Tuve idas y venidas con la página de citas por aquel entonces, la cerraba cuando me cansaba y volvía cuando estaba aburrida. Era curioso que tras varios meses, todos aquellos con los que había hablado seguían por allí. Algo no funcionaba, la gente no encontraba a su media naranja... o visto de otra manera, era una fuente inagotable de ligues de emergencia.
Y entonces conocí al mayor maníaco de mi vida, prepárense...
Cuando empecé a hablar con #Paniagua, yo acababa de mudarme a un barrio nuevo y resultamos ser vecinos. Una noche me sugirió asomarme al balcón, ya que de vuelta a casa había pasado por mi calle y quería verme (Todos a coro: Ooooooh!).
Mis pintas en pijama y la falta de maquillaje harían huir a cualquiera, así que totalmente opuesta a versión de Shakespeare, me aventuré a salir cual Julieta. La visión no debió de ser tan desagradable por que nos quedamos hablando un buen rato, hasta que las quejas de los vecinos y una inminente tortícolis en el pobre chico, hicieron mella en la conversación y nos tuvimos que despedir.
Como toma de contacto había estado muy bien, me pareció gracioso y diferente. Y qué queréis que os diga, nunca había tenido una cita desde un balcón, así que me hizo gracia.
La primera vez que quedamos y le vi a la luz del día (y a la misma distancia) me gustó. Enseguida estuvímos cómodos y hablábamos con absoluta normalidad, la cita en sí no tuvo grandes momentos. Me llevó a dar una vuelta para enseñarme el barrio y como colofón final, nos tomamos algo en una terraza.
La siguiente vez que quedamos le invité a beber algo a casa y a ver una peli.
Y nos acostamos.
Si, mi primer polvo del "Adopta una tara".
Lo cierto es que fue una mierda, el pobre parecía que había perdido la virginidad la semana anterior y aquello no pudo ser más torpe. Nos quedamos dormidos en el sofá y cuando la luz nos despertó unas horas más tarde se fue de mi casa muy a su pesar, ya que después de nuestro encuentro parecía profundamente encandilado (yo no).
Durante aquella noche, y tras sincerarse (gentileza del alcohol) me contó todas sus aventuras románticas. Que habían sido dos. Sí, dos. Resulta que el pobre muchacho había sido muy tardío en probar las artes amatorias, y las chicas resultaron según sus propias palabras: "unas locas de cuidado" (¡JÁ!, seguid leyendo y me secundaréis)
Pensaba ser clara con él y decirle que era mejor dejarlo donde se había quedado, hasta que ese mismo día por la noche, sonó el timbre y para mi sorpresa cuando descolgué el telefonillo, una voz familiar me saludaba con el pretexto de ver luz en mi salón y sugerir subir un rato a verme.
Un miedo repentino se apoderó de mi y pensé estúpidamente en colgar, apagar la luz y encerrarme a salvo en mi cuarto,pero era demasiado tarde para aquello. Le dí un par de evasivas pero no se dejó amedrentar, así que acabé dejandole subir.
No tenía intención alguna de volver a follármelo, así que estuve fría y distante a más no poder. El pobre chico parecía estar encantado con su plan y no era consciente de mis indirectas, ni siquiera cuando le hice la cobra (varias veces).
Al fin se fue de mi casa, y respiré aliviada.
A partir de aquello, sus mensajes empezaron a ser constantes, llegué a encontrarme varias llamadas perdidas cuando salía de trabajar,incluso un día le vi en la plaza a la que daba mi tienda mirándome... Fue entonces cuando me di cuenta que el chico no era muy normal y empezaba a parecer un acosador de los de las películas.
Decidí cortarlo de una vez por todas (aleluya, guapa) y no se lo tomó demasiado bien. Por lo visto todo aquello le pilló por sorpresa. Me decía que sabía que teníamos algo especial, "sólo hay que quedar más y ya te darás cuenta" pero no tenía la menor intención de aquello,como comprenderéis.
Al final me dijo que no iba a aceptar mi negativa hasta que no se la dijese a la cara, por que sabía que podía hacerme cambiar de idea.
Aquella conversación telefónica duró una maldita hora y tenía que haber sido grabada. Hubo de todo, lloros (si si, se puso a llorar en pleno ataque de histeria) me insultó repetidas veces, incluso utilizó una frase muy de thriller: "se donde vives y trabajas, tu misma". Y ahí me acojoné y le bloqueé.
Y todo esto por quedar dos veces y echar un polvo. Si os cuento yo la de veces que me han dado boleto y me he resignado con toda la dignidad del mundo... (ya os contaré).