The White Stripes De Stijl Sympathy For The Record Industry, 2000 320 kbps. | 79 MB aprox.
Tras haber alcanzado a puro esfuerzo, vino tinto y sustancia, dedicación y compromiso un hito que nos puso muy contentos aquí cerca nomás, en la pasada semana, es hora de proseguir en la misión que nos reúne cada par de días en torno a algo de esa bellísima música que impacta en nuestros corazones con la potencia denodada de mil soles para quedarse allí y no irse nunca más, para alcanzarnos, golpearnos y cambiarnos la vida, para encontrarse con nosotros como si nunca hubiera sido de otro modo, como si aquellas canciones que se nos antojan tan geniales en un determinado momento hubiesen estado predeterminadas para nosotros desde algún tiempo lejano, desde algún momento del que no teníamos noción y sólo hubieran vuelto a aparecer para manifestar aquella predestinación y realizar la profecía, quedándose con nosotros para siempre. Tal fenómeno puede ser atribuido a toda rama del arte -el de hacernos sentir que hubo un continuo del espacio que desconocemos en el que una obra y nosotros coexistimos, y que se nos muestra toda vez que nos encontramos con aquel objeto de nuestra adoración- pero es en la música donde el primigenio impacto de dicha noción nos alcanza con más fuerza, nos pega en el centro del pecho, pues es (como ya hemos dicho alguna vez) un arte que aún permanece, tal es su mayor valor, vivo, cambiando, moviéndose y, a la vez, volviéndose eterno con ese mismo movimiento. Por eso es, justamente, que aquí le rendimos pleitesía, seguimos adorando y homenajeando justamente a aquellas músicas que tanto nos han movido, que nos han hecho estremecer y nos han generado disfrute cuando más lo necesitábamos; es decir, siempre. La vida es muy difícil de afrontar (lo dijo hasta un nihilista como Nietzsche, así que fíjense) sin las múltiples sensaciones que produce en nosotros la música, abarcativa, única, pluritexturada y cargada de tantos sentidos como personas existen, pues músicas diferentes generan en cada una de ellas un (o muchos) sentimiento(s) diferente(s), que son a su vez la expresión manifiesta de un inconsciente, una sensibilidad especial, particular, propia que es satisfecha a través de ciertas canciones. Queda en el escucha bucear para hallar cuáles son, justamente, los temas que pulsan esas imaginarias cuerdas que se esconden en lo más recóndito de sus mentes hasta hacerlas vibrar alegremente, sin pausa. Es responsabilidad de cada uno, por ende, hallar ese momento donde ya no hay vuelta atrás, donde la música se vuelve parte de nosotros para definirnos, para hacernos distintos, para cambiarnos y que nada vuelva a ser lo mismo. Para eso estamos aquí, empero, o por lo menos tal es el intento: ser intermediarios entre las músicas -que es lo que más nos gusta, claro, de allí semejantes parrafadas- y ustedes, y sus sentimientos, y la proverbial fibra íntima que al entrar en contacto con ellas se estremece y les muestra que eso que les ocurrió es porque hay una predestinación que existía desde tiempo atrás y en ese segundo se manifiesta, tal como dijimos al comienzo de estas palabras. Es por ello -amén de la fuerza siempre presente del providencial y querido capricho, que nos moviliza y nos lleva también a hacer lo que hacemos por aquí- que los álbumes aquí publicados datan de tiempos diversos, y muestran también maneras muy dispares de hacer las cosas; la enseñanza es que la música es tan variopinta como la vida misma y puede, también, mostrarse en maneras tan incontables como los sentimientos que su escucha puede generar. Aquí buscamos, con el carácter utópico que nos caracteriza, ser una síntesis de todas aquellas expresiones para que quien se encuentre (por casualidad, por recomendación, por búsqueda, cualesquiera sea su origen) con este humilde espacio se vea, de una forma u otra, representado por cuanto aquí se publica y halle una respuesta a su indagación, un remanso para su arrebolada ansiedad, una música que lo acompañe para siempre ya sea como novedad (que, por supuesto, es lo más deseable) o como recuerdo, como memoria de un viejo tiempo que vuelve a encontrarse de la manera más extraña con aquel que alguna vez lo ha vivido. Sabemos que en más de una ocasión lo hemos logrado y, por supuesto, dicha noción nos emociona y estremece, pues entendemos que es el vehículo para que las cosas sigan ocurriendo, para que ustedes, amigos queridos, sigan pasándose semanalmente por aquí a ver por qué lado disparó nuestra selección que, a la vez, también es la expresión de un inconsciente inquieto que busca cual adicto saciar sus sensaciones adquiriendo la mayor cantidad de nociones posibles de la plétora más expansiva de música que se pueda. Por supuesto que esta es una búsqueda que tampoco se detiene pues, como hemos dicho en más de una ocasión, por cada música que aparece existe una cantidad insondable que se nos sugiere, que nos expresa con su potencia que no puede estar ausente de las columnas que aquí componemos y que son (qué otra cosa si no) la exteriorización en forma de palabras de aquellos sentimientos nacidos en un tiempo desconocido y que afloran cuando escuchamos nuevamente -aunque sea por primera vez- las canciones que los hicieron aparecer, los temas que son predestinación, que son un encuentro con algo que nos preexiste, que no podemos definir y que por eso mismo saciamos a través de la propia música, como un bálsamo para todas esas cosas que no sabemos de la vida pero que toda vez que una fibra íntima nuestra se sacude como la cuerda de un piano entendemos como magia, como una de esas cosas que por sí sola parecen justificar toda nuestra existencia. La de la vida, digo, y la nuestra -la del blog- también, pues si somos el camino a través del que semejantes cuestiones aparecen y se manifiestan, es mucho más que un hecho simbólico, es un honor y una gran responsabilidad que afrontamos a través de la continuidad de nuestra tarea, que no se detiene ni detendrá pues aprendemos todos los días de su cabal importancia. Continuemos, entonces, en este viaje; acompáñennos, que aunque hallamos alcanzado un hito ese es apenas un hecho introductorio al próximo, al que está por llegar, al nuevo, al que queremos conocer, y la única manera de conocerlo será la de siempre: seguir adelante.
Y miren qué peculiarísimo álbum tenemos hoy para ustedes, queridos amigos. Vean nomás la imagen que acompaña estas palabras y ya se darán cuenta de lo que les decimos, conozcan -que es lo más seguro- o no a esos dos muchachos cuya torva y extraña mirada enfundada en blanquísimas vestiduras decora las columnas que le dedicaremos a sus canciones. ¿Qué son, qué representan asimismo esas formas geométricas que los flanquean, como una suerte de decoración pero, también, como una declaración de principios visuales, una intención estética? Pues son justamente aquellas figuras las que son definidas por el propio título del álbum, que es más que un título, pues es también él una proclama de intenciones, un contrato, una potente manera de resumir todo cuanto en él se halla manifestado. A comienzos del siglo pasado, ocurrían en todo el mundo dos sucesos paralelos. En primer término, arreciaba y arrasaba la primera guerra mundial, batalla global cuyas ramificaciones se harían sentir con dureza hasta bien entrada la centuria, con consecuencias nefastas para el nivel de vida y la economía de gran parte de los países, especialmente aquellos anclados en el continente europeo que sería el más afectado por los vericuetos de tan extenso conflicto. En segundo lugar, y quizás en un aspecto un poco menos global (pues no afectaba a toda la población mundial) pero no por ello menos importante, el mundo del arte se había partido en dos, había encontrado una corriente tan influyente que había destruido todo cuanto antes se conocía por manifestación artística cuestionándose los principios de creatividad, producción y hasta de consumo de una estructura hasta entonces bastante afecta al status quo, a la realización de un arte que le escapara al riesgo para satisfacer, apenas, a una elite afortunada. Aquella manera de hacer las cosas se originó principalmente en la siempre influyente ciudad de París, y se llamó impresionismo. La negativa de los impresionistas a seguir las reglas establecidas en términos de líneas, planos, colores y luminosidad, además de su revolucionario enfoque realista -que incluía, por ejemplo, la herejía de pintar paisajes desde los paisajes mismos, en lugar de recrearlos en el ascetismo de un estudio- hizo que esta corriente de artistas fuera vista como unos loquitos revolucionarios que venían a romper todo (?) causando sensaciones más bien diversas. La plana mayor del conservadurismo artístico, por supuesto, criticó y minimizó al impresionismo catalogándolo de semi-arte, calificándolo como el fruto de la alianza de pintores sin talento aparente con formas de componer deficientes y enfoques que realzaban realidades innecesarias, en lugar de ensalzar aquello que sí merecía ser visto: de allí que el primer suceso del impresionismo haya sido en un espacio llamado, justamente, Salon Des Refusés (Salón De Los Rechazados), poniendo a la vista de todos que obras como Le Dejéuner Sur L'Herbe -que mostraba una mujer desnuda en un picnic- de Manet no eran lo suficientemente sacras como para ser parte del loado Salon De Paris. Pero de allí en adelante, un grupo de subversivos (?) liderado por Monet y Renoir fundaría la Société Anonyme Coopérative Des Artistes (Sociedad Anónima Cooperativa De Artistas) y el impresionismo tendría su espacio propio, primero como movimiento alternativo, y ya hacia finales del siglo XIX, como nuevo fenómeno global. De aquel revolucionario enfoque, claro, nacieron una plétora de estilos que se planteaban como principio rector no respetar regla alguna los muy comunistas (?). Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que aquí nació el avant-garde, la negativa a las convenciones y fruición por la experimentación que aún hoy sigue brindándonos tantas alegrías. En particular, uno de los géneros que se desprendió del motor inicial del impresionismo con más fuerza individual fue esa combinación de arte primitivo con principios geométricos y colores enfocados hacia la abstracción y la universalidad que se llamó cubismo, haciendo explícita referencia a las formas que más explícitamente se muestran en las muchas obras que de tal etiqueta se desprendieron. El cubismo es, posiblemente, el movimiento artístico más influyente del siglo pasado, y como tal, su influjo se sintió a nivel global. Incluso en un país como Holanda, cuya neutralidad le costó ser aislado completamente del resto del mapa en tiempos de la primera guerra, lo hecho por los artistas cubistas fue tomado como referencia. Pese a no poder salir del país con posterioridad a 1914 (año de inicio de la guerra) pintores como Theo Van Doesburg reconocieron en el cubismo el camino a seguir, la nueva ola a la que había que subirse si se quería estar en la pomada (?). Pero como, justamente, no podían integrarse al panorama artístico global porque sus gobernantes eran unos tibios de mierda (?) los tulipanes tuvieron una mejor idea: hacer su propio movimiento. En realidad, todo nace de una iniciativa del propio Van Doesburg, que tras conocer al también pintor Piet Mondrian (que vivía en París pero no había podido regresar allí tras la guerra) y sus compañeros de comuna Bart Van Der Leck y M.H.J. Schoenmakers, decidió fundar una revista que contuviera los manifiestos estéticos de la ebullente comunidad artística holandesa. La llamó De Stijl, literalmente "el estilo", inspirado en una obra del arquitecto alemán Gottfried Semper, a quien se conocía por abogar en pos de la simpleza y la abstracción. Algo parecido profesaban los cultores del stijl holandés: su neoplasticismo implicaba una universalidad total mediante la reducción a formas esenciales: composiciones visuales apenas consistentes de direcciones verticales y horizontales y el uso únicamente de colores primarios para realizarlas. De allí lo que se ve en la tapa de este, el segundo álbum de los White Stripes de Detroit, que ya desde su título, De Stijl, homenajea al movimiento al tiempo en que le dedica, en las notas del álbum, las músicas allí contenidas al diseñador Gerrit Rietveld, uno de los tantos en tomar la influencia pictórica del de stijl y llevarla a otros campos, en particular al diseño de mobiliarios y la arquitectura. Pero hay mucho más que apenas un homenaje visual, porque la música de los White Stripes es, también, un manifiesto por el regreso a lo esencial: angulares baterías, distorsionadas guitarras cantan un rock garagero con evidentes reminiscencias del iniciático blues del Delta (no por nada la otra dedicatoria es al icónico Blind Willie McTell, uno de sus primeros héroes) donde lo que importa lejos está de ser la sofisticación sino la fuerza, la potencia, aquella sinceridad que sólo puede obtenerse de lo que está irredentamente vivo, con sus imperfecciones evidentes y su pasión todavía más visible. De Stijl (el álbum) es, a su manera, también un manifiesto: el de los hermanos (pareja) Jack y Meg White en la búsqueda de sentido para un rock que había perdido, fagocitado por el sistema, su rabia inicial y debía, ahora, encontrarla. En la simplicidad, en despojarse de los atavíos, las innecesarias decoraciones, está entonces -como bien se nota en las canciones aquí contenidas- esa furia, en tocar la música como debe ser tocada: con fuerza y error, con desprolijidad y compromiso.
Con vida, vida bien primal.












