Permanece fiel.
Lecturas del día (04-ago-2020): Jr 30, 1-2.12-15.18-22 / Sal 102[101], 16-18.19-21.29 22-23 (R. cf. 17) / Mt 15, 1-2.10-14.
«No mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre» (Mt 15, 10)
En el evangelio de hoy, Jesús nuevamente manifiesta que, los ritos y tradiciones de la época, defendidos fehacientemente por los Fariseos, no tienen ningún sentido si en el corazón del hombre no está sembrada la buena semilla que brota de la Palabra de Dios. Los Fariseos vieron a Jesús como hombre (carne) pero no supieron reconocer su divinidad, por causa de su ceguera espiritual.
De nada sirve al hombre seguir las tradiciones cristianas, si en su corazón no se ha producido el cambio esperado por Dios, así, ciertamente lo que sale de la boca del hombre puede llegar a determinar su grado de fe y de entendimiento de las cosas sagradas.
De nuestra boca pueden salir palabras de bendición, pero también palabras de maldición; con nuestras palabras podemos construir o destruir, bien lo dijo Santiago en su carta, «la lengua es una parte muy pequeña del cuerpo, pero se cree capaz de grandes cosas» (St 3, 5).
Así, hoy reiteramos lo que hemos reflexionado muchas veces, Dios no quiere cristianos hipócritas, esos que participan de los ritos propios del catolicismo, esos que creen que por asistir a la Eucaristía o a un retiro espiritual, son mejores que otros, esos que por un lado alaban a Dios y por el otro maldicen a su hermano, olvidando que todos fuimos creados a imagen y semejanza de nuestro Señor.
Cuanta ceguera espiritual reside en aquellos que ven a Dios Padre, como forma y no como esencia, aquellos que no han descubierto que no hay ofrenda más agradable a Dios que un corazón humilde, que se deja guiar por el Santo Espíritu, ese que no se perturba ante las cosas del mundo porque entiende que su recompensa está por encima de los bienes materiales, ese que permanece fiel en los momentos de prueba y dificultad, ese que busca afanosamente encontrarse con la Palabra de su Señor. ¡De este corazón solo puede salir amor y bondad!
Hoy vayamos en oración con Jesús a lo más profundo de nuestro ser y desatemos las maldiciones que enviamos a todas las personas que criticamos o juzgamos, aprovechemos la Eucaristía no para cumplir con un precepto, sino para bendecir a los que hemos ofendido a través de nuestra palabras, pidamos al Señor que cada día limpie nuestro corazón de la maleza, para que seamos guías en nuestra familia y en nuestro medio social, recordemos que la planta que no da buen fruto es arrancada de raíz y echada al fuego.
Por: Andrea Lasso Guerra, Pastoral Provida Parroquia Inmaculado Corazón de María, Barranquilla – Colombia.
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