“Como un padre se compadece de sus hijos, Así se compadece el Señor de los que le temen. Porque Él sabe de qué estamos hechos, Se acuerda de que solo somos polvo.”
Salmo 103:13-14 NBLA
Esta frase de optimismo que a veces escuchamos, “recuerda de que estás hecho” muchos motivadores la usan para alentar a la gente a levantarse y triunfar. Pero en el Reino de Dios no es así, más bien esta frase nos recuerda que no somos nada sin Dios.
Este salmo nos anima a dos cosas, la primera a recordar que estamos hechos de polvo, que no somos nada, que al final de nuestros días nada nos llevaremos, más bien, al final de nuestros días, iremos a un juicio y ahí seremos probados.
Pero mientras estamos en la tierra, recordamos que somos solo polvo, el día que nos vallamos de este mundo, solo recuerdos quedarán y en algunos caso, nada.
Pero, cuando recuerdo que soy solo polvo, que no valgo nada en esta vida, entonces encuentro mi valor en Cristo, y en un Padre amoroso que se compadece de mi debilidad y que decide por amor y misericordia cuidarme y arroparme, El sabe que soy débil y que a veces no quiero seguir, que estoy por darme por vencido o algunas veces no quiero seguir en esta tierra, pero El me mira con compasión en mi debilidad y me abraza como un Padre que sabe lo débil que es su amado hijo.
El verso 17 lo completa recordándonos que su misericordia es antes de que yo existiera y seguirá siendo después que yo exista, y que no importa las guerras ganadas o perdidas, en este tierra, en este tiempo, al final la justicia es para los que guardan su pacto.
Hoy seguiré recordando que soy débil pero que tengo un Padre amoroso y que se compadece de mí, por eso mismo, ya no tengo temor del mañana, porque el sigue conmigo.












