Dos años sin vernos. Yo en Sudamérica y Asia y él en Namibia. ¿Porqué no reencontrarse con Fernando en Indonesia?
Jakarta
Llegué a la isla de Java desde Singapur una hora antes de que aterrizase su vuelo de tres días desde Lüderitz y, como no, me equivoqué de terminal donde esperar. Menos mal que Anita, una española que se encontró en el vuelo le dejó el teléfono para que nos pudiésemos encontrar.
Juntos descubrimos que Jakarta, su capital, tiene mucho más para ofrecer que las descripciones deprimentes de las guías de viajes,. Buceamos por su centro y probamos su agitada vida nocturna. Siempre se encuentra algo bueno, incluso en las ciudades a las que otros viajeros tachan de 'agujero infernal'.
Batu Karas
Sabía que esta parte del viaje iba a requerir dotes que tenía ya oxidadas. Después de mucho tiempo estaba de vacaciones, no de mochilero. Parece una tontería pero es un cambio de chip importante, aunque al final encontramos un punto medio.
Modo vacaciones: En lugar de meterme en mil transportes distintos y pasarme tres días para llegar al sur de la isla un tren lleno de vendedores ambulantes y un taxi de 6 horas nos llevaron a Pandangaran.
Modo mochilero: Al día siguiente tocó moverse en transporte local durante una hora por 0.8€ y caminar durante 5km para evitar pagar 2.5€ de ojek (mototaxi).
Como se puede ver lo de las mezclas homogéneas no es lo nuestro, pero llegamos a Batu Karas. En las sus playas de arena volcánica Nando probó por primera vez el surf y yo pude dedicarme un par de días a seguir practicando antes de seguir el camino a 'Yogya'.
Yogyakarta
Puede que ayudase moverse con gente local del mundillo del graffiti, pero nunca una ciudad en Asia me había parecido tan original. Putri nos ayudó a conocer su lado alternativo, moderno y tradicional a la vez, pero todo con un regustillo asiático que engancha.
Yogya, como la llaman los locales, es de las urbes de las que te quedan ganas de más. De no levantarse de las esterillas que pueblan sus soportales mientras algún músico callejero te deja con la boca abierta. De tomarte otra ración de patas de pollo fritas que ofrecen la legión de puestos callejeros. De beberse otra copichuela del licor casero que escamotean debajo de sus carros.
Ya en modo turismo, nos levantamos a las 4:30 de la mañana para ver el precioso amanecer de Borobudur, el monumento budista más grande del mundo. No sé si fue el madrugón o la tranquilidad que se respiraba, pero Nando se echó una buena siesta en la cima de la estupa.
Y como aquí también nos quedamos con ganas de más terminamos el día en el Pranbaran, un templo hinduísta que, aunque no se puede comparar con los de Angkor nos enseñó que no todo es lo que parece en Indonesia. Aquí aprendimos a diferenciar las señales de 'SALIDA' y la de 'SALIDA falsa que te lleva a un laberinto de 1km de tiendecillas antes de llegar a la de verdad'.
Las pocas trazas del modo mochilero que nos quedaban se esfumaron tras hacernos con sendos ˝Sarungs" y comprarme una camisa de batik (tela tradicional de Java) justo antes de montarnos en el avión que nos llevaría a Bali. Algo vibraba en mi bolsillo y no era mi móvil, era mi cartera.
¡Kuta here we go!










