Lecciones que vienen del cielo #3, día 266.
Cuando volteé la cara me di cuenta que había fallado, una vez más me había equivocado. Y con esa equivocación estaba llegando al fondo izquierdo de mi crisis. No sabía qué hacer realmente. Me sentí perdida de nuevo. Pero estaba sintiendo algo. Algo que era real, dolor; por darme cuenta todo lo que había dicho cuando respondí al insulto humano, pero no me sentí bien con eso, me sentí mal, verdaderamente mal.
No había perdonado, pensé. Más tarde, comprendiéndolo todo, Dios confirmó mis sospechas. Me llevaba a conocer la raíz de amargura que tanto molestaba mi existencia en este planeta tierra.
Comencé a pedirle a Dios que me perdonara, que me cambiara, y me ayudara con todo ese dolor que durante años había cargado.
Yo en verdad amaba a Dios desde entonces, pero necesitaba aprender a ser más como él, y tener menos de mi, en sí.
Amor, fue la respuesta a mi oración. Perdón, fue el acto seguido.
Porque crear la paz no era solamente una postura que tenía que comenzar por tomar, preferir la paz para mí y los demás estaba siendo entonces, una verdadera revolución a mis instintos... apacentar sus ovejas {Juan 21:15-17} ¡por fin había entendido!
Mensaje:
*Cuídense unos a otros para que ninguno de ustedes deje de recibir la Gracia de Dios. Tengan cuidado de que no brote ninguna raíz venenosa de amargura, la cual los trastorna a ustedes y envenena a muchos.*
Hebreos 12:15 (NTV)












