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La cancha de chapopote #mavicpro #dji #djimavic #chilango #futbol #cdmx #pamboleros #soccer (en Distrito Federal, Mexico)
El fútbol no es para verlo en televisión.
Si hay algo que me encanta hacer en la vida es ver series de televisión. Y no, no me salen ronchitas ni comparto con aquellos que la satanizan porque aseguran que nos carcome el cerebro o nos obliga a tomar harta coca cola. Sin embargo, hay eventos que por más que la televisión nos acerque, son muchísimo mejores de ver en vivo. El fútbol, por ejemplo.
Anteriormente había visitado un par de estadios de la Ciudad de México para echar el coto y sacar el estrés universitario, pero en esta ocasión fui decidida al estadio azteca para ver América-Atlas. Es la primera vez que estoy con la barra de algún equipo de fútbol, así que me pareció una experiencia padre de compartirles para empezar a hacer semiosis pambolera en este bonito blog.
Primero debo aclarar que estuve con la porra del Atlas (...) ¡Ya sé! para los que me siguen en twitter sabrán que este no es mi equipo pero al menos no son las pinches chivas mi novio es intensamente atlista y me convenció. ¡Y además! Voy a confesar, para mi enorme sorpresa, que estar con esta barra resultó ser muy divertido y enriquecedor. Ya les cuento.
Spoiler Alert: No soy la mejor narradora de fut pero sí se la mato a Rosique o a los tipos de Azteca.
Cuando cayó el primer gol toda la barra rojinegra se desbordó en un grito al unísono que contagiaba una tremenda pasión por el fútbol pero sobre todo, pasión por el equipo, por la camiseta. Puede parecer obvio pero un gol festejado en el estadio, con los aficionados, nada tiene que ver con uno celebrado en nuestro sillón favorito, y mucho menos con los alaridos trasmitidos por tv.
Se jugaba el primer tiempo y las cosas pintaban muy bien para los rojinegros que ya llevaban ventaja sobre los de Coapa. El ambiente estaba padrísimo y por supuesto ya me sabía unas cuantas estrofas que bailaba mientras ellos cantaban:
¡Dale la AKD! Disque silba*
Al medio tiempo el marcador ya estaba empatado pero la barra se sentía cada vez más viva. Sus cantos retumbaban en lo alto del estadio azteca y eran enmarcados por un dispositivo de seguridad del D.F. A pesar de eso, no hubo ni tantita intimidación, los aficionados estaban alegres y desbordaban sus gritos al unísono de Gol una vez más por las gradas del estadio.
El segundo tiempo sí que estuvo intenso. En más de una ocasión percibí los rostros de angustia y alivio al ver que el esférico salía disparado por encima de los guantes de Pinto y abandonaba la cancha. Mientras los rojinegros recuperaban el balón, Benedetto se convertía en la botana de propios y contrarios porque, aceptémoslo, el tipo falló unas que hasta...bueno, probablemente yo también las hubiera volado pero con más estilo, oigans.
Al ritmo del "óle", el esférico danzaba de un lado a otro por los tacos de los rojinegros. Y finalmente, las gargantas de los zorros se desgarraban de felicidad por tercera vez cuando el balón tocaba el fondo de la portería que custodiaba Moi Muñoz.
No pain no game
Atlas se llevó la victoria con tres goles a uno. Los jugadores del ame se retiraron a los vestidores con un par de cosas que meditar y trabajar para el próximo partido mientras los jugadores del atlas saludaron desde la cancha a la barra que sigue a los rojinegros a todas partes (¡a todas!).
Y como todo buen aficionado del fútbol habrá asistido por lo menos una vez al estadio para ver jugar a su equipo, me dará la razón cuando les digo que el fútbol no es para verlo en televisión; es para jugarlo en la cancha o disfrutarlo desde las gradas con un montón de sujetos igual de apasionados y locos, sin cortes a comerciales, sin molestos patrocinadores llenando la pantalla a mitad de una jugada, sin narraciones espantosas y lo más importante: ¡Sin primeros planos del piojo festejando!
Pd. Para cuando publique esta entrada, Atlas habrá perdido contra los Rayados del Monterrey y el Ame habrá goleado a los Tuzos. Word!