Viajando a la zona maya en auto, pt. 3. Peor es Nada, Campeche
Después de salir de Morelia, regresamos a Xpujil y luego nos dirigimos hacia Hopelchén. Nuestro siguiente destino era Peor es Nada, uno de los sitios que había visitado muy recientemente cuando tuve un mes de estancia en Campeche. Parecía que sería una visita muy sencilla pero las condiciones habían cambiado completamente en unos meses y no fue nada fácil.
La primera dificultad fue que el camino de entrada estaba en malas condiciones y no pudimos llegar hasta donde dejamos el auto anteriormente, así que tuvimos que estacionarlo a la orilla del camino; recordé lo difícil y traicionero que había sido el terreno y de inmediato tomé una botella de agua para llevarla al recorrido, pero en algún momento se me perdió, haciendo que sufriera de sed casi todo el tiempo.
Decidimos dejar nuevamente la estructura V (la única fácil) para el final, así que nos dirigimos al sur para buscar las demás. Yo ya sabía que me había faltado encontrar la estructura I y mi intención era ubicarla. Si en julio habíamos tenido problemas por la cantidad de senderos que se cruzaban entre sí y se adentraban en la selva, ahora el problema era completamente diferente: la vegetación había crecido tanto que era casi imposible seguir algún camino; tuve que guiarme exclusivamente con la brújula y el gps del celular. En mi primera visita cometimos el error de alejarnos mucho hacia el este, ahora fallamos por meternos más hacia el oeste. Parecía que se repetía la misma pesadilla de meses antes.
Por horas estuvimos caminando y cortando nuestro camino con los machetes pero sólo encontrábamos montículos sin arquitectura expuesta; luego de un buen rato me convencí de que habíamos avanzado demasiado y que debíamos regresar, así que describimos un arco que nos hizo pasar por áreas sumamente complicadas de chapear. Otra vez consideraba marcharnos sin haber encontrado nada y ya estaba en el proceso de regresar a la brecha que nosotros mismos habíamos abierto para poder salir con mayor facilidad cuando de pronto nos encontramos con la inmensa mole de la estructura IV, con su crestería, la cual fue la misma que encontramos en julio cuando yo ya me había rendido también. Mi reacción fue arrojar mi machete hacia el talud y maldecir los terribles trabajos que encontrar esa estructura me había provocado ya en dos ocasiones.
Me encontraba ya tan cansado y la maleza estaba tan crecida que decidí no tomar fotografías, las imágenes serían muy inferiores a las que había tomado en julio, cuando todo estaba despejado. Con mis últimas fuerzas del día decidí dejar a Ernesto y a Carlos documentando mientras yo me dirigía a las otras estructuras que había ubicado antes (ahora sabía que eran las II y III). Así llegué al punto más al sur en el que había estado anteriormente y me decidí a buscar la estructura faltante. Subí al edificio II, que alguna vez tuvo columnas pero que ahora ya no muestra nada en pie, y del otro lado vi un espacio abierto a la misma altura de la plaza donde estaban los otros edificios, eso me indicó que de ese lado debía continuar el conjunto arquitectónico, ya que el nivel no descendía tanto como en las áreas no construidas; pude distinguir un sendero que cruzaba el área y luego de caminar por él por 20 o 30 metros vi al frente una enorme torre cuyo gris intenso contrastaba magníficamente con el verde de la vegetación. Sin duda era la gran estructura I, la cual tiene dos torres al estilo Río Bec.
No quise seguir adelante todavía y regresé por mis compañeros, las condiciones me hicieron perder el sendero y terminé llegando hasta ellos por otro punto, algo que volvió a pasar cuando los tres nos dirigimos al edificio que acababa de encontrar. La vegetación estaba tan cerrada que fue imposible rodear la estructura para ver más detalles, así que nos quedamos únicamente con la torre que podíamos ver frente a nosotros, subimos por un sendero muy resbaloso y complicado hasta un punto donde encontramos un pasaje interno y seguimos hasta poder ver la otra torre detrás de un manto vegetal imposible de cruzar sin un esfuerzo tremendo. Ya ninguno de nosotros estaba dispuesto a intentar abrirse paso así que desde ahí emprendimos el regreso.
Al final emprendimos la corta caminata a la estructura V, donde únicamente tomé una fotografía, y luego regresamos al auto; yo estaba tan cansado y deshidratado que Carlos prefirió manejar de regreso a Xpujil en mi lugar. Cuando llegamos hasta ahí nos estacionamos cerca de la terminal de autobuses y vimos a nuestro amigo Stephan Merk caminando del otro lado de la carretera. Lo saludamos y nos sorprendimos al saber que él también había estado en Peor es Nada tan solo unas horas antes que nosotros, aunque su recorrido fue mucho más fácil pues dio con el camino correcto desde un principio, algo que nosotros no pudimos hacer, la diferencia fueron muchos años de experiencia y un poco de buena suerte.
Nuestro día terminó con una cena con Stephan y Eduardo, quien llegó horas más tarde desde Chetumal.












