Autor: Cubo. Como Kickass Hankey por deserción del Secret Hankey original.
Personaje/pareja(s): Clyde Donovan & Barbara ‘Bebe’ Stevens (Clybe).
Rating: K (5+)
Extensión: 2.511 palabras (5 páginas de Word).
Resumen: “Quizá ser simplemente amigos no esté tan mal. Por ahora”. Pensó Clyde Donovan luego de que Barbara Stevens hubiera colocado con suavidad sus labios sobre su mejilla.
Disclaimer: Los personajes de South Park aquí exhibidos no me pertenecen, le pertenecen a Comedy Central, específicamente a Trey Parker y Matt Stone.
Advertencias: --
Notas: Tomé como base una rara psicología que tengo de Clyde, espero que te guste. Los centré en una edad algo problemática (más de lo normal), que vendría siendo la transición de lo que denominamos “niñez” a la “adolescencia”. Probablemente no tengamos los mismos headcanon con respecto a estos dos, pero traté de apegarme lo más que pude a sus personalidades de 8 a 10 años.
No siempre había mirado a la rubia, de niños había salido alguna vez con ella pero la terrible verdad lo sumió en una depresión que lo obligó a encerrarse en su cuarto a llorar por semanas enteras. El simple hecho de que ella y las demás chicas sólo lo quisieran por la zapatería de su padre fue una situación con la que no podía lidiar. Tardó en reponerse pero cuando lo hizo fue bien recibido en la clase y parecía que todo había sido olvidado. Agradecía vivir en South Park, donde parecía que nada pasaba pero en realidad sucedía de todo. Entonces volvió a la realidad, ahí estaba la chica, con su melena perfectamente peinada y acomodada a un costado de su rostro, se fijó en la finura de su rostro y descubrió que sus labios brillaban, seguro había utilizado un poco de lipstick. Negó y miró al chico con el que estaba compartiendo asiento en el autobús, Tweek no paró de hablar en todo ese rato teniendo sus pequeños espasmos que lo hacían saltar de vez en vez de su asiento. Clyde no tenía idea de lo que le había dicho y se limitó a asentir con la cabeza cuando él preguntó su opinión.
Luego de que Clyde se calmara entró, había llegado quince minutos después de que el timbre sonara: se había levantado y encerrado en los baños, diciéndoles a sus amigos que estaría bien. Cuando estuvo en el baño pensó en cuan patético debía verse, terminar llorando por nimiedades como esa no podía cambiarlo; aunque fuera ya un preadolescente continuaba derramando lágrimas. Se acomodó en su asiento y evitó a toda costa hacer comentarios al respecto, garabateó en su cuaderno lo que el profesor ponía en el pizarrón. Aquella era una mañana cero productiva.
A la hora del almuerzo se separó del grupo con la excusa de que había olvidado algo en el salón, no era verdad, simplemente quería estar un momento a solas y volvería a ser el de siempre. Ya no estaría deprimido y disfrutaría de nuevo de esas cosas estúpidas que les envolvían, era lo malo de ser adolescente. Cruzó el umbral de la puerta y se encontró con la rubia, quien estaba buscando algo en su asiento, Clyde se puso un poco tenso y se quedó completamente inmóvil bajo el marco de la puerta.
—¡Oh! Hola Clyde — Saludó la chica con una sonrisa, sorprendida de encontrarse con él ahí
—No esperaba encontrar a nadie, creí que todos estarían en el comedor. ¿Te encuentras bien? — Parecía preocupada.
—¿Eh? E-estoy bien — La chica no parecía convencida, así que no quitó la mirada de encima el castaño, Clyde se sintió algo culpable pero no dijo más. Logró moverse y caminar a su asiento para agarrar sus cosas y buscar algo inexistente —Sólo olvidé algo.
—Lloraste esta mañana, ¿cierto? — Murmuró la chica sentándose frente a Donovan y mirando lo que hacía.
—¿¡Qué!? — Su rostro se desfiguró por completo ante sus palabras. ¿Lo había visto? ¿Cómo? Él suponía que todos habían entrado ya. ¿O es que alguien lo vio y corrió el rumor? No sospechaba de ninguno de sus amigos, así que debía de ser alguien más. Sus ojos evitaron mirarla, le ponía nervioso y ahora aún más sabiendo que lo había visto. — F-fue un tropiezo, dolió bastante. — Intentó excusarse.
—No te preocupes — Esbozó una sonrisa enorme al ver como había reaccionado, incluso había tomado un color rojizo en sus mejillas. —No se lo diré a nadie si eso es lo que te preocupa, ustedes los hombres tienen un extraño sentido del honor. Tienen que ser más dulces y tiernos sí lo que quieren es conquistar a una chica. — Hizo una mueca al recordar que ellos eran tan descuidados cuando se trataba de entablar una relación con una chica, y no digamos lo que pasaba cuando era hacer un intercambio de palabras. —Tú no eres como ellos, Clyde. Por eso me gusta verte llorar.
Sus palabras hicieron eco en su mente, la imagen que proyectaba de sí mismo no le gustó pero tampoco le desagradó, era una dualidad con la que tenía que vivir. Bebe había dicho que le gustaba verlo llorar pero eso no quería decir que fuera sentimental, más bien lo tenía como algo que hacía su cuerpo sin preguntar a su cabeza antes. Incluso ahora había creído sentir a sus ojos llenarse de lágrimas sin embargo había sido un simple juego de su mente. Desvió la mirada y continuó hurgando en su mochila, esperando encontrar con algo y decir: ‘Oh, aquí esta lo que estaba buscando’, pero parecía que la buena suerte no estaba de su lado ese día.
—Pero no quiero decir que me guste que llores. Quiero decir que parece que tienes más sentimientos que ellos — Agregó luego de un incómodo silencio entre ambos.
—Creo que entendí. — Murmuró por lo bajo encontrando un papel mal doblado, lo sacó y lo guardó en su chaqueta. —Gracias. — Estaba apenado por las palabras de la rubia, normalmente no escuchaba halagos para su persona, de hecho sólo le decían el montón de cosas para las que no era bueno y no sabía como contestar a las palabras que de buena fe le decían.
El silencio volvió a reinar entre ambos, pero fue distinto. Dejaron de mirarse, Bebe recargó la cabeza en el respaldo de la silla mientras Donovan evitaba mirarla demasiado, sentía qusi se encontraba con sus ojos tendría que decir algo y no tenía nada inteligente que hablar. Incluso dejó de moverse para no hacer ruido, el reloj continuaba avanzando y probablemente el descanso terminaría y no habría podido probar alimento, aunque la verdad era que no quería dejar a la chica, se estaba bien ahí con ella.
—Lo siento, Clyde. Seguro te están esperando para almorzar — Se levantó y tomó una pequeña bolsa que había colocado en su butaca, seguramente una cosmetiquera. —Nos veremos después.
—N-no, espe… — Fue tarde su intento por detenerla. Había sido un acto impropio y suspiró pesado. La verdad era que esa banal plática le había tranquilizado y su humor de todos los días había regresado. Quizá había estado pensando de más, antes de ir con Craig y los otros se dirigió al baño para echarse un poco de agua y vio claramente como una sonrisa se dibujó en su rostro, se dio unos golpecillos en las mejillas y ya estaba listo para enfrentar a sus amigos.
Cuando llegó a sentarse con ellos ya habían terminado su almuerzo, lo molestaron un poco y el único hijo de John Donovan terminó sollozando, pero fue diferente que en la mañana. Esta vez no se fue molesto, sino que terminó riendo y frotando sus ojos con el dorso de su mano, las palabras de Bebe le habían hecho pensar de otro modo, aunque no hubiese utilizado unas profundas o metáforas con las que algunas veces los adultos querían hacer entender a los preadolescentes hijos. La campana sonó indicando el final del descanso, Clyde a penas logró terminar su almuerzo, se llenó la boca y tuvo que tragarlo.
De ahí en adelante no pasó nada relevante, sólo que el chico perdió un poco la cabeza ya que Barbara se sentaba delante de él. Su mirada embobada no la podía esconder, intentaba acercarse a ella pero los dos asientos que los separaban era una brecha enorme, antes de que terminaran las clases intentó llamarle pero Red fue más rápida y la invitó a lo que quiso suponer era ir de compras. Lo dejaría pasar por ese día e iría a divertirse con sus amigos, después de todo había estado esperando que el día se terminara expresamente para eso.
Jugó, sudó, rió e incluso volvió a llorar estando con los chicos; su tarde no se limitó a estar nada más con Craig, Tweek y Token, se habían juntado con los demás y habían echado un partido de basket como en los viejos tiempos. De pronto comenzó a disfrutar de ese tipo de cosas, como si le hubieran puesto una venda en los ojos y ahora se le hubiera caído, realmente no se había estado sintiendo él.
Se despidió de sus amigos y volvió a su casa, por lo menos eso fue lo que les dijo. No fue una mentira pero antes de llegar a su hogar se desvió a Taco Bell y poder comprar algo para la cena, su padre no era un excelente cocinero y ni hablemos de sus propias habilidades culinarias. Por esa razón decidió pasar a comprar tres órdenes de tacos, para su padre y para él mismo (obviamente), la verdad era que actuó inocentemente y no creyó que sucedería lo que, bueno, sucedió.
Cuando salió del Taco Bell tenía una cara brillante, no dejaba de olfatear la bolsa que sujetaba con ambas manos, ya quería llegar a su casa y comer mientras disfrutaba de una buena película. Y entonces Bebe apareció justo frente a sus ojos. Ambos se quedaron mirando algo anonadados y fue la chica quien rompió el silencio.
—¡Clyde! Me asustaste — Tenía una mano en el pecho, recuperando el aliento. Parecía que había corrido.
—L-lo siento — No sabía por qué se disculpaba si no había hecho nada.
—¡Has comprado ya! — Exclamó la chica algo triste mientras miraba la bolsa que cargaba el castaño, hizo un puchero y acomodó su cabello, alisando los costados. —Corrí lo más que pude pero parece que fuiste más rápido.
—¿D-de que hablas? — Había puesto un gesto de curiosidad. Bebe estaba comportándose de forma extraña y en realidad quería saber que estaba pasando antes de hacerse toda una historia en la cabeza.
—Es sólo que quería comprarte la cena. Como agradecimiento por la plática de la mañana — Contestó segura de sí misma y reincorporándose, dando un último respiro profundo.
—No tienes que hacerlo — Clyde estaba sorprendido, no entendía a la chica. Quien debía estar agradecido era él, después de todo fue él quien terminó siendo animado por ella.
—Pero quería — Le objetó y se cruzó de brazos —Ya que la has comprado entonces te acompañaré, debo volver a casa también.
Comenzaron a caminar, Bebe iba realmente cerca de Clyde y él no terminaba por comprender las acciones de Barbara. Ella actuaba de formas tan distintas que no estaba plenamente seguro de comprenderla. Bien le había advertido su padre: ‘Las mujeres son imposibles de comprender, sólo déjalo pasar y hazles creer que te interesa’. ¡Ah! Los sabios consejos de su padre.
Quería hablarle pero no tenía un tema de conversación, se puso nervioso de nuevo y sus piernas se tropezaban entre ellas. Tenía que madurar. La rubia reía al ver como intentaba aparentar que no pasaba nada, era tan dulce que se acercó a él y se colgó de su brazo, el castaño se detuvo y se sonrojó lo suficiente para parecer un tomate.
—¡Bebe! — Clyde no daba crédito a lo que estaba pasando. Había deseado que eso sucediera luego de que terminaran pero que sucediera en ese preciso momento era surreal.
—¡Clyde! — Le imitó y luego se soltó a reír —Relájate, ¿quieres? Estás tan tenso desde en la mañana. Y por supuesto que no iba a comprarte algo para la cena, pero supe que estabas aquí y quería venir contigo, no quería regresar sola a casa. Red se encontró con su mamá y me sentía un poco incómoda.
—Oh…así que eso pasó — Rió de forma estúpida. Era un poco decepcionante, por un momento en verdad creyó que podía tener una oportunidad con la chica y ahora todas sus esperanzas las comenzó a cargar sobre sus hombros.
Había perdido un poco de tiempo creyendo una ilusión. Era tan fácil crearle un mágico mundo al corazón y mucho más fácil destrozarlo. Aunque Bebe no había dicho o hecho nada realmente, suspiró y le dejó ahí…volvió a deprimirse por ser tan iluso. La chica comenzó a hablar de cómo fue su día pero Clyde había dejado de escuchar, sólo cuando sentía un tirón en el brazo y asentía mientras se disculpaba por haberse distraído.
Llegaron al punto donde debían separarse, Clyde esperaba que Bebe le soltara pero no lo hacía, y obviamente no quería ser él quien rompiera la magia. La rubia pareció leerlo y le soltó, agarrando fuerte sus bolsas y alejándose un poco.
—Clyde…eres un buen amigo — Sus palabras hicieron que el castaño se girara y se sintiera un poco mejor, parecía que después de todo sí existía para ella. —Y me gusta pasar tiempo contigo, sabes escuchar… — Acomodó un inexistente mechón detrás de su oreja y le sonrió de forma dulce — …eres como mi mejor amigo.
¡Oh, bendito dolor! Eso fue aún peor. Estaba mandándolo directamente a la friendzone, lo sabía pues muchos chicos estaban quejándose de eso. El término se había vuelto muy popular y ahora él era su presa. Sonrió de forma extraña y apretó la bolsa en su mano. ¿Y ahora cómo iba a escapar de esa?
—¡Oh! Debo irme, nos vemos mañana en la escuela — Ella sonreía como si no pasara nada, como si en verdad no supiera lo que el castaño había estado sintiendo en ese tiempo. Y de un pequeño salto llegó a colocarse a un lado de Clyde y sus pequeños labios se posaron en su mejilla, dejándolos impregnados debido al labial que se había puesto.
Tal vez ser amigos no sería tan malo, de todos modos aún tenían años por delante. Por ahora tendría que estar conforme con lo que había logrado sin esperarlo, desearlo o buscarlo. Estaba seguro de que Bebe lo tomaba en cuenta, lo veía y por supuesto lo buscaba. Su semblante volvió a cambiar, echó a andar a su casa con una plena sonrisa en los labios, ahora podría cenar a gusto y los días volverían a tener la misma iluminación de siempre. Todo gracias a algo tan pequeño y que a muchos los hacía entristecer, era lo bueno de ser él.