Hace ratito salimos al Oxxo y había un pájaro muerto afuera de la casa. No tengo idea si tenga alguna conexión con lo que auramistica.com y hechizos-amarres argumentan sobre los malos presagios, pero me gustaría pensar que es un feedback paradójico de los viajes en el tiempo de esta noche. Me encantaría vivir en algún recuerdo buena onda, aunque lo mejor del tiempo pasado es que ya no está más, su fastidiosa permanencia en el presente que a veces lo modifica como un rumor, cualquier momento el tiempo podría ser mejor que el que estamos viviendo.
Tuvimos un flashback a la preparatoria de Mili Herrera en la visita a su exposición Noche Natal en Pandeo (Ciudad de México). Como parte del programa curatorial Bicéfala, la muestra rescata dos pinturas de la temprana adolescencia de la artista, digamos –antes de saber siquiera que sería artista–. Uno de los cuadros es un alumbramiento y el segundo una defunción, el resto de obras funcionan como puente entre una imagen y la otra. La famosa afirmación de ver pasar tu vida justo antes de morir es el eje de representación en la muestra, pero bajo la pregunta ¿podremos recordar incluso antes de nacer?.
Este viaje en el tiempo no fue al estilo Netflix Latam o Disney+, de hecho no tiene tanto que ver con el melodrama narrativo de una peli sci-fi taquillera, en cierto sentido es un despliegue más “rizomático” y con todas las de la ley podría decir que se trata de un electroencefalograma de un recuerdo metastásico más que de un DeLorian DMC o una máquina del tiempo cualquiera, por lo tanto me fué más orgánico pensar en la poco afamada cinta Flatliners (2017) para entrecruzar la muestra.
Un grupo de estudiantes de medicina comandados por Courtney (Eliot Page) empiezan a hacer experimentos con la muerte. Una obsesiva compulsión por probar la ampliación neural de sus capacidades al acceder a un despliegue de recuerdos y experiencias almacenadas en sus cuerpos. Este procedimiento de matarse por lapsos de tiempo muy cortos y luego volver a la vida, les da acceso a un flatline –el punto cero entre la vida y la muerte– que eventualmente beneficia su capacidad de recordar los conocimientos del pasado permitiéndoles un desempeño sobresaliente en casi todas sus actividades cotidianas. Sin embargo, los más oscuros traumas de su pasado poco a poco empiezan a invadir y retroalimentar su realidad tangible haciendo de esta una distorsión perceptiva.
Esta distorsión perceptiva conlleva a la muerte de Courtney por su incapacidad de diferenciar sus visiones “falsas” de la realidad. Su defunción se vuelve un ejemplo de la redención de culpas en sus compañeros y a partir de la muerte de su compañera el grupo trata de resarcir los daños causados en el pasado y no vuelven a surfear el flatline jamás. Ray (Diego Luna) es el único personaje que no se fía de hacer ese tipo de experimentos, solo se encarga de acompañar y resucitar a sus colegas. Es un personaje ejemplar con una subjetividad incorruptible por el deseo de muerte, como estrella nacional podría leerse como un espectro colonial-católico mexicano, pero si especulamos un poco sería interesante pensar que Diego Luna es un Xoloitzcuintle –un perris acompañante al inframundo de las productoras internacionales, con capacidades místicas de ir y venir del mismísimo Mictlán del entretenimiento– nuestro sensual actor es entonces patrimonio nacional.
Entonces el viaje a la semilla de Noche Natal no estaría mejor enmarcado por la adicción de ese grupo de personajes por intervenir su memoria a través de la muerte, por lo tanto la especulación de nuestra querida artista visual es certera y ambiciosa en la búsqueda de un momento más allá de la vida y la muerte. Los recuerdos de organismos celulares, plasmas, energías y materia, serán la premisa para imaginar ¿Cómo serán las experiencias traumáticas de nuestro pasado mineral? o quizá plantearnos los pasados perdidos, como pasados potenciales para reconfigurar nuestra realidad o distorsionar nuestra percepción.
La exposición de Mili Herrera podría describirse como una retrospectiva precoz, pero mejor aún propone habitar un flatline libidinal, un punto cero hedonista con la atmósfera liminal de las grandes determinaciones como vida y muerte pero con un ligero toque adictivo y caprichoso del deseo –y ¿por qué no? con la compañía metamórfica de Diego Luna a cuatro patas –.
NOCHE NATAL de Mili Herrera se puede visitar hasta el 30 de abril en Pandeo, Miami #27, Col. Nápoles, Ciudad de México. Curaduría: Ixchel Ledesma.