"Vemos el sentido del argumento de Aristóteles: lo que él niega no es la existencia de seres eternos, sino sólo que esos seres eternos sean la esencia de los seres sensibles, o, lo que viene a ser lo mismo, que se tome por eterno lo que no es sino lo sensible hipostasiado, revestido meramente —en virtud de un irrisorio artificio verbal— del epíteto 'por sí'. Aristóteles no niega que existan seres por sí, sino sólo que esos seres 'por sí' sean la realidad del mundo sensible; no hay en otro mundo un Hombre en sí, que, salvo la eternidad, 'sería el mismo', como expresamente dice Aristóteles, que nosotros, hombres perecederos. Hay, de un lado, hombres; de otro, acaso Ideas, o al menos realidades que conservarán en Aristóteles los mismos caracteres que las Ideas platónicas; pero ninguna de esas Ideas será nunca Idea de esos hombres. Si Aristóteles ve en la trascendencia platónica una duplicación a la vez inútil e ilusoria, acaso no lo hace tanta por rehusar la trascendencia como por tomársela en serio: los dioses no son hombres eternos, sino dioses; lo divino no es más que divino."
Pierre Aubenque El Problema del Ser en Aristóteles













