La “nueva” alfabetización
Dando cierre al seminario de Procesos de Aprendizaje en Ambientes Digitales, es hora de hacer balance. Esta etapa de perfeccionamiento me ha permitido trabajar de manera explícita con algo que muchas veces no podemos “darnos el tiempo” de volcar “en papel”, de materializarlo y compartirlo con otros: las herramientas, espacios (físicos y virtuales), personas y fuentes de información más o menos enciclopédicas que conforman nuestro entorno personal de aprendizaje. Podría decirse, a modo de resumen, que el entorno personal de aprendizaje es el súmmum de la teoría del aprendizaje conectivo; pensar y repensar ese entorno tiene especial importancia pedagógica debido a esta perspectiva del aprendizaje.
Tal como se ha visto en instancias del estudio sociológico, cada persona tiene algo así como una zona de confort más o menos delimitada por aquellos hábitos y lugares que le implican un no esfuerzo en aprender y/o descubrir algo, o poner a prueba sus habilidades. Extrapolando este principio de zona de confort, la explicitación del entorno personal de aprendizaje (PLE) podría ser equiparable a lo que, a día de hoy, es mi zona confortable, ya explorada, conocida. Esto también nos plantea a los docentes un desafío pedagógico: instar a los estudiantes a la identificación de su PLE, y dotar de herramientas e instancias para la ampliación del mismo, aunque resulte esperable que aún sin la intervención de la escuela, tal PLE se verá modificado con el paso del tiempo como parte de un proceso natural. La misma instancia de análisis, reflexión y depuración del PLE aplica a nosotros mismos, como profesionales de la educación. No cabe dudas, como lo plantean Adell y Castañeda en su repaso histórico, que no está en discusión hoy por hoy que aquí concebimos al PLE como objeto de análisis pedagógico (Adell Segura & Castañeda Quintero, 2010, pág. 5).
Deseable es que, dentro uno, dos o tres años, y tras volver a plantearme el desafío de graficar mi PLE, este se haya enriquecido, ampliado, modificado, con nuevos nodos ahora inexistentes, y seguramente con la desaparición de otros nodos que hoy la conforman. Porque, claro está, este es un ambiente que al igual que los ecosistemas donde se “mueven” los seres vivos, se encuentra en constante modificación.
A pesar de ello, aún persiste en mí la inquietud acerca de si todo el PLE es “graficable”, o si por el contrario, existe algo así como un “deep-ple” (concepto acuñado por mi…), comparable a la “deepweb”, es decir, un costado del PLE más profundo, casi transparente, pero que aun así ejerce –como una mano invisible- una influencia en nuestro proceso personal de aprendizaje. Porque parece evidente –y así lo es- que nuestro PLE es más que el historial de páginas visitadas frecuentemente, las personas más cercanas en el trabajo, y los softwares que usamos con cierta habitualidad, pero sin embargo, fuera de estos parámetros, se nos hace difícil determinar qué otros elementos ejercen fuerza en nuestro aprendizaje.
Pero dejando esa inquietud atrás, hay que destacar lo interesante que resulta poder hacer que nuestros estudiantes empleen esa capacidad casi innata de uso de las nuevas (ya no tan nuevas) tecnologías para ejercer un nuevo rol en la sociedad: el de producir, compilar y curar contenidos. Las posibilidades existentes –y futuras- no solo de que nuestros estudiantes puedan valerse de contenidos de realidad aumentada, como así también de experiencias multimediales y transmediales para enriquecer su comprensión del mundo, sino también la de poder producir sus propios contenidos de estas características y compartirlos con el mundo. Estas habilidades, como por ejemplo lo que Maguregui denomina “mashaups” o “remix” (Maguregui, 2011).
La construcción de nuevos contenidos, sobre nuevas plataformas digitales, facilitan la interacción del estudiante con los contenidos disciplinares, en un medio que le es por naturaleza más amigable que el ambiente áulico clásico. Ello no significa que el ambiente áulico clásico deba ser desterrado ni mucho menos, pero sí es una posibilidad para repensar, como educadores, qué cosas dejar para el “momento áulico”, y qué cosas dejar para “el momento de la virtualidad”.
Esto es solo una puerta de entrada al desafiante mundo de los nuevos ambientes digitales de enseñanza-aprendizaje, que no se reducen solo a las “aulas” virtuales que se limitan a reproducir las mismas estructuras de un aula convencional solo que a través de un dispositivo electrónico. Esto va más allá de eso.
El tiempo está corriendo y solo nos queda innovar.
Delfor.
Trabajos citados
Adell Segura, J., & Castañeda Quintero, L. (2010). Los Entornos Personales de Aprendizaje: una nueva manera de entender el aprendizaje. En Claves para la investigación en innovación y calidad educativas. La integración de las Tecnologías de la Información y la Comunicación y la Interculturalidad en las aulas. Roma: TRE Universita degli studi. Recuperado el 03 de 06 de 2016, de https://drive.google.com/file/d/0B7ddgMmt87XiZW9hN1ZOS1VlV0JoR2ozRC0yYmNELWtNYl9R/view
Maguregui, C. (2011). Hacia el diseño de experiencias enriquecidas. Las posibilidades que brindan la convergencia y las estrategias narrativas transmediáticas. En AA.VV., & C. C. ANEP (Ed.), El modelo CEIBAL. Nuevas tendencias para el aprendizaje. Montevideo, Uruguay. Obtenido de http://www.ceibal.edu.uy/Documents/Libro%20Azul%20ANEP%20-%20CEIBAL%20%282011%29.pdf










