Estoy viajando de camino a cumplir 8 horas de laburo, hace calor, pienso en ti, en lo bonito que sería mirar tus ojitos color noche, en lo maravilloso que sería sentir tus labios bailando en los míos, en tu piel morena sobre mi piel canela. Estoy en una incertidumbre y quisiera estar en tu cielo, imaginando que la vida no es más que tu voz contándome que los demonios desde que estoy en tu vida tienen bonita cara y no dan temor, que no los has derrotado por completo, pero si apaciguados. Tengo la sensación de que el universo me quiere contigo, pero a su vez mi impaciencia arraigada me colma los pensamientos de situaciones negativas y visualizo mi corazón desangrado en mi puño cerrado y tú la culpable. No te niego, no te miento, no te lo oculto, tengo miedo, miedo a quererte y quererme y que queriéndote de pronto se avecine un sismo y terminé bajo los escombros y tú desapareces ya no por par de semanas sino para siempre. Me han dicho que tal vez solo eres un ser simpático y agradable en ocasiones y que yo entrego mucho de mí misma, podría sentirme ofendida e incluso podría haber dado la razón, sin embargo nadie entiende, nadie te entiende. Me lo has dicho muchas veces, que te gusta tu soledad, que la gente no te agrada, pero que conmigo es diferente. Quiero tocarte el ombligo y ver nacer de ahí mariposas de colores que nos pinten los sueños que aún no conocemos, quiero que toques mi alma y te des cuenta que es virgen contigo, que desde que llegaste a mi vida se convirtió en pureza, que olvidé quién me hizo daño y a quién le hice daño yo. Contigo quiero volver a nacer en el amor, no hubo nadie antes, todo empezó con tu nombre y mi nombre junto a todo lo demás. Quiero nacer y renacer contigo.












