◤París, 1920◢ ✧; @supernovasnrain
❝ꜱᴡᴇᴇᴛ ꜱᴡᴇᴇᴛ ʟɪᴛᴛʟᴇ ᴀɢᴏɴʏ
I ᴅᴏɴ·ᴛ ᴋɴᴏᴡ ᴊᴜꜱᴛ ᴡʜᴇʀᴇ ʏᴏᴜ·ᴠᴇ ʙᴇᴇɴ
Aʟʟ ᴛʜᴀᴛ ʏᴏᴜ ʜᴀᴠᴇ ғᴏʀ ᴍᴇ.
Iɴ ꜱɪɴ Wʜᴇʀᴇ ᴀʀᴇ ᴡᴇ ɢᴏɪɴɢ﹖❞
La última década de eterna vivencia fue la peor según su juicio. En ello reparó al abrir los ojos, dejando ante sí una nueva caminata en aquel llamado “jardín salvaje”, las penumbras de la noche en la que solo podría ejercer sus cautelosos movimientos como semejante a Caín, infame criatura que tan solo imitaba a los mortales por un codicioso fin.
No era la primera vez que imaginaba su muerte aunque a sí mismo se engañara; en lo absoluto pensaría obrar semejantes necedades que se remontaban a un suicidio en vano, como aquellos que a las llamas se entregaban con la finalidad de desvanecerse en la esencia de locura que los trajo a la inmortalidad. Simplemente, había obrado en descansar, un entierro voluntario en donde sus conexiones sobrenaturales se apagarían poco a poco, hasta solo avanzar en un vago sueño, una mímica a la muerte que acabaría en la necesidad de despertar por los cambios exteriores, tentadores en todas sus formas. Y al presentarse lo demás, de su sarcófago se alzó, dignándose a continuar la vida que pausó desesperadamente, como un fantasma más de sus recuerdos pasados, portando solo un anticuado traje cubierto por el polvo.
No obstante, sus pensamientos cambiarían, se percató de ello, en nada mostraba arrepentimiento al haber alejado las tentaciones del abandono definitivo, quizá rendirse con facilidad entraba en la lista de las cosas que más detestaba, aparte de un instrumento menospreciado, por supuesto. Estaba de vuelta.
Tras meditarlo una y otra vez en las entrañas de la tierra, regresó a regañadientes a una ubicación que, sorpresivamente aún le traía severos dolores de cabeza. Francia y sus calles rebosantes de repugnantes misterios, no tan diferentes a cuando había dejado su rastro por ellas. Trataba de evadirlo, al tener que cuidar su comportamiento al mezclarse entre las masas comunes. Nada más restaba para darse un buen festín que adentrarse en un gran evento social, una fiesta exagerada con tal de impresionar a cualquier ingenuo. Gracias a sus pocas ganas de restar en un lugar sofocante y de música de pésimo gusto, se coló al interior de la casa sin el más mínimo reparo, en la búsqueda de algún instrumento con el que pudiera acallar la irritante voz de su acompañante femenina y próxima víctima.
Todo terminó con unas amaestradas y plácidas notas de piano, unificadas en una sólida melodía que llenaba la fría estancia desolada. Una súbita caída, una tétrica pieza, un viejo reencuentro con la música que múltiples razones le daba y mientras, la canción se desarrollaba, los tormentos almacenados en su subconsciente se marchaban junto al alma de la mujer, que ahora yacía exánime ante los pies del vampiro, despojada de su único valor: su sangre, aquel elixir por el cual mataba tan afanadamente. Era solo él y el sonido, abstraído en una envolvente melodía que fin próximo no le veía cuando era más que notable la apasionada concentración reflejada en su faz, abstraído por cada nota. Era lo único que le quedaba al fin y nada podría hacer al respecto.