoy con una. ––explicó, acercándose inconscientemente al asiento que le era indicado–– Se ve bien, y hasta me gusta como suena ––recorrió el respaldo de cuero con la yema de sus dedos, dejando que sus orbes color del cielo, recorrieran el pintoresco escenario que tenía en frente–– Pero sigo creyendo que, de alguna forma, es más de la carga que podría soportar, y el matrimonio no está en mis planes aún... ––y quiso agregar que mucho menos lo estaba con la hija de aquel hombre, pero se logró contener–– Me temo, señor, tendré que rechazar su oferta, aunque sea magnífica, la verdad. Estoy seguro que muchos querrán el lugar. ––asintió con severa lentitud, regresando su vista hacia donde antes se encontraba: La mirada contraria.
Robert McLain
Su rostro ni se inmutó, sacó de un estante la pipa con el tabaco y lo cargó en el lugar debido, devolviendo el tabaco al lugar correspondiente. -- ¿Sabes, Haaken?-- Comenzó a decir antes de encender la pipa y dar la primera calada-- Creo que no conoces tu potencial, como si desconocieras tus propios genes-- Expulsó el humo en un simple soplo hacia el techo-- La fusión es algo inevitable y ¿Qué mejor que unir dos monstruos para generar el caos? Tienes mucho potencial, tanto como su padre en sus inicios. No voy a insistirte pero la fusión de mi empresa sólo se realiza desposando a mi hija. Porque la fusión es única si el heredero es joven, es tradición en mi familia y esperaba que comprendas-- Volvió a sorber el tabaco y respiró hondo-- El contrato es ese que tienes sobre el escritorio. Podría ser tu mentir hasta que se acomode legalmente la fusión y darte los consejos necesarios que tu padre hubiera hecho. Pero Bryanna es parte del trato. Fusión, matrimonio, heredero. Eso es todo y haremos que las empresas líder en juntas no separadas. Es un bien común, además no tendrías que pasar tanto tiempo con ella, sólo en público, porque después cada uno tendrá su propia oficina. Eso si, las decisiones deberán ser unánimes. -- Caminó hacia el joven y ladeó el rostro-- Piensa que hay oportunidades únicas en la vida, y que esta fusión nos dará un prestigio superior en el comercio interno y externo. Tu empresa tiene sus arreglos y la mía los suyos. Imagina todo el poder que tendrían juntas.
Haaken
Desconocer sus propios genes. Eso, en definitiva, fue lo que grabó su alterado cerebro. Él quería llevar la empresa tan bien como su padre, quería enorgullecerlo algún día, y es una lástima que haya fallecido antes de lograr su objetivo. Se tomó la libertad de meditar la situación, leyendo por encima el contrato que tenía en frente, sin tocarlo.
––¿Heredero? ––murmuró. Y es que hace un día había estado hablando con Auden de como eso no ocurriría jamás–– Bien común. ––reiteró, y es que aquello era lo importante–– Admito que con Bryanna no tenemos una relación muy amena, la verdad... ––suspiró, cediendo a las órdenes del otro sin darse cuenta. Mordió su labio inferior, pensativo, realmente lo único en contra que tenía encima era su relación con el francés. ¿Cómo iba a hacerle eso de nuevo? Sería similar a una traición, aunque esto fuera en un periodo a largo plazo, o eso pensaba–– Si sólo tengo que ver a Bryanna frente a las cámaras... Aceptaré. ––tragó saliva, claro, aún se encontraba parcialmente inseguro, y eso se reflejaba en sus dedos tamboreando sobre el respaldo de la silla. No sabía si estaba tomando la decisión correcta, pero sabía que se encontraba frente a una gran oportunidad. Los ingresos serían mayores, y las deudas que dejó su padre serían saldadas–– Nada personal, es que... Siempre he sido partidario del amor en el matrimonio y toda la cosa, entonces, prefiero que sea así. ––un suspiro travieso escapó de su nariz, dejando plasmada en su memoria la visión que tenía de su futuro suegro, por llamarlo de alguna manera. La ventaja era que, sin duda, Bryanna sabía sobre su relación con Auden, y esperaba que pudiera respetarla.
Robert McLain
Dentro suyo el hombre sonreía. El dulce sabor de la victoria haciéndose agua en su boca como venganza. -- Deberán vivir bajo el mismo techo, pero eso se puede solucionar, construiremos una mansión dividida en dos casas. Compartirán la sala común, el comedor y la cocina, para mantener el ambiente familiar si desean entrevistar el nidito de amor. Pero ten por seguro que dormirán en habitaciones separadas. -- Dijo sabiendo que la imagen se debía mantener a toda costa en todo sentido-- Recuerda que no puedes arriesgar el "matrimonio" si no lo créela gente, mucho menos por una niñita-- La última palabra sonó despectiva al hacer mención de su propia hija. Necesitaba volver a controlarla y encarrilarla antes que todo se le fuera encima y la quebrase. -- ¿Tenemos un trato entonces, Haaken?-- Preguntó y dio otra calada a su pipa. Sabía que su hija era difícil de tratar pero cuando de imágenes ella sabía bien cumplir su papel. -- Y no te preocupes por Bryanna, es fácil de controlar-- Se carcajeó por lo bajo porque sólo él la tenía tan atada a una cadena, restringida de todo lo que el mundo le daba para someterla a lo que él quería y esperaba de ella para enorgullecerlo como debía ser.
Haaken
Sus ojos se entrecerraron con una brillante desconfianza. Comprendió todo entonces. ¿Cómo pudo ser tan idiota para no hacerlo? ¿Qué clase de padre casaría a su hija de esa manera? El suyo: Joshua Bennington. Las diferencias entre él y Bryanna se redujeron a nada: Padres dictadores, tiranos, abusivos. Y ambos hijos con la misma actitud infantil, utilizando una armadura impenetrable, una que cubría la rota sonrisa que ambos tenían. ¿Golpeó a la morena alguna vez? Porque Joshua lo hacía con él. Ni siquiera lo pensó demasiado, el teatro se había volteado en menos de quince segundos. Desposaría a la inglesa para alejarla de los errores que él mismo cometió, y que, probablemente, seguía cometiendo.
––Sí. Tenemos un trato. ––su voz sonaba áspera, más firme que de costumbre–– Con una condición: Cualquier reunión que tenga con Bryanna, la tendrá conmigo también. Cualquier visita inesperada que haga su hija, usted me llamará. Básicamente, quiero estar presente en todo. ––aseguró, y es que no dejaría al inglés solo con la muchacha. ¿De cuántos golpes se hubiera salvado Haaken si alguien más presenciara las discusiones que se tenían en aquella oficina? Muchos.
Extendió su mano, con el fin de cerrar el trato. Era increíble como nadie más que Auden podía ver la nobleza que existía en el descendiente noruego, por supuesto que a él no le importaba, el rubio siempre buscaba lo que era mejor para el resto, sacrificando su propia felicidad por ello; pues estaba seguro de que el francés no lo perdonaría tan fácilmente, no esta vez.
Robert McLain
¿Acaso no podía tener privacidad con su propia hija? De todas formas, entendía el punto no quería que nadie le hiciera jugadas sucias por atrás. Buen punto, firme decisión pero arqueó una ceja dejando la pregunta tácita de ¿Por qué tan interés es esa inútil? Pero prefirió aceptar, al fin y al cabo cumplía su cometido. -- Si con eso te contentas-- Comenzó y le tomó la mano con firmeza para sella el trato-- Trato hecho, Haaken-- Sonrió con cordialidad y tomó la pluma para firmar el contrato -- Agrega tu cláusula para que se respete, por mi parte te notificaré cuando visite a mi hija, de sorpresa o no, pero te mantendré notificado personalmente para que sea legítima mi palabra. -- Sorbió el final de su pipa y suspiró exhalando el humo en el trayecto, era más como un suspiro de victoria. Se adelantó un poco y presionó el botón para llamar a su asistente -- Dile a Anderson que no hay trato, que Junior se busque otra esposa, y a la revista esa, que el Bryanna tiene una relación con Haaken, no con Junior-- Sentenció y corto la comunicación.
Haaken
¿Había hecho lo correcto? Se preguntaba mientras firmaba el contrato, agregando las cláusulas correspondientes. Su corazón latía con vigorosidad, pues este era el paso que, probablemente, lo condenaría para siempre. Un suspiro dejó sus labios cuando escuchó las palabras del mayor, acercando la hoja de papel hasta donde el otro se encontraba.
––De acuerdo. Supongo que ahora me retiro, debo... Hacer unos trámites ––y claro que debía, trámites llamados Auden, específicamente. Tenía la esperanza de que pudiera comprenderlo, aunque lejano se veía, no podía ser todo tan malo–– Y creo que debería avisarle a Bryanna primero. Es molesto cuando sale una noticia sobre ti que no tienes idea de cómo fue a suceder. ––explicó, y es que varias veces le había sucedido. Una corta despedida fue otorgada hacia el moreno. Debía salir de ahí si no quería arrepentirse–– Lo estaré llamando para coordinar. ––aseguró, desapareciendo de una vez por todas tras la misma puerta por la que entró hace ya una hora.
It felt good to get out of the office, she had been sorta of going stir crazy and just wanted to avoid everything. Not to mention that this week wasn't the best week for her either. Katelyn was suppose to be celebrating her anniversary this weekend but she wasn't about to think about that. Or at least try not to think about it. So she was going to focus on something other than that, focusing on anything and everything besides the past was her goal but with how things were the past always came back sooner or later. She knew that better than anyone, with all of the deals that she had made. This distraction that Robert was offering was the best she had all day and she was highly thankful for it.
Getting into the car, she sighed a little bit, trying her best. Looking over at Robert after he got in. "You are going to have to give me directions on where this diner is, cause I have no idea." She gave him the best smile, that she could. Starting her car, she pulled out and began to drive, at this point she was willing to drive anywhere and everywhere just to get out of the office and away from her troubles and get lost into something or someone other than her crazy life at the moment. Between murders, fires and peoples past, things in the blonde's life was getting pretty crazy and she wasn't just talking about her own past. Ryan's with him being adopted and telling her not to trust anyone. But yet he felt the need to trust, Robert, even though her brother had a complicated situation with him. "So what is the name of this diner anyways?" Katelyn asked, glancing over at him before back to the road.