Pasta con atún
Recuerdo que lo hablamos muchas veces, dijimos que ibas a tomarnos el tiempo de escribir una carta para despedirnos.
Un hombre llamo a mi celular y dijo que habías muerto, me dio la dirección del hospital donde estabas y también me indico que no había mucho tiempo, que debía ir de inmediato al hospital para firmar algunos papeles. Ese día yo había regresado temprano del trabajo, no me sentía muy bien y decidí que lo que necesitaba era dormir un rato, la noche anterior había sido realmente agotadora, estuvimos despiertos todo el tiempo, bueno, yo te obligue a estar despierto, por que el malestar era algo intenso.
Me quede mirando el celular por unos segundos, tuve que sentarme de inmediato, respire de manera consciente por un momento, no quise llorar, no pude llorar, mi mente estaba tan ocupada tratando de buscar una imagen de cada una de las partes de tu rostro; me acorde de cuando nos despedimos esta mañana, de cuando hice un comentario tonto y antes de que cerraras la puerta quedo el sonido de un pedazo de tu sonrisa dentro del apartamento.
Yo camine despacio hasta la habitación, tome mi chaqueta, vi tu foto en el mueble al final de la cama, intente decirte algo, de mirarte a los ojos y decirte algo, pero solo me quedaba este silencio absurdo.
Llegue a la ventanilla del hospital y pronuncie tu nombre, eso me dolió profundamente, unas cuantas lagrimas salieron de mi, yo limpie mis ojos con el largo de mi camisa azul; el hombre que hablo conmigo me llevo por un pasillo, mientras me explicaba que debía firmar los papeles de una carpeta blanca que llevaba en sus manos, había mucho ruido ese día en el hospital o tal vez yo lo sentí de ese modo. El hombre me indico la puerta de la habitación donde estabas, por último el hombre me recordó su nombre y me hizo saber que si necesitaba algo lo contactará con alguna enfermera.
No pude entrar al primer intento, me recosté contra la pared y me alivio un poco sentir algo de frío en mi espalda, no sabía que debía decirte. Alguien que paso me pregunto si yo estaba bien, yo recompuse mi postura y le di gracias por preguntar, fue la señal para verte. Tu tenías los ojos cerrados, tu no me saludaste, te mire desde la puerta, sin moverme, yo te salude, en voz baja, muy baja, te dije hola, di unos cuantos pasos y temblando toque tu mano derecha, la sentí tan débil, tan extraña; te conté que el señor del taxi que me trajo a verte quiso coquetear conmigo, te conté que lo único que quería era llegar a dormir, luego esperarte para comer pasta con atún y luego volver a la cama, te conté que me acorde del sonido de tu sonrisa esta mañana.
Levante la mirada y te vi tan lejos de mi, yo moví tu brazo derecho, te acomode un poco, me acosté junto a ti, saque los audífonos de mi chaqueta, escuchamos la misma canción una y otra vez, yo cantaba en voz alta, no demasiado fuerte para no llamar la atención, cruce mi mano sobre tu estomago, la misma canción siguió sonando hasta que yo me quede dormida.


















