Quiero contarte acerca del bosque que recorrí la noche anterior.
Todo comenzó sobre un pequeño carro rojo de tres ruedas, debo decirte que la velocidad no era su problema, es maravilloso como el movimiento desfigura el color de las cosas, pero creo que de eso podemos hablar luego.
Rápidamente nos sumergimos en el bosque, mientras el sol se apagaba detrás de nosotros, era la primera vez que estaba en medio de los árboles cuando la noche se acercaba. (Yo no estaba muy emocionada por esa escena que se acercaba)
De pronto el carro rojo dejo de ir tan deprisa, sus tres ruedas se movían lentamente, casi queriendo imitar el movimiento de las ramas de los árboles, cada vez que una suave brisa nos acariciaba.
Al llegar junto a un árbol gigantesco, cuyas raíces formaban algo muy similar a cuerpos de personas arrastrándose intentando huir del suelo, el paseo en tres ruedas termino, mi amigo Manuel me indico que debíamos continuar con nuestro recorrido a pie, un paso a la vez, teniendo mucho cuidado de perturbar a nadie, aunque era evidente de que todos los parecían advertir nuestra presencia.
Mientras caminábamos Manuel me contó que ese día completaba su recorrido número 500 por aquel bosque, llevaba varios años siendo el guía del lugar, el decía que a veces se sentía bienvenido, visitas en las que no se sentía como un extraño, tenía la fuerte sensación de que allí lo extrañaban de que alguien esperaba verle.
De todas la veces que visito el lugar, n pudo evitar hacer algunos amigos, de hecho tiene cinco amigos árboles, a quienes se tomo el trabajo de renombrar para no olvidarlos, Azul, Pedro (El nombre de su abuelo), Esperanza, Libertad y el último de sus amigos, Miedo; en su maleta llevaba cinco libretas con cada uno de sus nombres, donde guardaba las conversaciones que había tenido con cada uno de los árboles.
El me prometió que durante los próximos cinco días de nuestro viaje, iba a compartir conmigo algunos de sus pequeños diarios, de sus breves conversaciones con los árboles.
Llegamos a una casa de madera de una habitación y un baño, el me indico que allí dormiríamos cada noche, yo asentí y no quise preguntar nada más, solo que recosté sobre la cama y me dormí pensando en como inicias una conversación con un tronco, en fin de cuentas yo solo venía a tomar unas cuantas fotografías para un artículo que estaba escribiendo.
A la mañana siguiente, me llevo a conocer a sus cinco amigos, ciertamente eran mas extraordinarios de lo que esperaba y con cada uno de ellos compartimos cinco minutos de silencio, de espera.
Manuel me enseño de manera precisa el recorrido que debía tomar para llegar a ellos, pues el aseguraba que los árboles, preferían conversar con una persona a la vez, así que si quería preguntarles cualquier cosa, los días restantes tomaríamos turnos para conversar con ellos, sin importar que yo seguía sin entender la mayoría de cosas al respecto, pero esa era el compromiso que yo había aceptado para poder tomar algunas fotografías.
Antes de empezar los recorridos y al despedirnos para dormir, Manuel dijo que hacia falta algo por resolver, el coloco los cinco diarios sobre mi cama: Azul, Pedro, Esperanza, Libertad y Miedo, era el momento de elegir.
Por alguna extraña razón yo termine por elegir a Miedo, que hacia parte de la variedad de árboles mas pequeños del bosque, pero durante la noche me pareció tan abrumador, casi me inmovilizaba.
MIEDO
Conversación # 1
Mi nombre es Manuel y tengo 27 años, vivo muy lejos de aquí, esta es la primera vez que voy a dormir solo aquí, así que necesito un amigo.Bien voy a decirte tres cosas sobre mi, que estoy seguro que solo ciertos amigos cercanos conocen, tres cosas que me es difícil compartir con extraños.